La Palabra me dice
“Yo soy el Pan de Vida”: de vida y no de muerte, de fuerza y no de debilidad, de fuertes y no de pusilánimes. Porque debo dejarme asimilar por él y convertirme también yo en pan para los demás. Dejarme comer, dejarme devorar… Mi tiempo, mis fuerzas, mis ganas, mis gustos… mi vida para los otros. Como Jesús, ayudar a descubrir la voluntad del Padre-Madre-Dios que no quiere que nadie se pierda y que todos crezcan en Jesús. “Ustedes me han visto y sin embargo no creen”. Qué cierto. Cuántas veces hemos visto y constatado la voluntad del Padre, la presencia de Jesús, la de María y hemos seguido enceguecidos, distraídos, mirando para otro lado. “La voluntad del Padre…” es que no me pierda, que logre la vida eterna y que resucite en el último día. Gracias, Papá Dios, por todas las seguridades y esperanzas que renovás en mí, a pesar de mis oscuridades y dudas.
Con corazón salesiano
Cuánta insistencia en Don Bosco por apreciar el Pan de Vida. Así se hicieron santos Domingo Savio y los primeros salesianos que crecieron en una profunda piedad eucarística. “La Eucaristía es el acto central de cada día para toda comunidad salesiana, que lo celebra como una fiesta en una liturgia viva” (C. 88). Y sin embargo cuántas misas aburridas, sin ganas, sin espíritu, sin contagio, sin alegría, sin corazón. Qué desafío nos plantea Don Bosco para hacer descubrir y saborear a nuestros jóvenes la riqueza del Pan de Vida como él lo logró con sus chicos y jóvenes, aprovechando los momentos de encuentro durante la Jornada escolar, en los momentos de retiro y de juego los fines de semana. Mamá Margarita lo acompañó a Juanito en su primera confesión y comunión. Qué ejemplo para transmitir a los padres de nuestras obras, para que vivan con sus hijos el riquísimo tiempo de la preparación a su Primera Eucaristía para que sea fiesta de toda la familia.
A la Palabra, le digo
Jesús, dame Vida… Así, con mayúscula, la que comunicás vos en este Sacramento de entrega y de amor. Que me deje contagiar, entusiasmar y entregar. Que tenga hambre de vos y de llevarte. “No podemos caminar con hambre bajo el sol…” Padre Bueno, que cada Eucaristía sea realmente eso, “Acción de gracias” por todo lo que me regalás y me regalaste. Por tu envío, por la comunión con los hermanos y los jóvenes. Porque el hambre material, de cultura y de fraternidad de tantos jóvenes marginados y abandonados me empuje a estar con ellos, como vos. Para darles Vida y esperanza, sentido de futuro. Que se sepan queridos, por mí y por vos a través mío. Que descubran qué hermoso es ser amigos, compartir sueños y tenerte como Hermano. Ser tus discípulos – misioneros.
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