La Palabra me dice
La atención necesaria que le prestamos a nuestra vida y a la vida de los demás se manifiesta en el servicio. Nuestra vocación cristiana es una misión. Cuando Jesús nos relata esta parábola, nos está recordando que lo que hacemos no debe tener la carga del control sino la frescura de la libertad. Somos libres haciéndonos responsables de nuestras tareas, personas que no buscan una recompensa ni un premio extra ¡Es lo que somos! ¡Es lo que tenemos que hacer! El clima sobrecargado de éxito que nos rodea en la sociedad nos lleva a preocuparnos de las apariencias, diría Jorge Luis Borges, “de la gráfica”, de aquello que se ve, de aquello que aparece. Estamos pendientes de ese reconocimiento. Pero el Evangelio es otra cosa. Es Buena Nueva, es hacer nuevas todas las cosas. También la tarea que tenemos entre manos ¡Todo esto requiere de tanta, tanta humildad! ¡De tanta renuncia! ¡De tanta responsabilidad! ¿Seremos capaces de recibir a Jesús en nuestro corazón? ¿Seremos capaces de ser felices con nuestra misión?
Con corazón salesiano
El P. Fabio Attard, Rector Mayor de los Salesianos de Don Bosco nos recuerda: “Don Bosco fue un visionario que supo leer los signos de los tiempos con fe. No esperó a que los jóvenes buscaran ayuda; salió a su encuentro en las calles. Esa actitud proactiva nos interpela a no encerrarnos en nuestras estructuras, sino a salir con audacia hacia donde los jóvenes sufren mayor abandono y riesgo, llevando la luz de la esperanza a las situaciones más oscuras y complejas”.
A la Palabra, le digo
Espíritu de Dios, imprime esta verdad divina en lo profundo de mi ser. Que mis obras reflejen la esperanza y la misericordia que he recibido de ti.
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