Evangelio del Dia

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Miércoles 15 de Julio de 2026

Mt. 11, 25-27

En aquel tiempo, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

La Palabra me dice


Miramos a Jesús, como maestro de oración, enseña alabar al Padre. Alabanza que brota de contemplar la acción de Dios, en favor de los pequeños. Profunda sintonía con el canto de María, después de recibir el anuncio de la encarnación. Bendición y alabanza que recorre toda la escritura, en particular muchos de los salmos. Alabar a Dios que en la historia va mostrando su presencia de Padre, y que en su Hijo amado nos revela plenamente su sabiduría. Frente a la alabanza de Jesús al Padre, estamos invitados a tener un corazón humilde y pobre para poder gustar la sabiduría de Dios. La novedad en esta alabanza está en que Jesús se revela como el que nos da a conocer al Padre. Mirando a Jesús en oración, sus discípulos le pedirán que les enseñe a orar. Es bonito que esa actitud de Jesús, en intimidad orante con su Padre, enciende en el corazón de los que lo ven, ese deseo de tener un corazón orante.


Con corazón salesiano


La oración salesiana, surge de esa clara conciencia de ser hijos muy amados por el Padre Dios. Desde su niñez Juan Bosco, aprende de mamá Margarita a dar gracias a Dios, y de alabar su amor providente. Es una oración sencilla pero que surge de una profunda actitud creyente. Es lo que dirán de él, vivía como si viera al invisible. Un corazón de buen hijo que vive y orienta su caminar de cada día por los jóvenes. Un corazón encendido por el amor de Dios, es una presencia que contagia, que irradia más allá de las palabras. La presencia del salesiano, en la misión que Dios le confía, es signo del amor de Jesús Buen Pastor. 


A la Palabra, le digo


Oración de Alabanza y Gratitud (Padre Juan Vecchi)


Señor Dios, Padre misericordioso,

te alabo y te doy gracias por el don de la vida

y por haberme llamado a la vocación salesiana. 

Te agradezco por los años de servicio,

por la misión compartida con mis hermanos,

y por la juventud a la que entregué mi corazón.

Todo ha sido un regalo de tu amor gratuito. 

Gracias, Señor, por los encuentros,

por las alegrías y las dificultades,

porque en todo he sentido tu presencia

que guía mis pasos.