La Palabra me dice
Hoy podemos detenernos en estas dos expresiones: “Cuídense”, “Jesús se sentó”. La sugerencia que nos hace Jesús es de suma necesidad. Hoy en el mundo estamos cada vez más sensibles en el cuidado de la otra persona, del planeta, de las relaciones entre nosotros. Pero aquí Jesús nos advierte sobre la presencia de un grupo de personas que abundan en nuestros ambientes: la persona autoritaria. De esa forma tóxica tenemos que cuidarnos. Viendo a los demás, aunque comenzando por nosotros. Es así que viene la segunda escena: sentarse para ver la realidad. Y allí descubrimos a las personas buenas y honestas. Esa mirada es indispensable para que nosotros encontremos a tantas personas valiosas que viven a nuestro lado. Las mejores personas son las más humildes, las más verdaderas que saben dar, entregar, donar todo lo que son con la renuncia paciente, con el ofrecimiento del tiempo, con el acompañamiento silencioso, con la presencia inclaudicable, con la alegría fresca y radiante y también con las pocas monedas que tienen en sus bolsillos.
Con corazón salesiano
Ahora recordemos dos aspectos de Don Bosco: su autoridad y su generosidad. Don Bosco no fue autoritario, sino que se destacó por ser un padre con autoridad moral. Su pedagogía, conocida como el Sistema Preventivo, se basaba en la idea de que el educador debe ser amado, no temido, eliminando el uso de castigos físicos o imposiciones rígidas. Además, su generosidad fue absoluta y se manifestó como una entrega total de su tiempo, salud y bienes materiales para el bienestar de los jóvenes más necesitados. Su vida se definió por un desprendimiento radical, llegando a afirmar que "hasta mi último aliento será para mis muchachos”.
A la Palabra, le digo
Jesús, ayúdame a ser una persona generosa para que sea capaz de respetar a los otros y de ese modo construyamos la comunidad. Que me lleve siempre a renunciar a mi egoísmo sombrío e idiota.
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