La Palabra me dice
Jesús se pregunta sobre la utilidad y la finalidad de la sal y de la luz. En el lenguaje filosófico diríamos que él quiere saber sobre el ser de las cosas. La sal y la luz tienen personalidad propia y cuando falta alguna de ellas, ahí se extraña. Nuestra vida de fe es sal y luz. Es una realidad que se gusta y se ve. Es el testimonio “para afuera” y “desde dentro”. Le vamos dando sabor a la vida, la nuestra y la de los demás y la iluminamos para que se vea la verdad de la vida. Esta tarea es el “pan nuestro de cada día” que compartimos con otras personas, con otros seres, con el universo.
Con corazón salesiano
El joven Domingo Savio, quien fue alumno de Don Bosco en Valdocco, encontró un día la manera de expresar el significado de ser “sal” en una emotiva frase: “Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres”. La alegría es el ingrediente necesario e indispensable para ser santos…
A la Palabra, le digo
Jesús, amigo mío, Tú nos dijiste que somos la sal de la tierra, y yo quiero ser esa sal que da sabor a la vida. Ayúdame a ser sal buena, de esa que se mezcla, que se entrega, que hace más fraterna la vida de los demás.
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