Evangelio del Dia

Buscar por fechas

Lunes 20 de Julio de 2026

Mt. 12, 38-42

Entonces algunos escribas y fariseos le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas ver un signo».

Él les respondió: «Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón.»

La Palabra me dice


No hay duda de que Jesucristo es el gran signo de la cercanía y presencia de Dios y su misericordia en nuestra historia. Es Jesús quien revela plenamente el rostro del Padre. Hoy como ayer, todavía muchas veces seguimos pidiendo a Dios, signos, milagros, manifestaciones extraordinarias, sin descubrir lo extraordinario de su gracia y amor que se nos ofrece en nuestro camino de fe. Nos cuesta descubrir y creer que en Jesucristo se nos revela y ofrece la verdadera sabiduría de Dios. Tantas veces buscamos también hoy en lo que brilla, o lo grandioso perdiendo la cercanía de Dios, en lo grande que se encierra en el Evangelio, la Eucaristía, los sacramentos. Corremos el riesgo de quedarnos con Jonás, o la sabiduría de Salomón, sin dar el paso al encuentro con la sabiduría de Dios, revelada plenamente en Jesús. 


Con corazón salesiano


Frente a esta Palabra, me viene el recuerdo del salesiano Padre Emilio Barasich. Un buen salesiano de una gran humildad. Recorría la parroquia en bicicleta, en todas las estaciones del año; vistiendo un guardapolvo azul. Es así que muchas veces lo confundían con un maestro de taller. En una oportunidad en el territorio de su parroquia se inauguraba un jardín de infantes. Para lo cual invitaron al cura párroco para la Bendición del mismo. El Padre Emilio muy responsable en sus obligaciones, llegó con tiempo al lugar, después de asegurar su bicicleta entro al lugar y se sentó, mientras iban ultimando los detalles para el acto. Se hizo la hora, y todos esperaban, con cierta inquietud. Después de paso unos minutos, el Padre Emilio pregunto si faltaba alguien si esperaban que llegara algún invitado. Le respondieron, estamos esperando al cura párroco, a lo cual con un sonrisa el Padre se presentó como tal. Un lindo testimonio de ser signos del Amor de Dios, en medio de los destinarios de la misión que se nos confía. 


A la Palabra, le digo


Señor, no quiero que mi fe se quede solo en palabras,

quiero que mi vida sea una ventana por donde otros puedan verte.

Ayúdame a ser un signo vivo de tu amor en medio del mundo.

En mis palabras: Que de mi boca salgan mensajes que construyan, que den ánimo y que sanen, evitando la crítica o el juicio que aleja a los demás de ti.

En mis gestos: Dame manos dispuestas a ayudar sin que me lo pidan, y una mirada que sepa descubrir la dignidad y la belleza en cada persona que cruce mi camino.


En mis silencios: Que mi paz en los momentos difíciles sea un testimonio de que Tú estás conmigo, dándome la fortaleza que yo solo no tengo.

En mi alegría: Que los demás se pregunten por qué sonrío y descubran que mi fuente de felicidad no está en las cosas, sino en saberme amado por Ti.

Padre, haz que quien me encuentre hoy, se encuentre con un poquito de tu ternura. Que no sea yo quien brille, sino tu amor a través de mí. Amén.