La Palabra me dice
La Palabra de hoy nos invita a acoger las exigencias del seguimiento de Jesús a través de la renuncia al egoísmo, el amor entregado hasta el extremo y la reparación unida al Corazón de Cristo. Negarse a sí mismo, no significa destruirse, sino soltar el centro de nuestro ego para poner a Dios y a los hermanos en primer lugar. Cargar la cruz en nuestras vidas significa salir al paso de las dificultades teniendo la mirada en Cristo, así como mirar la cima de una montaña nos ayuda a no desanimarnos, a seguir adelante, pues vemos que cada vez estamos más cerca. Es contemplar también el Corazón traspasado de Jesús en los dolores del mundo y las heridas de la humanidad con amor y actitud de entrega. Cada día es una nueva oportunidad para tomar la cruz y seguir adelante con la fuerza que nos viene del Señor. Decía el Papa Francisco: «Enfáticamente les dice: “No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea servidor”. Con esa actitud, el Señor busca recentrar la mirada y el corazón de sus discípulos, no permitiendo que las discusiones estériles y autorreferenciales ganen espacio en el seno de la comunidad. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se está corroído por dentro? ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se vive atrapado en intrigas asfixiantes que secan y vuelven estéril el corazón y la misión?». (Homilía de S.S. Francisco, 28 de junio de 2018).
Con corazón salesiano
Madre Mazzarello y Don Bosco con sus vidas nos enseñan a vivir este evangelio con mucha conciencia, ya que la misión en los niño/as, adolescentes y jóvenes es exigente para los educadores y significa transformar la renuncia personal en una entrega alegre, cotidiana y activa dedicada a la educación y cuidado de los jóvenes. Don Bosco enseñaba que la cruz diaria es la fatiga del oratorio, soportar las incomprensiones y trabajar sin descanso por los muchachos más pobres. Convertía el sufrimiento en optimismo santo, repitiendo que el sacrificio se lleva con una sonrisa porque se hace por Dios. Madre Mazzarello comparaba el alma con un huerto que requiere poda diaria y cuidado constante para dar buenos frutos, aceptando las dificultades con paciencia. Ella vivía la renuncia en los detalles pequeños del taller de Mornese, enseñando a coser y rezar con sencillez, haciendo de cada puntada un acto de amor a Dios. Para los salesianos y salesianas vivir el Sistema preventivo significa “negarnos a nosotros mismos” y poner a los jóvenes en el centro, dejando de lado la comodidad o el protagonismo personal para estar en medio de ellos como padre-madre, maestro/a, hermano/a y amigo/a.
A la Palabra, le digo
Quédate en silencio ante el Señor. Mira a Jesús que te invita con paz y libertad (recuerda que dice "el que quiera..."). Siente su mirada de amor que te alienta a caminar con Él. Habla con Jesús desde lo profundo de tu corazón: ¿A qué apego o miedo necesito renunciar hoy para seguirte al Señor? Pidamos la gracia de tener los mismos sentimientos de Jesús, de tener su Corazón manso y humilde, capaz de dar la vida sin reservas como lo hicieron también Don Bosco y María Mazzarello.
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