La Palabra me dice
Los textos del evangelio de hoy (Mc 3,7-12) son un resumen de la actividad de Jesús y acentúan un enorme contraste. Un poco antes, en Mc 2,1 hasta 3,6, se habla sólo de conflictos, inclusive del conflicto de vida y muerte entre Jesús y las autoridades civiles y religiosas de la Galilea (Mc 3,1-6). Y aquí en el resumen, parece lo contrario: un movimiento popular inmenso, mayor que el movimiento de Juan Bautista, porque llegaba gente no sólo de Galilea, sino también de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de Tiro y de Sidón para encontrarse con Jesús (Mc 3,7-12). Todos quieren verle y tocarle. Es tanta gente y hasta Jesús queda preocupado. Corre el peligro de ser aplastado por la gente. Por eso, pide a los discípulos que tengan a disposición una barca para que la multitud no lo aplastara. Y desde la barca hablaba a la multitud. Eran sobre todo excluidos y marginados que venían a él para que los sanara de sus males: los enfermos y los poseídos. Estos que no eran acogidos en la convivencia social de la sociedad de la época, son ahora acogidos por Jesús. He aquí el contraste: por un lado el liderazgo religioso y civil que decide matar a Jesús (Mc 3,6); por el otro un movimiento popular inmenso que busca en Jesús la salvación. Los espíritus impuros y Jesús. La insistencia de Marcos en la expulsión de los demonios es muy grande. El primer milagro de Jesús es la expulsión de un demonio (Mc 1,25). El primer impacto que Jesús causa en la gente es por causa de la expulsión de los demonios (Mc 1,27). Una de las principales causas del enfrentamiento de Jesús con los escribas es la expulsión de los demonios (Mc 3,22). El primer poder que los apóstoles van a recibir cuando son enviados en misión, es el poder de expulsar los demonios (Mc 6,7). La primera señal que acompaña el anuncio de la resurrección es la expulsión de los demonios (Mc 16,17). En el tiempo de Marcos, el miedo a los demonios iba en aumento. Algunas religiones, en vez de liberar a la gente, alimentaban el miedo y la angustia. Uno de los objetivos de la Buena Nueva de Jesús era ayudar a la gente a que se liberara de este miedo. La llegada del Reino de Dios significó la llegada de un poder más fuerte. Jesús es "el hombre más fuerte" que llegó para someter el poder del mal, y sustraer de sus garras a la humanidad presa del miedo (Mc 3,27). Lo que Marcos quiere decirnos es lo siguiente: "A los cristianos está prohibido tener miedo al mal!" Después de que Jesús resucitó, es una manía y falta de fe hacer referencia a todas horas a Satanás, como si él tuviera algún poder sobre nosotros. Insistir en el peligro de los demonios para llamar a la gente a que vaya a las iglesias, es desconocer la Buena Nueva del Reino. ¡Es falta de fe en la resurrección de Jesús!
Con corazón salesiano
Don Bosco encuentra su fuerza para emprender actividades que parecen imposibles, basado en la fe en el Señor Resucitado, y en que Dios quiere que los jóvenes vivan bien. Al final de sus días, dirá: "si hubiera tenido un poco más de fe, se habría podido hacer mucho más". Es lo propio de quien se siente apasionado por la causa del Reino. Laura Vicuña, de quien hoy recordamos su memoria, tampoco se quedó sumisa con las condiciones contrarias al Evangelio que le tocó vivir con su madre y en la casa donde vivían. Por más que tal vez su situación se volviera más cómoda, y más segura, fue más fuerte en ella el amor sentido de Dios en sí misma que le exigía vivir como una auténtica discípula, y procurar que su madre también lo hiciera.
A la Palabra, le digo
Ayudanos, Señor, a vivir como discípulos del Resucitado. A vivir confiados en que la vida triunfa sobre la muerte, en que el mal es vencido a fuerza de bien, y no tanto en denuncias o temores, sino en el accionar cotidiano y casi silencioso de la semilla que crece, que se juega limpia por los valores del Reino.
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