Evangelio del Dia

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Miércoles 12 de Agosto de 2026

Mt. 18, 15-20

«Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.

Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que, si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos».

La Palabra me dice


¿Desatar? ¿Qué significa desatar hoy para nosotros...? ¿Quién tiene el poder de atar y desatar? ¿Por qué? Las enseñanzas catequísticas por lo general apuntan a contextualizar estas referencias en torno al sacramento de la Reconciliación. Quizás actúa como una justificación o soporte bíblico a la acción ministerial de perdonar los pecados. Pero... más allá de ello... ¿Qué significa para nosotros, para cada uno: ser "desatados" o estar "atados"?

Ambas palabras pueden ser ambiguas o representar sentimientos muy profundos de la propia vida personal: desatarse de un pecado... desatarse de un vicio... de un apego, de algo o alguien que nos hace daño, pero no sabemos cómo esquivarlo o soltarnos. 

En el texto también encontramos una referencia a la comunidad; la Iglesia, donde haya dos o tres... Jesús está presente. Una presencia tan real como la de la Eucaristia. Para algunos la oración personal es más rica que la grupal. Para los místicos de la oración el silencio y la mirada puesta solo en Dios es señal clara de una buena oración. Junto con esto, Jesús también dice..."donde haya dos o tres..."

En los dramas comunitarios, también está presente la Palabra de Dios. 


Con corazón salesiano


Aquí podemos recordar el método pedagógico de Don Bosco y la famosa práctica de la palabra al oído. No llamar la atención a nadie en público. Ubicar toda resolución comunitaria en el ámbito del diálogo. Que un joven jamás se sienta avergonzado por las correcciones públicas, por el descubrimiento de su intimidad o su pecado. Digamos también fuera de nuestras comunidades religiosas a las "indirectas", las ironías con rencor, las murmuraciones, los comentarios sin caridad.


A la Palabra, le digo


Señor queremos ser una comunidad de acuerdo a tu plan de amor. No dejes que entre nosotros anide el Espíritu de egoísmo o envidia. Que dialoguemos siempre nuestros desacuerdos y superemos las desavenencias.