La Palabra me dice
Para entender bien todo el alcance de lo que dice Jesús parábola, es importante estudiar bien las palabras utilizadas por Él. Y es igualmente importante observar una vid o una planta para ver cómo crece y cómo se enlazan tronco y ramas, y cómo el fruto nace del tronco y de las ramas. En el Antiguo Testamento, la imagen de la vid indicaba el pueblo de Israel (Is 5,1-2). El pueblo era como una vid que Dios plantó con mucho cariño en las costas de los montes de Palestina (Sal 80,9-12). Pero la vid no correspondió a lo que Dios esperaba. En vez de unos racimos de uva buena dio un fruto amargo que no servía para nada (Is 5,3-4). Jesús es la nueva vid, la vid verdadera. En una única frase él nos da toda la comparación. Dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto". La poda es dura, pero es necesaria. Purifica la vid, para que crezca y produzca más frutos. Aunque, a veces, algunos justifican accionares violentos o de extrema dureza bajo la imagen de la poda, cuando en realidad lo que se está haciendo es violentar el texto, ya que no se actúa con sinceridad ni con amor, sino que en el fondo se aprovecha de una situación de poder para “hacer que la realidad sea como yo quiero que sea”… equiparando el propio querer como si fuera el querer de Dios… Son acciones argumentadas como poda… pero que en realidad no dan vida. Jesús alarga la parábola y dice: "¡Yo soy la vid y ustedes los sarmientos!". No se trata de dos cosas distintas: de un lado la vid, de otro, las ramas. ¡No! No hay una vid sin ramas. Nosotros somos parte de Jesús. Jesús es el todo. Para que una rama pueda producir frutos, debe estar unida a la vid. Sólo así consigue recibir la savia. "¡Sin mí, no pueden hacer nada!” Rama que no produce fruto es cortado. Se seca y se le junta para quemarlo. No sirve para nada ya, ni siquiera ¡para hacer leña! Y si muchas veces nos sentimos, desde la sociedad, como dejados de lado o ignorados, tal vez seamos como estas ramas que, sencillamente, están siendo abandonadas, porque no dan los frutos del Reino. Pueden dar mucho, y hacer mucho, pero no serán del Reino, y será echada a un costado.
Con corazón salesiano
Parece bueno aquí recordar el artículo 33 de las Constituciones Salesianas, que es el proyecto de vida de los salesianos de Don Bosco: “Don Bosco vio con claridad el alcance social de su obra. Trabajamos en ambientes populares y en favor de los jóvenes pobres. Los educamos para las responsabilidades morales, profesionales y sociales colaborando con ellos, y contribuimos a la promoción del grupo y del ambiente. Participamos, desde nuestra condición de religiosos, en el testimonio y compromiso de la Iglesia por la justicia y la paz. Manteniéndonos independientes de toda ideología y política de partido, rechazamos cuanto favorece la miseria, la injusticia y la violencia, y cooperamos con quienes construyen una sociedad más digna del hombre. La promoción, a la que nos dedicamos con espíritu evangélico, realiza el amor liberador de Cristo y es signo de la presencia del Reino de Dios".
A la Palabra, le digo
Gracias, Señor, por el testimonio de tantos que unidos a ti trabajaron y trabajan para que el Reino de Dios se siga haciendo presente entre nosotros. Que superemos el miedo de dar pasos, que nos animemos a arriesgar, y que en este camino siempre recordemos que daremos fruto en la medida en que estemos unidos vitalmente a vos, con toda nuestra persona y acción, desde vos y para Vos.
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