La Palabra me dice
Jesús habla sobre la riqueza y las dificultades que ésta trae para entrar al Reino de los Cielos. Sin decirlo marca un camino de pobreza, de despojarse, de humildad y sencillez, que es un camino más duro, para tener acceso a ese lugar privilegiado en su presencia. ¿Qué importancia le doy a los bienes materiales? ¿Podría prescindir de ellos? ¿De algunos? ¿Qué cosas son las que me motivan a vivir? ¿Con qué cosas sueño? ¿En cuánto puedo ceder mi comodidad? ¿He hecho algún renunciamiento, alguna entrega, algún desprendimiento por causa del Señor? ¿Qué recibí? ¿Me inquieta estar entre los primeros? Y estar entre los últimos... ¿qué me genera? ¿De qué tengo lleno el corazón? ¿De lo que tengo? ¿De lo que gané? ¿De lo que no tengo? ¿De lo que perdí? ¿De Dios?
Con corazón salesiano
Don Bosco supo cómo hacerse último, pudiendo hacer valer su prestigio, sus amistades, sus influencias, para ser primero socialmente. Supo cómo poner sus necesidades en el último lugar, anteponiendo las necesidades de sus chicos. Supo hacerse último siendo el primero en levantarse y el último en acostarse para servir a quienes tenía a su cuidado. Dejó para el último lugar su hambre, su sueño, sus dolencias físicas. Y cuando ya todo lo había hecho, aún continuaba en actividad, en oración intercediendo por tantas situaciones de pobrezas, de tristezas, de orfandad. Supo ver cuál era el camino difícil, y lo eligió. Así, haciéndose cada vez más y más pequeño no sólo construyó su camino de salvación y salvación de mucho, sino que paso a paso dejó tras de sí su huella de santidad.
A la Palabra, le digo
Señor, te pido me ayudes a ganar un corazón desprendido, desacomodado, servicial... te pido me des la gracia de poder vaciar mi corazón y a hacer lugar allí para que seas vos el que la habites, hacete centro y señor de mi vida. Vaciame de los bienes a los que me he aferrado, y de los bines que de manera insistente quiero lograr... Todo me lo diste vos, en tus manos los vuelvo a poner, y obrá vos Señor, obrá de la manera que vos sabés que es mejor para mí. Aunque no lo pueda entender, dame la gracia de la fe y de la esperanza y obrá vos Señor. |