La Palabra me dice
“…llenas de alegría… Alégrense". Al inaugurar esta Pascua, descubro que la primera reacción es la alegría, desbordante, creyente, adoradora. Y no nace desde mis estados de ánimo, mis certezas, mis esfuerzos. Es el mismo Señor Resucitado que me invita a ella. Hasta puedo imaginarme su rostro traspasado por el gozo infinito de la vida que me invita a mirar la mía, la de mis hermanos, la de los jóvenes y laicos con la misma actitud creyente. “Que vayan a Galilea y allí me verán”. Galilea es aquí algo más que una simple indicación geográfica: es la invitación a volver la mirada a los inicios, al punto de partida, al amor primero de la hora de la llamada a ser discípulos, y más aún “hermanos” del Señor que comparten su casa y su vida. Hoy me animo a escuchar también esta cita, quiero ir a mis “galileas” para ver al Señor. También me siento llamado a ir a las “galileas” de mi vida cotidiana y allí desenterrar el tesoro invisible de la presencia de Jesús en ellas. “Evitarles a ustedes cualquier contratiempo”. Creer en la fuerza del Resucitado implica asumir el contratiempo de dejar las antiguas creencias o encargos recibidos y salir a anunciar un evangelio que descoloca y desinstala. Yo también puedo ser -como los soldados- sólo un espectador de lo que acontece sin dejar que eso rompa los esquemas de mis seguridades. En mi oración le digo al Señor hasta dónde estoy dispuesto a dejarme tocar por el “contratiempo” de su resurrección. Y si siento temor, como las mujeres, lo dejo en sus manos.
Con corazón salesiano
Domingo Savio captó el secreto de la amistad con Jesús que promovía Don Bosco: “Aquí nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres…”. Don Bosco propone una espiritualidad que vive lo cotidiano con los ojos festivos y creyentes de la pascua.
A la Palabra, le digo
Jesús, fuente desbordante de la alegría, abrazado a tus pies “pascuados” siento la llamada a ir de nuevo a las fuerzas de la primera hora cuando me invitaste a venir y ver. Quiero buscarte en las “galileas” del compromiso por los jóvenes más pobres, de la fraternidad sentida y expresada, de la desinstalante opción de ser discípulo del Dios-Hombre que ama la vida hasta el extremo, hasta el riesgo y el contratiempo. A lo largo del día te seguiré buscando en las actividades y sobre todo en las personas con las que me encuentre.
|