La Palabra me dice
No juzguen… Es una de las indicaciones más fuertes que hace Jesús en este evangelio. El juicio sólo pertenece a Dios. Cierto es que necesitamos de instituciones que cuiden la justicia entre nosotros. Tristemente, a veces, estas instituciones pueden ser manipuladas arbitrariamente por los seres humanos. Muchas veces descreemos de la justicia humana. (No sin razón…) Pero Jesús aquí más bien habla de los juicios que nos aplicamos entre nosotros, en las comunidades, en la familia, en el barrio, en las redes sociales… ¿Con qué autoridad real puedo decir algo sobre las decisiones que toman otras personas? ¿Puedo conocer, de verdad, las más hondas motivaciones que hacen que una persona obre de tal o cual forma? Cada uno deberá, en su momento, dar cuenta a Dios de todas sus decisiones. Sólo Él sabrá aplicar justicia con sabiduría, con amor y verdad. Trayendo palabras de nuestro querido Papa Francisco: “Pecadores sí, corruptos no”. Si hay algún tipo de corrupción y/o injusticia que deba ser atendida por las autoridades judiciales, pues bien, ahí hay que ir… Pero si se trata de las cuestiones simples que entretejen la vida de una comunidad cristiana… hay que aplicar la caridad antes que el juicio. Soy tan pecador/a como cualquier otra persona. La misericordia que muchas veces necesito y que pido tengan conmigo, es la que debemos tener con los demás cuando se equivocan. Es este un trabajo espiritual intenso. Un esfuerzo real de conversión que podemos realizar. La invitación de Jesús está hecha…
Con corazón salesiano
Recuerdo que cuando era un poco más joven, entre las cosas que nos enseñaron de don Bosco estaba el elenco de los chicos que él no quería en el oratorio. Eran cuatro tipo de chicos: a) Los cabeza dura, que son aquellos que no se dejan moldear por los animadores, que rechazan incluso cualquier intervención que se quiera realizar sobre ellos para que sean un poquito más buenos; b) los glotones, que son aquellos que viven comiendo, que viven sacando ventaja de las situaciones, sin comprometerse con los demás… sólo les interesa llenarse la panza y acumular; c) los haraganes, los que no hacen nunca nada, los que quieren vivir de arriba sin realizar ningún tipo de esfuerzo por el bien de la comunidad; y d) los criticones los que viven “sacando el cuero”, emitiendo juicios sobre los demás creyéndose superiores y mejores que los otros.
Sabe Dios si esta era la lista de chicos que nuestro padre no quería en el oratorio…. pero no deja de ser interesante que en la tradición salesiana de los primeros tiempos, los criticones, los que se ponían como jueces de los demás, alejándose de la caridad y de la verdadera justicia, no hayan sido del todo tolerados por los consagrados y animadores.
A la Palabra, le digo
Señor Jesús, danos un corazón compasivo y misericordioso con aquellos hermanos y hermanas que están junto a mí. Que cuando se equivoquen en alguna situación no me sienta su juez, sino un hermano que ayuda, que aliviana, que consuela, que anima y ayuda a recomenzar el camino. Amén.
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