Evangelio del Dia

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Viernes 13 de Marzo de 2026

Mc. 12, 28b-34

«¿Cuál es el primero de los mandamientos?».

Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos».

El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios».

Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

La Palabra me dice


Fijense, el valor, o sea, lo que vale en la vida espiritual es una adhesión del corazón (los sentimientos, el sentir), de la inteligencia (es lo que nos caracteriza como seres humanos) y con todas las fuerzas (o sea, la voluntad que actuamos en cada acción). Es la síntesis de nuestra vida. Y si lo miramos desde la comunicación y las relaciones humanas, es lo más genuinamente humano que encontramos, es decir, nos relacionamos con Dios y con nuestros semejantes de esa manera humana. Por eso Jesús felicita al escriba, a esta persona culta, diríamos entre nosotros, pero que por lo menos tenía sentido común y no se subió a su cargo de escriba. Allí está la forma de “actuar la respuesta de Jesús” que no consiste en recitar una serie de prescripciones ni cumplir tantos rituales. Simplemente tenemos que ser inteligentes, que sentimos la vida y la actuamos con voluntad, con fuerza, con energía, para lograr la felicidad. Es así como practicamos la propuesta de Jesús.


Con corazón salesiano


Don Bosco vivió la propuesta del Evangelio a través de una entrega total a los jóvenes más necesitados, traduciendo el mensaje de Jesús en una espiritualidad de lo cotidiano y un compromiso social concreto. El realismo de Don Bosco lo llevaba a solucionar a cada momento situaciones quizás conflictivas, pero que valían la pena detener la marcha y dedicarle un tiempo. Así Don Bosco podía conversar con cada joven o al hacerlo en forma grupal (pensemos en las Buenas Noches), transformarlo en un mensaje individual y así llegar al corazón de cada uno de ellos.


A la Palabra, le digo


Tu palabra, querido Jesús, me ayuda a crecer en humanidad, Quiero dar testimonio de tu propuesta siendo un buen cristiano y un honesto ciudadano, así como lo proponía nuestro padre Don Bosco.