La Palabra me dice
Cuando leemos o escuchamos el texto del Evangelio entramos en un ambiente fascinante: nos imaginamos la escena, nos repercuten las palabras de Jesús, nos da alegría o bronca, nos resbala o nos interesa seriamente. Eso sí, el suceso del Evangelio, la Buena Noticia no es un simple anuncio. Deja huella. Así de apretujados estaban los oyentes de Jesús que no se daban cuenta de las palabras graves que les repetía como los golpes de un boxeador. Jesús les dice sin vueltas que eran unos malvados, todos, la generación completa, desde el más chico hasta el más grande. Nadie quedaba afuera. Esa forma malvada de vivir era el cinismo de creerse superiores a otras personas. Por eso la frase contundente de Jesús Maestro es concluyente: “Aquí hay alguien que es más que Jonás y que el mismísimo Salomón”. La soberbia de esa generación malvada se repite en nosotros cuando no reconocemos la presencia amable de Jesús en nuestra vida y nos dejamos guiar por otras “autoridades” que ejercen sobre nosotros una asustadora esclavitud. Al final, el cínico es esclavo de sus propias acciones. Entonces, hagamos una vez más el ejercicio de la atención envolvente de nuestra vida que se hace personal y comunitaria. Eso se llama de diversas maneras: empatía, cuidado de los más débiles, sostenimiento de los buenos, salvataje de los honestos.
Con corazón salesiano
El P. Fabio Attard, Rector Mayor de los Salesianos de Don Bosco nos recuerda: “Don Bosco nos invita siempre a mirar a la persona en toda su integridad. En medio de un mundo fragmentado, su pedagogía coloca al joven en el centro, ofreciéndole un espacio donde sentirse verdaderamente escuchado y acogido. Esa atención personal es el sello distintivo de nuestra misión en la Iglesia, un recordatorio de que educar es, ante todo, un acto constante de amor sincero”.
A la Palabra, le digo
Señor, guarda en mi corazón la verdad de tu Palabra. Que lo meditado hoy eche raíces y dé frutos de paz y amor en mi día a día. |