Evangelio del Dia

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Viernes 30 de Octubre de 2026

Lc. 14, 1-6

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Delante de él había un hombre enfermo de hidropesía. Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: «¿Está permitido curar en sábado o no?».

Pero ellos guardaron silencio. Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo curó y lo despidió. Y volviéndose hacia ellos, les dijo: «Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su hijo o su buey, ¿acaso no lo saca en seguida, aunque sea sábado?». A esto no pudieron responder nada.

La Palabra me dice


El Amor de Dios es mayor a cualquier otro tipo de bien. Jesús es capaz de entrar a la casa de los principales fariseos, pero se pone de frente al dolor de la enfermedad de este hombre. Sin importarle el día, hora o lugar, ese fugaz encuentro con un Cristo Vivo fue capaz de sanar al herido.

Es importante destacar que, la hidropesía, es una acumulación grave de líquidos en alguna extremidad, y la misma surge debido a un fallo en algunos órganos vitales. Se ha de destacar esta condición para entender con mayor profundidad la palabra de Dios, dado que el Amor curativo de los milagros de Cristo no es superficial, sino que llega a lo más hondo de nuestro ser y sana de manera integral a la persona. 

Por último, tomar de la mano y palpar el dolor ajeno hasta hacerlo propio, es una condición necesaria para ayudar y servir al otro con un estilo evangélico. Jesús hace contacto directo con el enfermo y su enfermedad, y es la misma invitación que realiza con su pregunta, ponernos en el lugar de un Dios que ve a alguien en un pozo y enseguida lo busca para sacarlo de allí. En todo esto, Jesús es ejemplo y modelo, el hijo de Dios que se hizo hombre para entregar su vida, morir, descender a los infiernos, resucitar y subir a los cielos.


Con corazón salesiano


​El oratorio de Don Bosco no era un palacio real, antes bien era un lugar pobre. El hospital de Zatti no era un parque de diversiones, era una casa de dolor y enfermedad. Sin embargo, en ambos lugares, nuestros santos salesianos hicieron la opción de que en medio de ellos reine el Amor de Dios. 

​Fue por la presencia viva de Dios Padre que los jóvenes pudieron encontrar en el oratorio festivo un hogar y una familia llamada “Iglesia”. Fue por el soplo renovador del Espíritu Santo que, en los pasillos y salas del hospital San José, los enfermos pudieron encontrar paz, serenidad y alegría.

​Pero para eso hubo personas que se animaron a vivir la santidad. Y la santidad salesiana invita a salir al encuentro de aquellos que están heridos, palpar y hacer nuestro ese dolor y presentárselo al Señor en nuestras cruces cotidianas.


A la Palabra, le digo


¿Qué dolores tenés acumulados? 

Mirando con profundidad ¿De qué hablan esos dolores?

¿Cuáles son los enfermos que veo en mi día a día?

¿Cómo te invita a vivir Dios la santidad?