La Palabra me dice
“Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía…”. Quienes masivamente siguen a Jesús “ven” los signos pero no los interpretan. Ven sólo lo que quieren ver sin permitir que Jesús los ayude a agudizar la mirada. También los seguidores de Moisés no entendieron la naturaleza de su misión y dudaron frecuentemente de él. Admiro al que sabe contemplar, más allá de la apariencia simple de lo cotidiano, un “signo” de la presencia amorosa de Dios. Para el creyente toda circunstancia de la vida –buena o adversa- es el lugar propio del encuentro con Dios. “Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él…”. Los hombres, en general, no captamos la profundidad de los signos de Dios, pero Jesús “ve” en la multitud los signos de los hombres: estamos solos y abrumados, como ovejas sin pastor… Y, nuevamente, como tantas veces, Jesús se compadece de nosotros… Sentimos hambre –mucho más que hambre de pan– y Dios no se desentiende de nuestros “signos”. “Él decía esto para ponerlo a prueba…”. Jesús sabe lo que hay en nuestros corazones (cf Jn 2,24-25) ¿Por qué probarnos? Para que podamos comprendernos verdaderamente. Nuestra verdad tiene que quedar al descubierto para nosotros mismos, no para Dios. “¿Qué es esto para tanta gente?”. Frente a la enorme tarea que se nos presenta solemos ser víctimas de la impotencia: ¿qué suma nuestro esfuerzo frente a la dureza de la realidad? ¿Vale la pena seguir intentando?... «Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible» (Mt 19, 26). Nuestra pequeñez en sus manos puede convertirse en obras grandes. Impensables para nosotros pero posibles en el designio de Dios. “Tomó los panes…”. Un signo con sabor a Eucaristía. Un Pan capaz de saciar el hambre más profunda de la condición humana… No estamos solos en el desierto de la vida. Él se ha quedado con nosotros para saciar nuestra orfandad de Paraíso. La verdadera identidad de Jesús queda oculta a la mirada de los seguidores que ven en él un Profeta y un Rey. Títulos insuficientes para comprender, de verdad, quién es Jesús de Nazaret.
Con corazón salesiano
“Me importas mucho, tanto... que aunque no tuviera más que un pedazo de pan lo partiría a medias contigo”. Don Bosco ofrece a sus muchachos mucho más que el pan material: el pan del afecto, de la familia, del amor gratuito, de la dignidad, de la paternidad de Dios, de la santidad, del Paraíso… Sus chicos descubrieron en el milagro de la multiplicación de los panes que Don Bosco realizó en el pobre Oratorio de Valdocco un signo de la presencia providente de Dios.
A la Palabra, le digo
Señor, hoy nos invitás a descubrir los signos de tu presencia maravillosa en el desierto de nuestras vidas. Tenemos hambre del Pan Verdadero. Ese Pan que sacia nuestra hambre de Vida Auténtica. Queremos –como Don Bosco– multiplicar el Pan de tu amor para alimentar a nuestros hermanos, especialmente, a los jóvenes y a los pobres. Convertinos en Eucaristía para que podamos darte al mundo.
|