La Palabra me dice
Jesús perteneció al pueblo judío: su cultura, su alianza, sus fiestas, sus esperanzas,. Los relatos evangélicos muestran a un judío íntegro: va a la sinagoga los sábados, paga sus impuestos, peregrina a Jerusalén, indica al leproso curado que se presente ante el sacerdote como indica la Ley. Y es desde esta pertenencia y fidelidad a la alianza que Jesús pretende animar un movimiento de renovación de su pueblo. La palabra de hoy nos habla de discernimiento: «Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?». En la práctica religiosa muy fácilmente puede colarse la ideología si las prioridades no son claras. Conocemos infinidad de disparates inhumanos que fueron sostenidos y argumentados desde una falsa práctica religiosa. Esto no quiere decir que la fe, la espiritualidad y el culto no tengan sus “formas” comunitarias, en las cuales nos reconocemos, entendemos y comunicamos. La misma Ley en Israel está al servicio de la vida y el crecimiento de la comunidad de la alianza. Jesús no abroga el mandamiento del sábado, pero señala el peligro de no ser capaces de discernir cómo, dónde y en quiénes se hace presente el reino de Dios.
Con corazón salesiano
Shabat viene de una forma verbal que alude al “dejar de hacer”. No es descanso como abulia sino “dejar de hacer” (correr, inquietarse, producir…) en vistas a celebrar la acción de gracias por ser parte de la vida. La celebración del Shabat comienza con el canto de un himno que imagina al sábado, como una novia que ingresa a su boda: fiesta, crecimiento familiar, alegría de ser comunidad. Desafío para nuestras casas de un discernimiento que lleve a proponer la liturgia y el culto en armonía con las demás dimensiones y valores educativos y pastorales.
A la Palabra, le digo
Que siempre estemos abiertos al discernimiento de los caminos del reino de Dios y lo hagamos accesible desde la fidelidad a lo fundamental y la creatividad en nuestras propuestas.
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