La Palabra me dice
Señor, si quieres, puedes purificarme… Una oración muy breve la del leproso, pero de cuanta fe. LE planteo su deseo, su necesidad, con realismo. Y se puso a merced de la voluntad del Maestro. No exigió nada, sólo se puso en sus manos. Esta actitud conmovió el corazón de Jesús y le concedió el regalo de la salud que pedía. Esta actitud es la que estamos invitados a cultivar siempre como cristianos. Ponernos en manos de Dios, presentarle con sencillez y con verdad todas nuestras necesidades y luego, confiar. No hace fata más. Tampoco menos.
Con corazón salesiano
Al recordar a don Bosco no podemos dejar pasar todas las veces en que, abrumado por las deudas contraídas para alimentar y acompañar a sus muchachos, ponía todo en manos de la Providencia y de la Virgen. Su corazón de pobre y su actitud de confianza infinita hicieron que el Señor siempre le concediera aquello que necesitaba para sus muchachos.
A la Palabra, le digo
Podemos hacer nuestra oración con las necesidades que cada quien quiera presentar con sencillez al Señor: “Señor, si quieres, puedes concederme…”. Amén.
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