La Palabra me dice
"Una vez que los despidió...". Es la misma multitud a la que dieron de comer la que ahora despide, también hace que los discípulos se le adelanten para quedarse solo e ir a orar a la montaña. Jesús busca ese espacio a solas con el Padre. Y provoca una distancia entre Él y los discípulos. "Remaban muy penosamente...". Sin Jesús con ellos, el viaje se hacía complicado, tenían viento en contra. Al ver esto Jesús comienza a ir hacia la barca, no puede desentenderse de los que ama. ¿Cuántas veces estar lejos de Jesús hace difícil mi viaje? ¿Cuántas veces no descubro a Jesús que siempre está a mi lado aunque el viento esté en contra? "Al verlo caminar sobre el mar...". Era de madrugada, estaban cansados, el viento en contra y ven a Jesús acercarse caminando sobre el agua... ¿Cómo no asustarse? Un escenario tan parecido a algunos momentos de nuestra vida, donde el cansancio, el tiempo y las dificultades no nos dejan ver a Jesús que llega. Sucede que no siempre viene de la manera que imaginamos, que esperamos. "Tranquilícense, soy yo; no teman...". El temor nos hace perder la paz, la tranquilidad. Jesús viene a calmarnos, a librarnos del miedo con su sola presencia. Como en Pentecostés, cuando el temor tenía a los discípulos encerrados, Él se aparece y transforma la incertidumbre en alegría. Qué bueno sería ser capaz de buscar en los momentos más oscuros simplemente encontrarme con Él y recuperar la paz.
Con corazón salesiano
Don Bosco encontraba vientos en contra que hubieran desanimado a cualquiera, pero su amor por los pibes y la fe le daba las fuerzas necesarias para no claudicar. ¿Cuántas veces cansado, habrá visto venir a Jesús en la madrugada, no?
A la Palabra, le digo
Jesús, que pueda reconocerte aún en las madrugadas de mi vida, cuando el cansancio y el desánimo me quitan las fuerzas para seguir remando. Que te sienta a mi lado cuando pierda la paz y la tranquilidad, cuando el miedo no me deje verte. Porque sé que siempre estarás conmigo.
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