Evangelio del Dia

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Lunes 02 de Noviembre de 2026

Lc. 24, 1-8

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que ha bían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: "Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día"».

Y las mujeres recordaron sus palabras.

La Palabra me dice


En el mundo de hoy no queremos pensar en la muerte. Pareciera que nos molesta o, en muchos casos, es tabú, nos produce miedo. Tal vez lo tomamos como algo definitivo, pero por el Evangelio sabemos que no es así. La muerte nos conduce a la vida, a la Resurrección. Además, a una vida feliz en la que ya no hay pecado y ninguna de las cosas que aquí en la tierra pueden hacerla dura e infeliz. Este Evangelio de Lucas es para mí fuente de consuelo y de paz. El mismo Jesús, que nos precedió, es el primero de los resucitados. Y entonces, recordemos lo que Él decía en Galilea, refiriéndose a sí mismo como al Hijo del Hombre:…”que sea crucificado y resucite al tercer día.”. Esa fue una profecía y una promesa perfectamente cumplidas.”


Con corazón salesiano


Don Zatti sabía tomar, las cosas, aún las más difíciles con serenidad y buen humor. Cuando se le declaró el cáncer, su piel se fue poniendo verdosa y a un grupo de chicos les decía que los limones, cuando, cuando maduran se van poniendo amarillos y que verían que también él se iba a poner de ese color. Y en la última etapa de su enfermedad, le comentaba a un salesiano que estaba apoyado en una columna: “no ve, me estoy convirtiendo en un canario”. Bromeaba, porque veía con serenidad y espíritu de fe su partida de este mundo.  


A la Palabra, le digo


Gracias Señor Jesús, por que quisiste habitar entre nosotros. Bendito seas por el misterio de tu muerte y Resurrección, misterio luminoso que arroja luz a nuestros horizontes más oscuros y sombríos. Te damos gracias porque tu Palabra nos ha revelado que la vida ha triunfado sobre la muerte, de modo que podemos decir con San Pablo: “¿ Dónde está muerte tu victoria ¿Dónde está tu aguijón?” Amén.