La Palabra me dice
Cuando nace una vida nueva me surge pensar en cuántas generaciones de identidades se entrecruzaron para que esa criatura se gestara y naciera, cuántos vínculos se entrelazaron o se tejieron... Además me tiento en ponerme a intuir, proyectando apenas vagamente las experiencias de vida conocidas, la construcción de esa nueva identidad, los designios de Dios para esa nueva criaturita, identidad y sentido de su vida… ¡Qué maravilla cómo se teje la vida! También mi persona esta tejida por la genética de Jesús y el Padre, Soy habitada por ellos… Si pudiera vivir en esta clave todos mis días sería realmente plena… incluyendo sobretodo las situaciones de inseguridad, desconcierto… de heridas, miedos, viejas defensas… Quisiera Jesús permanecer en Vos, que ya me habitás desde siempre, que estás en todo lo que acontece, con la plena confianza de TU PERMANECER EN MI.
Con corazón salesiano
Don Bosco tenía una personalidad exuberante. Su vida se había entretejido también con los recursos humanos de sus antepasados. “Era rico en las virtudes de su pueblo”… Pero el recurso más fundante y articulador de su personalidad fue su experiencia de Dios. La confianza absoluta en que no estaba huérfano, sino en que tenía un Padre que lo llenaba con su amor y le había dado la misión de hacerse también él padre para los huérfanos y abandonados.
A la Palabra, le digo
Padre, te alabo por poder acercarme apenas a percibir tu presencia inabarcable en mi vida. Me desbordás. Ayudame Jesús, a sentirme así habitada en el proceso de lectura y reconstrucción de mi historia, en la integración de todo mi ser. Ayudame, también por favor, a crecer en esta certeza, en esta confianza en Vos, e irradiar esta realidad a quienes me rodean, que en ellos/as también sienta que los habitás.
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