La Palabra me dice
"¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?”. Nicodemo era un “maestro” de la Ley, un conocedor de las Escrituras, sin embargo Jesús le hecha en cara, casi con ironía, su incapacidad para abrirse a una propuesta diferente. No me creo mejor que Nicodemo, y siento que esta advertencia es también para mí, porque lo que me quiere revelar Jesús es de una novedad abismal, y ante todo quiere sacudirme de la comodidad de mis esquemas lógicos, y de mis orgullosas seguridades. “El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu". La metáfora del viento viene en ayuda para reforzar la idea: el aire en movimiento es inasible, es una energía sutil y poderosa a la vez. En el hebreo del Primer Testamento, que Nicodemo conoce muy bien, espíritu se dice ruah, y significa viento-soplo. También es sinónimo de vida, aliento vital, respiración. Este “nacer de nuevo, o de lo alto” implica pues un “nacer en el Espíritu”, dejarme llenar los pulmones de este aire nuevo; cambiar las reglas de comprensión puramente humanas para entrar en la “lógica de la sabiduría del Reino”; desplegar las velas de mi pequeña barca para dejarme llevar hacia los nuevos horizontes a donde me impulsa el Espíritu de Dios. “Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo”. Una novedad de la cristología joánica es la presentación de Jesús como el que realiza este doble movimiento, este cambio de espacios. De “arriba”: junto al Padre que lo envía, “abajo”: al mundo creado - a la realidad humana (descenso). “Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto”. Por medio de la cruz –la Pascua– inicia el regreso, la vuelta al Padre, de abajo arriba (subida). También yo con Él, vengo del Padre y vuelvo al Padre. Toda mi vida es un caminar impulsado por el Espíritu.
Con corazón salesiano
Don Bosco, aún siendo un hombre rico en espíritu de iniciativa, de trabajo y creatividad fue aprendiendo a dejarse llevar por el Espíritu. Comprendió que Dios lo eligió para una tarea que se le confió, pero donde él sólo era un instrumento. “Todo para mayor gloria de Dios… y salvación de las almas.” Asimilando su vida a la de Jesús, comprendió la dinámica de la cruz y también él fue levantado en alto. A través de innumerables sufrimientos, contradicciones, enfermedades y sacrificios fue dando la vida por amor.
A la Palabra, le digo
Bautizame Señor nuevamente en tu Espíritu. Hoy quiero vivir el día dejándome llevar por tu Espíritu, estando atento a su voz que me habla en lo más hondo y me impulsa a hacer el bien. Estaré atento a sus manifestaciones y prestaré atención a cada momento presente para encontrar allí la revelación del rostro de mi Padre. Y si aparecen dolores, sufrimientos, contrariedades… las consideraré “peldaños” de mi cruz, instrumentos de mi “ascenso”, pruebas de amor |