La Palabra me dice
Tantas leyes, tantas normas…No basta cumplir normas, hay que amar, comprender, acompañar. Jesús nos señala la manera sencilla de cumplir y de enseñar, especialmente con el ejemplo de vida. Esta es una clave para construir la comunidad de fe que entrelaza a tantas personas en el seguimiento de Jesús. Con nuestra forma de ser individual aportamos en la acción cotidiana esos rasgos propios de una persona creyente, adherida a la persona de Jesús, más allá de las leyes y prescripciones. La raíz judaica del cristianismo ha dejado una marca en el legalismo que preocupa a algunas personas. Ante la necesidad de la ley necesitamos ser libres especialmente en los momentos de las relaciones con los demás, con el equilibrio sensato y realista de cada situación. Lo peor que nos puede ocurrir es que seamos tan duros como aquello que no queremos ser.
Con corazón salesiano
“No basta amar a los jóvenes; es necesario que ellos se sientan amados.” Don Bosco no era legalista, y no creía que muchas leyes fueran la clave de la disciplina. Su enfoque era mucho más profundo y evangélico. No buscaba formar jóvenes que obedecieran por miedo, sino por convicción. Por eso su sistema se basa en la Razón, la Religión y la Amabilidad (amor). Lo más importante no eran las normas, sino el ambiente: Un clima de familia, cercanía y presencia del educador. Como dicen los textos salesianos, la educación se daba en un ambiente donde había confianza, relaciones cercanas y alegría compartida. No abolir la ley, sino llevarla a su plenitud en el amor.
A la Palabra, le digo
Jesús, Maestro bueno, enséñame a vivir como Don Bosco, no buscando solo cumplir normas, sino amar de verdad.
Que no imponga reglas con dureza, sino que acompañe con paciencia, con razón, con fe y con amabilidad.
Hazme cercano, para que otros descubran en mi presencia tu amor que educa y transforma.
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