La Palabra me dice
¡Todo lo que contenía el corazón de María, la madre de Jesús! ¡Madre de Dios! Su existencia estuvo marcada por la preferencia de Dios. Papá Joaquín y mamá Ana la consagraron desde chiquita para que sea toda de Dios. Su prometido José la cuidó amorosamente con la lealtad de conservar un tesoro valiosísimo para toda la humanidad. Después José llevó a Jesús y a María para Egipto para salvarlos de la opresión de un egoísta con poder (son siempre de esa calaña) y los condujo a Nazaret para construirles un hogar con sus propias manos, con su trabajo docente a su hijo y su amor incondicional a su bella mujer. Y María guardaba todo esto en su corazón…y más, mucho más. Hasta la cruz de su Hijo, la venida del Espíritu Santo, la muerte de su esposo José. Después comenzó a colocar en su corazón los nombres de sus hijas e hijos espirituales… Hoy celebramos el Corazón Inmaculado de María y allí estamos nosotros. Todos nosotros, sus hijas y sus hijos.
Con corazón salesiano
En la experiencia espiritual y pastoral de Don Bosco, el corazón de María no es solo una imagen devocional, sino una presencia viva, cercana y operante en la vida de los jóvenes y de la Iglesia. Para él, María —especialmente como Auxiliadora— tiene un corazón profundamente materno, que se expresa en tres actitudes fundamentales: 1. Un corazón que ama y forma. Don Bosco veía en María el modelo perfecto de educadora. Así como ella formó el corazón de Jesús, también forma el corazón de los jóvenes con dulzura y firmeza, al estilo de Mamá Margarita. Su amor no es débil: es un amor que educa, que corrige con ternura y que acompaña con paciencia. 2. Un corazón que cuida y acompaña. En la predicación de Don Bosco, María Auxiliadora es aquella que interviene en la vida cotidiana, que protege, guía y sostiene. 3. Un corazón que conduce a Dios. El corazón de María nunca se queda en sí mismo: todo en ella lleva a Jesús. La espiritualidad salesiana, profundamente cristocéntrica, encuentra en María un camino sencillo y cercano para llegar a Dios. Como expresa la espiritualidad juvenil salesiana, el amor a Dios y al prójimo se unen en una misma experiencia de vida. Y María es puente vivo de esa unión.
A la Palabra, le digo
“María, madre de Jesús y madre nuestra, enséñanos a vivir con un corazón como el tuyo: lleno de amor, cercanía y alegría. Guíanos siempre hacia Jesús. Amén”.
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