La Palabra me dice
“Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”: me habla de una entrega que nace del interior de la Trinidad misma. Dios sale de sí mismo para donarse (en el Hijo), pero respeta sin fisuras la libertad del ser humano que puede decirle “no”. Dios se deja afectar por nosotros y esta es la verdad revelada en la cruz: el amor compasivo de Dios se autolimita y por eso mismo puede sufrir con nuestras opciones. «Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo”: Al descender, se hizo solidario con nuestra condición y nuestra historia. La asumió con todas sus consecuencias para elevarla. La historia de la vida, pasión y muerte de Jesús es el escenario terreno e histórico de una entrega que en Dios se da eternamente.
Con corazón salesiano
Estamos llamados a resignificar el kerigma pascual para proponerlo a los jóvenes de hoy; para redescubrir su dinámica en los distintos ámbitos de la convivencia social, del trabajo, de la educación y del cuidado de la creación.
A la Palabra, le digo
Señor, acrecienta nuestra fe para dimensionar y contemplar ese “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”. Que no descuidemos nuestra formación y compromiso de modo tal que dejemos atrás las formulaciones desgastadas y envejecidas y anunciemos con fuerza tu evangelio.
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