La Palabra me dice
"Cuando venga el Hijo del hombre...". Tomo conciencia de que Jesús, eterno y alegre enamorado, golpea a las puertas de mi corazón cada día, a cada instante (Ap 3,20), en las muchas oportunidades de encuentro con otros, en la realidad circundante, en las mociones interiores, en Su Palabra que viene a mi memoria y busca llegar a lo más profundo de mi ser... "Como en tiempos de Noé...". Hoy vivimos y sufrimos mucho esas mismas situaciones. Las noticias nos muestran violencia, mentira, perversión, dolor, muerte, injusticia. Tiendo a notar que cuanto más creyente se hace mi corazón, más se indigna ante el dolor de tantos, tantísimos, a causa del egoísmo, la corrupción y la indiferencia de algunos pocos (¡que encima fueron elegidos o se dice que "velan por todos"!). Busco respuestas en Jesús, en los profetas y los santos -para no caer en el odio o el desaliento-, ellos son verdaderos maestros de caridad operativa, incansable y esperanzadora. "Y no sospechaban nada...". Me asalta la exclamación "¿cómo no se dan cuenta, cómo no reaccionan?, ¡nos estamos abandonando y matando entre hermanos!" Siento que Jesús me responde con Su Palabra: "no a todos se les ha concedido ver, a ustedes se les ha regalado luz para que lleven mi mensaje y mi amor a todos lados, a todo hermano... Yo hago el resto." "El Hijo del hombre vendrá". ¡Maravillosa certeza! Siempre está, aunque a veces no lo sienta o no lo reconozca en personas o circunstancias, pero ya vendrá... y su amor reinará sin sombras
Con corazón salesiano
Don Bosco comienza su "Juventud Instruida" explicando a sus muchachos, con la mayor ternura, que postergar para más adelante la conversión y amistad profunda con Jesús, son engaños del enemigo. Los anima a estar vigilantes y alegres para abrirle la puerta prontamente al Señor, ya desde jovencitos. El mismo Juanito había escuchado esto de los misioneros y se lo relató a Don Calosso en su primer encuentro.
A la Palabra, le digo
Jesús mío, vida y alegría del alma, qué claras y consoladoras tus palabras para todos los que anhelamos tu presencia y amor, y para tantos que sufren en este "valle de lágrimas" por la indiferencia de algunos. Te doy GRACIAS por revelarte, por darte a nosotros, por enseñarnos y ayudarnos a esperarte, de forma entusiasta, dinámica y fiel. Que pueda estar siempre atento y deseoso de tus manifestaciones, y disponible a tu voluntad, para compartir con todo hermano la alegría de tenerte y esperarte. |