La Palabra me dice
Casi todas las veces que Jesús quiere comunicar un mensaje importante, recurre a una parábola o comparación, sacada de la vida de cada día. En general, no explica las parábolas, porque tratan de cosas que todos conocen por experiencia. Una parábola es una provocación. Jesús provoca a los oyentes para que usen su propia experiencia personal para entender el mensaje que Él quiere comunicar. En el caso del Evangelio de este domingo, Jesús quiere que cada uno de nosotros analicemos la experiencia que se tiene de la sal y de la luz para entender la misión de nosotros los cristianos. ¿Habrá alguno en este mundo que no sepa qué cosa es la sal o la luz? Jesús parte de cosas muy comunes y universales para comunicar su mensaje. Usando imágenes de la vida cotidiana, con palabras sencillas y directas, Jesús hace saber cuál es la misión y la razón de ser de la Comunidad: ¡ser sal! En aquel tiempo la sal se vendía por los vendedores en grandes bloques, y estos bloques se colocaban en la plaza para poder ser consumidos por la gente. La sal que quedaba caía a tierra, no servía ya para nada y era pisado por todos. Jesús evoca este uso para aclarar a los discípulos la misión que deben realizar. Sin sal no se podía vivir, pero lo que quedaba de la sal no servía para nada. Jesús describe la misión de la comunidad. La comunidad debe ser sal de la tierra y luz del mundo. La sal no existe para sí, sino para dar sabor al alimento. La luz no existe para sí, sino para iluminar el camino. Nosotros, nuestra comunidad, no existimos para nosotros mismos, sino para los otros, para Dios. La comunidad no puede encerrarse en sí misma. Jesús no habla de que la sal es pisoteada o dejada de lado porque las personas no reconocen su valor o importancia, sino que, justamente, porque conocen y esperan de ella algo específico, al no encontrarlo ya no tiene sentido su existencia.
Con corazón salesiano
Don Bosco no duda en hacer conocer el bien que realiza. Pero no para hacerse ver, sino para manifestar la luz y la sal a quienes tal vez hayan desfallecido en su esperanza. Quería la unión de los buenos, de quienes se preocupan por los jóvenes, para que con su acción dieran sabor y luz a la vida de tantos jóvenes.
A la Palabra, le digo
Ayudanos, Señor, a que no me encierre en mis muros, en mis presuntas seguridades, y, encima, critique a la sociedad como “que no reconoce a Dios, y por esto lo/nos abandona”. Dame fuerza para ser lo que debo ser, y así, con la lógica del Reino que se esparce y hace lugar silenciosamente, dar tu sabor a los lugares donde me toque estar. |