Evangelio del Dia

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Viernes 12 de Junio de 2026

Mt. 11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana».

La Palabra me dice


Jesús dialoga tiernamente con su Padre diciéndole que todo está en sus manos, porque así Él lo quiere. El “querer” de Dios muchas veces nos provoca estupor y hasta rebeldía. Cuántas veces hemos “discutido” con Dios, especialmente reclamando algo que no hemos recibido y que estamos convencidos de que tenemos que poseerlo. Es esa lógica que nos descoloca: creemos que podemos lograr la felicidad sin Dios. Nos caemos de sus manos y nos lastimamos tanto que volvemos una y otra vez al encuentro de ese amor divino cobijándonos en su Sagrado Corazón. “¡Vengan!”, nos dice Jesús.  Vamos sin vuelta.


Con corazón salesiano


El Beato Francisco de Kesy y sus cuatro compañeros del oratorio salesiano de Poznań (Polonia) vivieron su fe cristiana en plena ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Eran jóvenes activos en el oratorio, comprometidos con la oración, la amistad y el servicio.

Fueron arrestados por los nazis por su testimonio cristiano y su vida comunitaria.

En la cárcel se mantuvieron firmes en la fe, animándose mutuamente con espíritu salesiano.

Murieron mártires en 1942, siendo reconocidos como ejemplo de fidelidad juvenil a Cristo.


A la Palabra, le digo


Oh Sagrado Corazón de Jesús,

te confiamos nuestra vida y nuestra fe.

Por intercesión de los beatos Franciszek Kęsy y sus cuatro compañeros del oratorio salesiano de Poznan, concédenos valentía para vivir el Evangelio con alegría y fidelidad.

Haznos generosos, firmes en la esperanza y ardientes en el amor. Amén.