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06 de mayo, 2020

Vivir en emergencia: Don Bosco en Sierra Leona

En uno de los países más pobres del mundo, en medio de la pandemia los salesianos rescatan a chicos y chicas de la calle y de la prostitución

Sierra Leona es uno de los países más pobres del mundo. La mayoría de la gente vive con menos de un dólar y medio al día. La esperanza de vida es de 50 años para las mujeres y 47 para los hombres. Y como en muchos países de África, la mayor parte de la población son niños y jóvenes. Entonces, allí están los salesianos.

Jorge Crisafulli es argentino y misionero salesiano. Desde 2003 cumple distintos servicios en los países de África occidental. Y en 2016 fue nombrado director de la obra salesiana Don Bosco Fambul de Freetown: “Es muy reconocida por la gente. Saben que estamos haciendo una obra muy importante, que ni el gobierno ni otras organizaciones pueden hacer”


En Argentina hay mucha preocupación por cómo la cuarentena complica la situación social de muchísimas familias. ¿Cómo es esa realidad en Sierra Leona?

Aquí la gente gana lo que come en el día. No pueden hacer una cuarentena muy larga porque morirían de hambre en las casas. Con los puertos cerrados por la cuarentena, la entrada de comida también se ha cerrado. El gobierno ha tratado de llevar calma, avisando que hasta septiembre tiene alimentos. Le tengo más miedo a un estallido social, sobre todo de los miles de chicos y jóvenes que están en la calle, que al virus.

Lo que hemos tratado de hacer es proteger a los chicos. Hemos construido una nueva obra salesiana en las afueras de la ciudad, en un lugar muy bonito. Entonces habilitamos dos de esos hogares: el de las menores en prostitución y el de las menores abusadas, y trasladamos allí a todas ellas.

Son 43 niñas que salieron de la prostitución, con cien bebés nacidos de esa actividad, y 60 que han sufrido abuso en otro hogar, con unos once bebés. Son chicas que han sido tratadas con crueldad, traficadas, abusadas a edades tempranas, o que han sufrido mutilación genital. 

Todas esas personas acuden a Don Bosco. Y nosotros con nuestro equipo legal tratamos de aprehender a los abusadores, llevarlos a la policía, de ahí a juicio y del juicio a la cárcel. 


¿Qué otras acciones realiza la obra salesiana en Freetown?

La guerra civil en Sierra Leona empezó en 1991 y terminó en 2002 con la intervención de las Naciones Unidas. Cuatro años antes surgió esta casa en el centro de la ciudad. Se atendió primero a las niñas y a los niños soldado. Y cuando terminó la guerra, se fue transformando en un programa para niños de la calle.

En 2010 abrimos una línea telefónica para niños y niñas en situación de crisis que funciona las 24 horas. Recibe unas 600 llamadas por semana. Es una especie de “central” donde todos los programas se unifican.

Tenemos un programa que se llama Don Bosco móvil, un autobús adaptado con cocina, enfermería y un aula, donde se brinda comida y atención médica. En el autobús se hace el test del VIH, de la hepatitis B, de malaria y de embarazo para las chicas en prostitución. Es una forma de estar allí donde los chicos viven, trabajan, duermen y también, lamentablemente, mueren. 

El último programa que tenemos se llama Esperanza+. Ofrece educación y formación profesional a niñas que viven en situación de prostitución. Cada año le ofrecemos a 300 chicas menores de 18 años la posibilidad de dejar ese trabajo que destruye su dignidad, ir a la escuela y tener formación profesional. Es muy riesgoso lo que están haciendo: por medio dólar con protección, o por un dólar sin preservativo, en un país con altísimas tasas de infección de SIDA y Hepatitis B. Hacemos todo lo posible, pero para muchas es el único camino para comer algo diariamente. 


Frente a tantas emergencias, ¿queda tiempo para hablar de Dios?

Para el gobierno somos una ONG, pero somos mucho más que eso. Aunque este país sea mayormente musulmán, hacemos una propuesta religiosa. 

Siempre les decimos a los chicos de la calle que Dios los ha creado, que los ama y que cuida de ellos. Me acuerdo una vez que, en unas “Buenas noches”, un chico de la calle se acercó y me dijo que nunca en su vida nadie le había dicho que Dios lo amaba y que cuidaba de él. Que él pensaba que Dios estaba enojado y se había olvidado de él, por estar en la calle y por robar.

Qué importante decirle a los chicos que Dios los ama por lo que son. Que cualquier niño que nace en este bendito mundo tiene derecho a tener una casa, a poder jugar, a ir a la escuela. A tener acceso a cuidado médico, a estar contento, a vivir en paz. Esto es lo que les decimos y lo que transmitimos. Por eso somos Salesianos de Don Bosco: sabemos que Dios no tiene manos, nos tiene a nosotros. 

La gran cantidad de niños y de jóvenes que tiene África no la tiene ninguna parte del mundo. Cualquiera que quiera venir a dar una mano después del coronavirus, no se olviden que África también existe. Dios necesita muchas manos, muchas piernas y muchas corazones.


Podés encontrar la nota completa en el sitio web del Boletín Salesiano, la revista de los amigos de Don Bosco en Argentina: www.boletinsalesiano.com.ar