La Palabra me dice
“Y por causa de él, se produjo una división entre la gente”. Jesús provoca división. Optar por Él, seguirlo, nos ubica en un lugar, marca una posición en la vida y en la historia. La historia no es indiferente con la persona de Jesús. Todo lo que ha sucedido o ha sido antes o lo fue después de su nacimiento. Son muchas las personas y muchos los movimientos que se han esforzado por aniquilar cualquier rastro de su presencia en el mundo… y otros tantos y tantas, a lo largo y ancho de la historia se han lanzado a los cuatro vientos a anunciar su nombre, vida, su Evangelio, incluso, muchos, dando su propia vida. Jesús no nos deja indiferentes. Su presencia es un aguijón que invita a dar una respuesta, a favor o en contra, para amarlo hasta dar la vida o para negarlo, en las varias formas posibles, pero dar una respuesta. Él mismo dirá en otro pasaje: “No vine a traer la paz, sino la división”. (Mt.10,34) Y en el versículo siguiente, incluso aclara: “Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra” (Mt.10,35) El anciano Simeón le dirá a María, cuando lleve al niño Jesús a presentar al templo: “Este niño será causa de caída y elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción”. (Lc. 2,34) Ser signo de contradicción… El Maestro Jesús lo fue en su tiempo y entre su gente, anunciando la Buena Noticia del Reino. Es la invitación que recibimos de Él los que, con nuestras debilidades y pobrezas, intentamos ser sus discípulos y discípulas.
Con corazón salesiano
Si hay algo que no logró hacer nuestro padre don Bosco en su tiempo fue pasar desapercibido. La verdad que no. Todo el mundo en Turín, y en el Piamonte se podría decir, conocía a don Bosco y su obra. Algunos estarían a favor y se convertirían en sus defensores y bienhechores… otros serían sus enemigos declarados y opositores acérrimos. Y esto, no sólo en el ámbito civil y político, también en el ámbito religioso y eclesial. La personalidad de nuestro padre, su obra, sus proyectos, sus sueños, su fuerza pastoral, su tenacidad en el acompañamiento de los muchachos más difíciles provocaron en Turín las más variadas reacciones. Es que el fuego que ardía en su corazón, ese fuego “por ganar almas”, por llevar los jóvenes a Jesús y Jesús a los jóvenes era un fuego que impactaba a quien tuviera la suerte de conocerlo. El artículo 21 de las Constituciones de los salesianos refiere a una frase dicha por don Rúa, en una circular del 24 de agosto de 1894: “No dio paso, ni pronunció palabra, ni acometió empresa que no tuviera como objeto la salvación de la juventud. Lo único que realmente le interesó fueron las almas”. Ese fuego no pasó desapercibido… y lo contagió a otros miles en el mundo.
A la Palabra, le digo
Señor Jesús, tu vida, tu mensaje, tu presencia no nos es indiferente. Queremos seguir conociéndote, enséñanos a amarte y a seguirte con todas nuestras fuerzas. Que no tengamos miedo de contarnos entre tus discípulos y discípulas, que la alegría de anunciar tu Evangelio sea siempre más fuerte que cualquier dificultad o molestia que podamos tener. Te lo pedimos por María, tu Madre y Madre nuestra. Amén.
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