La Palabra me dice
En esta oportunidad, Mateo nos presenta un Jesús que se compadece porque la multitud estaba fatigada y abatida, “como ovejas sin pastor”. Esto descoloca al propio Jesús y no lo deja hundido en la quietud, sino que, por el contrario, habla con sus discípulos y los llama a un trabajo incansable por el bien de su pueblo. La lógica de Dios se deja entrever y de manera clara: es inconcebible que las ovejas no tengan su pastor. El pueblo necesita ser cuidado y conducido por el pastor que, por cierto, ha de ser Jesús: el único Buen Pastor. Por último, el texto concluye con un comentario de Jesús, que alerta por la escasez de trabajadores para una cosecha que, por el contrario, es abundante. Aquí la llamada del Maestro es clara, rogar al dueño del sembrado que envíe trabajadores. En otras palabras, el servicio a la causa del Reino es un don, no es voluntarismo, y como tal, es regalo y llamado de Dios.
Con corazón salesiano
Don Bosco habría de haber sido muy sensible a la imagen del Buen Pastor, y también comprendió, al igual que hizo Jesús con la multitud, que “estaban como ovejas sin pastor”. Pero en este caso las ovejas eran exclusivamente los jóvenes más pobres y abandonados. Toda la acción de Don Bosco no fue más que el pastoreo de quién supo dar la vida por sus ovejas. Dirá Don Bosco que hasta su último aliento será en favor de los jóvenes, regalándole a todos sus salesianos una filosofía de vida. Por otro lado, Don Bosco también entendió que la cosecha era más que abundante, al punto que, de sus mismos alumnos, comenzó a formar corazones de pastor, siendo así que nacieron los primeros salesianos.
A la Palabra, le digo
Que mi corazón sea siempre de Cristo, al estilo de Don Bosco. Que el llamado a la cosecha no siga de largo sino que, por el contrario, eche raíces en mi corazón. Te pido, Señor, que como decía el Papa Francisco, sea mi actitud la de un pastor con olor a oveja.
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