La Palabra me dice
Encontramos en el evangelio de hoy el doble direccionamiento de la pregunta de Jesús a sus discípulos. El primero en base a lo que la gente dice respecto a Él y el otro a lo que ellos dicen de Él. Si trasladamos el primer cuestionamiento a nuestros tiempos y los discípulos tuvieran que responderle a Jesús según lo que ellos ven en nosotros ¿cuál sería la respuesta? Notemos que, ahora la responsabilidad que tenemos como cristianos es más grande, pues ya le hemos conocido y por ello debemos estar en la plena capacidad de reconocerlo como el Hijo de Dios, como nuestro Salvador y la razón de nuestra vida. Recordemos que todos estamos llamados a dar razón de nuestra fe con nuestras acciones más que con nuestro saber. Ahora, pasemos a la pregunta directa de Jesús, pregunta que nos hace a cada uno personalmente… ¿qué le responderías? Y es aquí cuando las respuestas se abren en un inmenso abanico que denotan las innumerables experiencias personales y comunitarias (por que la pregunta que hace el Señor es en plural) de Jesús. Este interrogante queda haciendo eco para toda la vida porque Él: y para ti ¿quién es Jesús?
Con corazón salesiano
“No basta con amar a los jóvenes, es necesario que ellos se den cuenta que son amados”. Con la vida del cristiano y su relación con Jesús es igual y esta doble dirección de la caridad la supo identificar Don Bosco para los jóvenes y para todos lo que hacemos parte de la familia salesiana: No podemos ser cristianos-salesianos de palabras, pues, si se nos convoca a demostrar el amor a los jóvenes, con mayor razón hemos de demostrarlo al Señor, de tal manera que, seamos en el mundo la definición más clara del amor de Dios manifestado en cristo al estilo salesiano.
A la Palabra, le digo
Señor, permítenos estar abiertos siempre a la inspiración de tu Santo Espíritu, para que, podamos ser en el mundo signos y portadores de tu amor a los más necesitados proclamándote con nuestros actos de caridad y palabras.
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