Evangelio del Dia

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Martes 08 de Septiembre de 2026

Mt. 1, 1-16.18-23

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asaf; Asaf, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amós; Amós, padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia. Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».

La Palabra me dice


Frente al despliegue de ancestros de José y Jesús que referencia Mateo uno imagina la huella silenciosa del largo caminar de tantos otros y otras, más o menos conocidos o anónimos; más o menos creyentes; más o menos contradictorios; más o menos padres y madres cabales. Jesús emerge de esta secuencia humana, ordinaria y misteriosa a la vez. Hará la experiencia de nacer, crecer, trabajar, creer, duelar y amar desde lo que en su familia asimiló (o no), procesó (o no), eligió (o no). Tan ordinariamente como cualquiera y tan particularmente como se desplegó su propia vida. Pero la raíz estará allí, desde Nazaret hasta la cruz, transido por la experiencia insoslayable de sus padres y su familia, que peregrinaron con todo Israel en la esperanza del “Dios con nosotros”.


Con corazón salesiano


En los evangelios se destaca la presencia de María, discreta y firme a la vez: la anunciación, la visita a Isabel, la cruz, Pentecostés... En cada una de esas escenas leemos actitudes que queremos asumir junto con nuestras comunidades. Estamos llamados a renovar la piedad mariana tan presente en Don Bosco y Madre Mazzarello. 


A la Palabra, le digo


Quiero ahondar en mi historia y la de mi comunidad como expresiones del peregrinar del pueblo de Dios.

Teniendo presente a María en los evangelios, quiero buscar las formas de renovar mi experiencia de fe en el equilibrio entre contemplación y acción, con modos que sean significativos en el hoy de nuestro contexto. 

Te pido, Señor, discernimiento para plasmar estos anhelos en un propósito concreto y realizable.