Evangelio del Dia

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Jueves 10 de Septiembre de 2026

Lc. 6, 27-36

«Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian.  Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes.

Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.

Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.»

La Palabra me dice


Las palabras de Jesús, con sinceridad, me chocan al proponer el amor a los enemigos.

Seguir a Jesús comporta un posicionamiento que difiere del sentido común, como algo que se transita naturalmente. Implica un desafío y una experiencia. El desafío del amor sin exclusiones, hasta los enemigos, y la experiencia creyente de la paternidad misericordiosa de Dios. Tampoco ésta es transparente y naturalmente accesible; requiere de una capacidad integral para ver. 


Con corazón salesiano


Don Bosco hizo experiencia de la paternidad de Dios comenzando desde su propia crianza. Así lo transmitió en sus conocidas Memorias del Oratorio al rememorar las reflexiones maternas ante las 

circunstancias de la historia familiar de los Bosco – Occhiena.

Aquella confianza del punto de partida floreció en innumerables empresas y corazones que se sumaron a la misión salesiana. Don Bosco nos renueva el testimonio de Jesús sobre la paternidad de Dios: 

“Dibuja el signo de la cruz sobre mi vida,

guía mi mano temblorosa, tú que sabes de la fe.

… porque adivino en mi gozar por tu presencia

la mirada de otro Padre, la asistencia de su amor”


A la Palabra, le digo


¡Señor, que hagamos experiencia profunda de tu amor misericordioso, en la lectio de cada día, en el patio y en los más humildes!