Evangelio del Dia

Buscar por fechas

Viernes 05 de Junio de 2026

Mc. 12, 35-37

Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. Si el mismo David lo llama "Señor", ¿cómo puede ser hijo suyo?». La multitud escuchaba a Jesús con agrado.»

La Palabra me dice


Aquí aparecen las brillantes explicaciones de Jesús. Todas ellas poseen la característica del realismo. Una lógica que nos conviene aprender y usar. Con certeza que aquí hay una carga tremenda de la tradición bíblica, especialmente del blindaje que en el Antiguo Testamento hacían, por supuesto, las personas religiosas del pueblo elegido. Aún así, Jesús les ilustra con su vida, con su presencia, que el elegido es él. El pueblo, que escuchaba estas explicaciones, quedaba admirado y encantado. Sin tantos títulos de “Señor”, de “Rey”, de “Mesías”... él pasó haciendo el bien. Hoy nos toca revisar a nosotros cómo denominamos a Jesús y si realmente escuchamos sus palabras con agrado.


Con corazón salesiano


Hace unos años, el entonces Rector Mayor de los Salesianos de Don Bosco, Don Pascual Chávez, nos ayudaba de esta manera: “Cristo era para Don Bosco una persona viva y presente en todo momento de su vida y de su obrar; para él no fue nunca sólo una verdad abstracta o un ideal que alcanzar. Diría que la actitud que distingue su fe cristiana es la de la relación – cercanía – amistad”.


A la Palabra, le digo


Jesús, quisiera estar más cerca tuyo y descubrirte como el verdadero amigo. Pido la luz necesaria para entender tus palabras y responder generosamente a tu propuesta.