La Palabra me dice
Jesús discute con sus adversarios, con sus enemigos. No es una situación agradable. La discusión agita, fatiga y… ¡hace perder tiempo! Es así. Tantas veces lo hemos experimentado. Realmente el diálogo es esencial para la convivencia, pero la oposición sistemática, el rechazo programado y las palabras violentas no construyen la sociedad humana. Ese desgaste se siente poco a poco en las actividades pastorales que lamentablemente llevan a abandonar las necesarias presencias entre las personas que son prioritarias. Las palabras de Jesús nos invitan a construir a partir de la aceptación de su persona, de su presencia real, de su voz, de sus pasos, de su cruz y resurrección, de su salvación. Esta es nuestra fe: ¡Anunciamos su muerte, proclamamos su resurrección!
Con corazón salesiano
Don Bosco manifestaba su adhesión a Jesucristo no como una adhesión a una verdad abstracta, sino mediante una relación personal y constante con una persona viva y presente en cada momento de su vida. Su espiritualidad se basaba en la configuración con los sentimientos de Cristo y en la búsqueda de la salvación de las almas como su misión principal. Su lema "Da mihi animas, caetera tolle" (Dame almas, llevate lo demás) era la expresión máxima de su deseo de imitar el celo de Cristo por la salvación de las personas, especialmente a los jóvenes pobres, necesitados y en peligro.
A la Palabra, le digo
Renuevo aquí, mi querido amigo Jesús, mi adhesión incondicional a tu persona, a tu mensaje, a tu Evangelio.
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