La Palabra me dice
Este texto nos propone pasar de una fe basada en normas y costumbres externas a una pureza que nace del corazón. Jesús confronta a los fariseos y enseña a la multitud que lo que verdaderamente contamina a la persona es lo que sale de su interior. Prestemos atención a la frase central de Jesús: "Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella». Y a partir de esa expresión, podemos preguntarnos: - ¿Cómo es mi relación con Dios, ¿se basa en cumplir normas por fuera o en cuidar lo que hay en tu corazón? - ¿Qué cosas "salen de tu boca" o de tus intenciones (juicios, enojos, mentiras, falta de amor) que dañan a los demás y te alejan del bien? - ¿Reconoces la invitación de Jesús a buscar la verdad con sencillez, dejando de lado la hipocresía o las apariencias religiosas?
Con corazón salesiano
Para Don Bosco y María Mazzarello, arrancar de raíz los males de la vida, como el pecado, la ignorancia y el desvío moral de los jóvenes; o también, el ocio, la deshonestidad y la falta de vida de fe, implicaba educar con amor, razón y fe. Ellos, Maín y Juan, intentaron arrancar de raíz los males que acechaban a los jóvenes, a través del sistema preventivo, de la presencia amorosa que previene y acompaña, del clima de familia, de la alegría del encuentro, de la pedagogía del cuidado y de tantos recursos salesianos. Don Bosco combatía la raíz de estos males fomentando la frecuencia en los sacramentos (Confesión y Eucaristía) para limpiar el alma antes de que el mal se arraigara. María Mazzarello abrió el taller-oratorio de costura en Mornese para enseñar un oficio digno a las niñas pobres, sacándolas de la miseria material y espiritual que las exponía al abandono.
A la Palabra, le digo
Habla con el Señor y pídele un corazón limpio y sincero. Silencia tus pensamientos y quédate un momento en la presencia de Dios. Siente que Él te mira con amor y te ayuda a caminar sin miedo, siendo luz y no un guía ciego para los demás «Dame Señor, un corazón vigilante que ningún pensamiento vano me aleje de Ti, un corazón noble y recto que ninguna maldad desvíe; un corazón fuerte que ninguna maldad esclavice; un corazón generoso para servir. Dame Señor un corazón limpio para amar; un corazón limpio para ver al prójimo como hermano, y para ver a Dios como Padre. Un corazón que no esté ciego para las cosas de Dios. Dame Señor un corazón limpio».
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