La Palabra me dice
Recibiendo y curando al leproso Jesús revela un nuevo rostro de Dios. Un leproso llega cerca de Jesús. Era un excluido, un impuro. Debía vivir alejado. Pero aquel leproso tenía mucho valor. Transgredió las normas de la religión para poder llegar cerca de Jesús. Y grita: "¡si quieres, puedes limpiarme!" Es decir: "¡No precisas tocarme! Basta que lo quieras para que yo sea curado". La frase revela dos enfermedades: a) la enfermedad de la lepra que lo hacía impuro; a) la enfermedad de la soledad a la que era condenado por la sociedad y por la religión. Revela al mismo tiempo la gran fe del hombre en el poder de Jesús. Profundamente compadecido, Jesús cura las dos enfermedades. Primero, para curar la soledad, toca al leproso. Y es como si le dijera: "Para mí, tú no eres un excluido. ¡Yo te recibo como hermano!" Enseguida, cura la lepra diciendo: "¡Quiero! ¡Queda limpio!" El leproso, para poder entrar en contacto con Jesús, había transgredido las normas de la ley. De la misma forma, Jesús, para poder ayudar a aquel excluido y así revelar un rostro nuevo de Dios, transgrede las normas de su religión y toca al leproso. En aquel tiempo, quien tocara a un leproso, se volvía impuro ante las autoridades religiosas y ante la ley de la época. Reintegrar a los excluidos en la convivencia fraterna. Jesús no solamente cura, sino que además quiere que la persona curada pueda convivir de nuevo con los demás. Reintegra a la persona en la convivencia. En aquel tiempo, para que un leproso fuera de nuevo recibido en la comunidad, tenía que tener un certificado firmado por un sacerdote. Es como hoy. El enfermo sale del hospital sólo si tiene un certificado médico firmado por un doctor. Jesús obliga al leproso a que se busque el documento, para que pueda convivir con normalidad. Obliga a las autoridades a que reconozcan que el hombre había sido curado. El leproso anuncia el bien que Jesús le hace, y Jesús se vuelve un excluido. Jesús había prohibido al leproso que hablara de la curación. Pero no lo consiguió. El leproso, en cuanto se fue, empezó a divulgar la noticia, de modo que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras, en lugares apartados. ¿Por qué? Es que Jesús había tocado a un leproso. Por ello, en la opinión pública de aquel tiempo, Jesús, el mismo, era ahora un impuro y tenía que vivir alejado de todos. No podía entrar en las ciudades. Pero Marcos muestra que al pueblo poco le importaban esas normas oficiales, pues de todas partes llegaban a donde él estaba.
Con corazón salesiano
Don Bosco que no tiene temor de realizar acciones que no son tan bien vistas por las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, animado por el amor y la necesidad de reintegrar a la sociedad a quienes son considerados y tratados como marginados y peligrosos. Don Bosco que soporta incomprensiones, denuncias y persecuciones, a la vez que busca con otros discernir los caminos por donde Dios quiere que les llegue el anuncio y la curación efectiva a los jóvenes, de modo de corroborar si son caminos de Dios o simples caprichos de los hombres.
A la Palabra, le digo
Señor, ayudame a dar testimonio del bien que has hecho en mi vida. Ayudame a superar el temor de traspasar aquellas reglamentaciones y costumbres que son contrarias al proyecto de Dios, y que dificultan la comunicación, el diálogo y la vivencia del amor. Aunque esto traiga dificultades, como se las trajo a Jesús. Ayudame a ver claro tu querer en estas situaciones, de modo que no "deifique" a las costumbres, ni me crea que "las sé todas", sino que la luz del Espíritu me y nos ayude a ver y a seguir tus pasos.
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