La Palabra me dice
Me voy situando como cada uno de los diversos factores humanos involucrados en este drama salvífico: La multitud que lo sigue y aprieta; Jairo; la hemorroísa; los numerosos médicos; los discípulos que no entienden; los que anuncian la muerte de la niña; la niña hija de Jairo; la gente que llora; el núcleo Pedro-Santiago-Juan; la gente que se burla; la madre de la niña; los que se asombran; los encargados de alimentar a la recién "levantada". Miro las escenas desde estos diversos ángulos, las rodeo y enfoco desde diversos puntos de vista, para aprehenderla en su compleja riqueza, y ser testigo admirado de cómo Jesús habla y obra. Y hoy mismo, ¿dónde y cómo entro yo? "Juzgada impura, era excluida...". Ayer la hemorragia, ¿hoy qué enfermedades y situaciones hacen impuro y excluyen?¿Y a quiénes? La mujer ¿es más excluida, aún? Reviso mi estilo de relación humana y pastoral. "...tomando consigo al padre y a la madre de la niña...". Veo, en esa familia doliente que intercede por su niña, a tantas familias de hoy que ponen en la fe su esperanza de vida plena para sus hijos a veces malheridos. Reflexiono acerca de mi fe: deseo tener la simple y convencida fe de Jairo y la mujer con flujo de sangre. ¿Mi fe se ha vuelto quizá demasiado ilustrada y pensante, fría y sin impulso de esperanza? ¿Mi fe son buenas ideas y sanos valores, o es ante todo una vibrante adhesión y una referencia absoluta a una Persona Viviente dadora de Vida? "Ven a imponerle las manos... Tocó su manto... Sintió en su cuerpo... La tomó de la mano... Le dieran de comer". Todo el texto está atravesado por el realismo del tacto y la contundencia del cuerpo. Me surgen preguntas... ¿Soy espiritualista y todo pasa por "el alma" en mi manera de entenderme, hablar, predicar, actuar? ¿O reconozco al cuerpo como el lugar contundentemente humano de lo vital y lo mortal, de la salvación y la deshumanización, del cuidado y el abuso? ¿Cómo vivo mi tacto? ¿Con miedo y lejanías? ¿O con gestos de encarnación verdadera y aprendizajes de la ternura?
Con corazón salesiano
Los servicios que inspira Don Bosco: organizar el bien que llegue a muchos, sí, pero no quedándose sólo en lo masivo: dentro de “la multitud”, reconocer y atender a cada uno como único (Jesús, enseñanza a multitudes; pero “dentro”, encuentro salvífico con personas clave). El modo de amar de Don Bosco a los jóvenes, su “amorevolezza”, como trato lleno de ternura, de cercanía, de gestualidad…
A la Palabra, le digo
Talita Kum: Al modo de la “oración del corazón invocando el nombre de Jesús”, repito y repito tus hermosas palabras, Jesús, a lo largo del día, como eco interior silencioso mientras camino, viajo, escucho a alguien, miro el patio y la calle… Sé que me las dijiste a mí y me diste vida… Sé que las seguís diciendo a través nuestro a muchos más… Mis manos… te las ofrezco, volvé a consagrarlas, perdoná cuando no guían, acarician ni levantan, enseñame a imponerlas en tu Nombre… Bastará tocar tu manto... Otra frase para repetirte sin cansarme, como una respiración, hasta tatuarla en mi interior Y para estar aquí en tu presencia incluyendo también mi cuerpo, contemplo en Vos y reconozco mis necesidades corporales, médicas, psicofísicas; y esas “heridas sangrantes” siempre necesitadas de curación… Reviso ante vos, con humildad Señor, cómo están mi alimentación, descanso y esparcimiento: no soy un ángel ni soy omnipotente. Y siento que desde esa concretez de lo corpóreo, me enseñás a ser más compasivo con lo que le pasa a los demás. Ante “el cuerpo doliente” de otros que hoy ponés en mi camino, sabiendo que en Vos está la fuerza que cura y reanima, y que también soy yo tu mediación, me dispongo a servirlos y aliviarlos.
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