La Palabra me dice
Imagino este evangelio cargado de imágenes y me quedo con la mirada de Jesús que contemplando a la multitud siente compasión de ella y piensa en lo que necesitan. Claramente vienen detrás de él hace varios días y por eso Jesús se da cuenta que tienen hambre. Jesús suele darse cuenta de todos los “hambres” que tenemos, pero muchas veces no sale al paso enseguida sino que espera que alguien más se dé cuenta, que alguien más reacciones, que alguien más vaya teniendo su mirada compasiva, misericordiosa, atenta. Uno se puede preguntar de dónde aprendió Jesús a tener una mirada compasiva, misericordiosa, atenta y enseguida caemos en la cuenta que María en Caná (y en tantas otras oportunidades) le enseñó a tener esa mirada que presta atención al otro/a, al contexto, al grupo. Una mirada que se deja conmover por los rostros, las sonrisas y las historias que cargan cada una de esas personas que lo siguen. Podemos traer imágenes de multitudes de nuestro mundo: los partidos del mundial en esos estadios imponentes; las barcazas que cruzan el mar mediterráneo lleno de personas que buscan una vida digna con esperanza; las caminatas a Luján; la multitud que salió a festejar a la selección de fútbol; y… tantas imágenes más podríamos traer al corazón. Y nos viene como una caricia al alma, saber y sentir que Dios sigue mirando a la multitud y tiene compasión de ellos. Todavía se sigue preguntando qué necesitan, porque el Señor sigue dándose cuenta que esas multitudes tienen “hambre”. Y cuando se dirige a nosotros y nos dice «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos», cómo te sientes ante esa indicación de Jesús. ¿Qué puedes sumar para calmar esa hambre de hoy? ¿será que si nos unimos podemos juntos acompañar y animar la vida de tantos hambrientos de hoy?
Con corazón salesiano
Con Maín y Juan también nosotros aprendemos a mirar a los jóvenes, y a mirarlos con amor como Jesús lo hizo. Aprendemos a mirarlos con corazón compasivo, porque sabemos de sufrimientos, heridas, abandonos, despojos, soledades y tantas situaciones que tienen a los y las pibes de hoy atrapados y muchas veces sin salida. Juan Bosco visitando las cárceles se encontró con una multitud de pibes sanos e inteligentes amontonados sin luz ni aire, sin recibir educación ni afecto. Se dio cuenta que muchos salían y volvían a delinquir porque estaban solos y sin un guía que los ayudara a reinsertarse en la sociedad. Juró hacer todo lo posible para que los muchachos no llegaran nunca a pisar una celda. Pensó que si un joven tenía un amigo afuera que lo esperase y guiase, se reduciría la reincidencia. Así ideó los oratorios y el sistema preventivo.
A la Palabra, le digo
Te invito a cerrar este rato de oración con esta bonita canción que acompañó el X Congreso Eucarístico Nacional, porque sólo con Jesús y en su nombre podemos “darles de comer” a las multitudes que gritan la presencia de Dios. https://www.youtube.com/watch?v=ZCnDm7GVZsQ
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