Evangelio del Dia

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Sábado 18 de Julio de 2026

Mt. 12, 14-21

En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él. Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:

«Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.»

La Palabra me dice


Hoy como ayer, frente a la verdad, al bien, se separan los caminos. Frente al obrar de Jesús, algunos reaccionan tramando su muerte. Otros lo siguen reconociendo en él, la presencia liberadora de Dios. Es el camino de quien se descubre pobre, limitado y por lo tanto se abre a Jesús, que camina y pasa haciendo el bien. Su mesianismo dista mucho de los que buscan y quieren, que todo gire alrededor de ellos. Jesús nos busca ni necesita, espectacularidad, como tantas veces la mundanidad espiritual, nos aleja del camino de seguimiento de Jesús. 

Es desde el servicio abandonado a las manos del Padre, y bajo la unción del Espíritu, que Jesús realiza la gran misión de la salvación. Ser discípulo de Jesús es recorrer el camino de la entrega, gratuita y generosa por el bien del prójimo.


Con corazón salesiano


En 1967 visita la Patagonia un superior venido desde Roma, P. Don Rosalío Castillo, que llegará a ser cardenal de la Iglesia. Hablando con el director de la comunidad, P. Mario Sandrone, le insistió en establecer el horario para la conferencia de la visita extraordinaria, de manera que todos los salesianos pudieran estar y participar. El P. Sandrone fijó la hora y la comunicó a sus hermanos. Pero también advirtió al P. Castillo que podía suceder que el P. Juan Bertolone, no llegara a tiempo, ya que él estaba siempre muy tironeado por las necesidades de los fieles y no era muy ordenado en sus horarios. Efectivamente, a la hora fijada, el P. Juan no se presentó.

A la mañana siguiente fue a saludar a Don Castillo con la simplicidad y el candor que le eran habituales. Don Castillo lo miró severamente y le preguntó por qué motivo no se había presentado a la conferencia, subrayando la importancia de su gesto y amonestándolo por sus reiteradas desobediencias con el orden estructural de la vida comunitaria. El P. Juan escuchó a Don Castillo con humildad e inclinó la cabeza como acto penitencial. Enseguida después contó a Don Castillo lo que había sucedido: mientras estaba en el barrio, llegó una familia que no tenía qué comer y tampoco un lugar donde pasar la noche. Para colmo, uno de sus niños estaba enfermo. Comenzó entonces a buscar lo necesario para que pudieran tener alimento y alojamiento. Pero todas estas averiguaciones le llevaron tiempo y cuando terminó de procurarles lo que necesitaban, ya estaba amaneciendo. Mientras el P. Juan relataba lo sucedido, el P. Castillo iba bajando la cabeza en actitud reflexiva y, después de haber escuchado la aventura del P. Juan, una entre tantas, exclamó: “Me has conmovido. Que el Señor siga bendiciéndote, querido hermano”.


A la Palabra, le digo


ORACIÓN DEL PADRE JUAN BERTOLONE SDB.

“Enfermo en cualquier hospital; muerto en cualquier cajón; vivo en cualquier rincón, sin nada; con un breviario o un rosario. Es por Tí Señor, para seguirte de cerca. Es por ellos, los pobres, para salvarlos. Es por tu Iglesia, que se renueva en el sacrificio de tus hijos. Amén”.