Evangelio del Dia

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Martes 23 de Junio de 2026

Mt. 7, 6.12-14

«No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.»

La Palabra me dice


No den las cosas sagradas a los perros…

Las cosas sagradas son las cosas de Dios. Son las cosas que en la liturgia nos ayudan a hacer presente a Jesús entre nosotros. Es lo primero que se nos viene a la cabeza, posiblemente. 

Pero sagrada también es la vida de todo ser humano, sagrado es el amor que nos debemos los unos a los otros, sagrada es la justicia, sagrada es la creación… Todas estas cosas son de Dios. Tenemos que cuidarlas y no permitir que se manoseen. 


Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos…

Todas las confesiones religiosas del mundo tienen en sus escritos fundamentales esta ley. Es conocida como la “Regla de oro” porque de algún modo expresa una ley natural que está presente de un modo u otor en todas las culturas del mundo.

Es sin duda una ley universal. Es tan simple, tan de sentido común, tan llena de humanidad… Y tan ignorada por momentos.

Hacer a los demás lo que nos gustaría que hicieran con nosotros, amar a los demás del mismo modo que nos gustaría ser amados, cuidar a nuestros semejantes como nos gustaría ser cuidados… Así, con libertad y gratuidad.


Con corazón salesiano


Don Bosco era muy celoso de las cosas sagradas, las del culto… San José Cafasso fue un maestro para don Bosco en este sentido. Y también con él aprendió a ser celoso de la vida de sus muchachos. Los cuidaba y los amaba como un verdadero padre. 

El testimonio que tenemos de los primeros muchachos que vivieron con él en Valdocco, que muchos, después fueron los primeros salesianos nos hablan del celo de nuestro padre por la vida de sus hijos. Aún en detalles importantes como el cuidar los contratos de trabajo para que no sean explotados y maltratados por sus patrones. 

La traducción salesiana de la “Regla de oro” puede ser aquella expresión que define nuestro modo de amar: “No basta amar. Es necesario que los muchachos se den cuenta de que son amados”. Así es posible la reciprocidad en el amor educativo pastoral. 


A la Palabra, le digo


Señor Jesús, que seamos celosos de las cosas sagradas. Que nuestro corazón esté siempre atento para cuidar la vida de los adolescentes y jóvenes con los cuales compartimos la vida. Que podamos ayudarles a vivir con dignidad y en libertad, así como lo hizo nuestro padre don Bosco.

Que no sólo sean amados, sino que también puedan percibir el amor que brindamos, que pueda ser palpable por ellos/as. Y que juntos recorramos el camino que conduce al amor. Amén.