La Palabra me dice
¿Cómo podemos vivir estas recomendaciones que Jesús les hace a los primeros misioneros? Podemos quedarnos estupefactos y hasta paralizados, aquellos que nos quedamos en casa y no tenemos una misión afuera… Pero no es así. Si tomamos una a una estas recomendaciones, vamos a descubrir el alcance personal y comunitario que poseen en toda su magnitud, especialmente, cuando somos capaces de vivir y encarnar a cada momento el Reino de Dios. Es allí donde aparece la “dinámica” necesaria de proclamar el Reino de los Cielos con acciones y actitudes que curan, que purifican, que acompañan la muerte, que luchan contra el mal. Es indispensable en todo este proceso la gratuidad: ese toque excepcional que nos hace libres para servir, livianos de equipaje, comprometidos a cada momento sin estar “atados” a nada ni a nadie, ni al dinero, ni a la comida, ni al vestido, ni a las “seguridades”. No nos olvidemos que gratis viene de “gracia”... Por último, en la propuesta de Jesús, completamos el cuadro con las relaciones sociales: las buenas amistades se conservan con ese sabor de la paz en casa. Hagamos la prueba.
Con corazón salesiano
Desde nuestro corazón misionero salesiano podemos trazar un paralelo claro y profundo, iluminado por el Evangelio y el espíritu de Don Bosco. Jesús y Don Bosco coinciden en formar misioneros que: Anuncian con alegría el Reino Viven en gratuidad y confianza en Dios Se insertan en la vida de la gente Construyen relaciones de cercanía y familia Aman especialmente a los más pobres Los misioneros salesianos no solo predican… educan, acompañan y aman.
A la Palabra, le digo
Señor Jesús, que enviaste a tus discípulos con sencillez y amor, enséñanos a ser misioneros al estilo de Don Bosco: alegres, cercanos y generosos con los jóvenes, especialmente los más necesitados. Danos un corazón grande para dar gratis lo que recibimos, y la confianza para llevar tu paz a cada lugar. Que, guiados por María Auxiliadora, seamos signos de tu Reino hoy. |