La Palabra me dice
¡Qué gran responsabilidad puesta en la comunidad de los apóstoles, de la cual somos herederos! ¡Y qué gran confianza de Jesús hacia nosotros! Él nos envía a ser anunciadores de la Buena Noticia del triunfo de la vida a toda la creación. Sí, a toda la creación. No solamente a un pueblo, o a los hombres y mujeres. Es el conjunto de la obra de Dios la que está llamada a transfigurarse por la fuerza de la resurrección. Y somos nosotros, los discípulos y discípulas de Jesús, quiénes primero tenemos que dejarnos transformar y llenar de vida, para transfundir la novedad del Reino a todo lo que existe. Jesús nos deja esta misión. ¡Está en nuestras manos!
Con corazón salesiano
La misión salesiana nos inserta en la gran misión de la Iglesia de un modo específico. La Carta de Identidad de la Familia Salesiana expresa: “La Familia Salesiana es un conjunto de cristianos y consagrados que, con la originalidad de su carisma y de su espíritu, se ponen al servicio de la misión de la Iglesia, especialmente en el ancho mundo de la juventud, de los ambientes populares, de los pobres y de los pueblos aún no evangelizados”.
A la Palabra, le digo
Enviame, Señor Jesús, y que me reconozca enviado a ser testigo del Reino a toda la creación. Pero, de modo especial, a los y las jóvenes más pobres e indefensos, a los hermanos y hermanas más vulnerables, y a aquellos ambientes donde más se necesita dar testimonio de tu amor.
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