Evangelio del Dia

Buscar por fechas

Sábado 18 de Abril de 2026

Jn. 6, 16-21

Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos.

El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. Él les dijo: «Soy yo, no teman».

Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.

La Palabra me dice


Este milagro se encuentra en la tradición sinóptica. Juan no la dramatiza. En este capítulo nos muestra dos signos reveladores de la identidad de Jesús, la multiplicación de los panes y éste relato en el que astutamente nos manifiesta un Jesús que aparece como asustando a sus discípulos, quienes en este caso no temen al mar agitado sino a un "desconocido" con poderes especiales, que se les acerca caminando sobre las aguas. Tienen miedo, pero es el mismo Jesús quien se les revela diciendo "Soy yo, no teman", utilizando la misma expresión de Éxodo 3, 14 cuando Yhwh se da conocer a Moisés enviándolo como profeta a liberar a su pueblo. Por la definición de su identidad, podemos encuadrar este texto en una dinámica pascual de éxodo.

Atardecer, había oscurecido, soplaba un fuerte viento, el lago se encrespaba. Estas eran las condiciones en las que se aparece Jesús a sus discípulos. Lo importante parece ser que Jesús se revela a los discípulos empleando el nombre de Dios en el AT.: "Yo soy".

Como persona, como comunidad, como pueblo, nuestro caminar también puede darse en medio de oscuridades, dificultades, viento en contra, situaciones en las que no podemos identificar, reconocer la presencia o los signos del Dios Liberador del Éxodo en nuestras realidades, más bien nos asustan. Puedo nombrar las situaciones del presente por las que voy navegando y me cuesta descubrir su Presencia, su Proyecto. Tal vez nos asusta perder el control de las situaciones, lo desconocido, lo que no va con nuestra escasa mirada de horizonte, lo que no alcanzamos a comprender... Qué bueno si levantamos la mirada y lo vemos avanzar hacia nuestro encuentro. El dejarme tocar por su Presencia es el acto de fe que me define como creyente: ¡ES ÉL!


Con corazón salesiano


Las vicisitudes y dificultades que se hicieron presentes en la vida de nuestro padre Don Bosco no fueron seguramente menores que las nuestras. Desde las catástrofes como el rayo, la explosión del polvorín... las epidemias, los ataques sectarios, persecuciones de las autoridades... y las amarguras propias de la incomprensión, los abandonos y traiciones... más el ingente trabajo amasado con el sudor del día a día para dar de comer a sus chicos y conseguir cómo pagar los gastos...

Pero si hay una convicción que resalta en él es la certeza de la presencia de Dios, de la "Providencia", como él la llamaba, que llegaba, infaltable...


A la Palabra, le digo


Te reconozco Jesús, en tu salir siempre hacia nuestra tempestad... oscuridad. Te doy gracias porque nos donás tu presencia que arrebata todo temor, que infunde paz... Te pido la gracia de dejarme "mirar-encontrar" por esta tu identificación con el Dios Liberador del Éxodo.

Podemos seguir orando esta identidad de Jesús: "Soy Yo".