La Palabra me dice
Jesús comienza a hacer discípulos, pero “no les dora la píldora”. Para seguirlo hay que estar dispuesto a dejar los afectos más íntimos (padre, madre, esposas, hijos) e incluso la propia vida. ¡Cuánto me cuesta sobre todo esto último! Dar la propia vida, uf, no si sería capaz. Cargar con la propia cruz siento que es un peso muy grande. Y que yo soy chiquito y endeble. Pero también soy un creyente y estoy anclado en Jesús. Sé que puedo contar con su Gracia, que va mucho más de lo que puedo pensar o esperar. Y puedo leer en la Biblia otro pasaje que dice: “Nada es imposible para Dios”. Entonces podré lo que hoy tal vez no puedo. Además Pablo dice: “cuando soy débil es cuando soy fuerte”. Porque allí se manifiesta la omnipotente misericordia del Padre, incluso en la debilidad del mismo Jesús.
Con corazón salesiano
Don Bosco quería que en el oratorio reinara un ambiente de familia, donde los chicos se sintieran Hermanos y los superiores ejercieran la paternidad. Eso ha quedado plasmado en el sistema preventivo. Y que no se atentara contra la alegría. Para eso, Don Bosco mismo se entregaba a la misión sin retaceos. Porque él consideraba que la alegría de muchos se sostenía con el sufrimiento y la energía de algunos. Sin ir muy lejos, pensemos en Don Zatti, cuya entrega fue tan generosa en el servicio a los enfermos que llegaban de todas partes. Y siempre con una sonrisa, con una alegría sencilla y jovial.
A la Palabra, le digo
Padre amado, te damos gracias porque nos has mostrado y nos sigue mostrando que, por encima de las idolatrías antiguas y modernas, por encima de River y Boca, de las películas y las infinitas series, estás Tú y solo Tú. Danos la fuerza para que podamos seguirte cada día, cada hora, buscando siempre tu gloria, solamente tu Gloria y el bienestar de los hermanos que nos vas poniendo en el camino.
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