La Palabra me dice
“Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás”, “Pero Abraham murió”: Un diálogo de sordos. Quienes están con Jesús no tratan de entender lo que dice, sino de, a partir de lo que dice, encontrar motivos para acusarlo. En parte nos pasa lo mismo, cuando en nuestra sociedad pedimos “diálogo”, y en el fondo lo que se anhela es obligar al otro a que piense como yo. No se tienen ni los oídos, ni la mente, ni el corazón disponible para tratar de entender a quien me está hablando. Y esto lo da la pauta de que, no pocas veces, no escucho a quien está hablando, sino que en mi interior ya estoy armando la respuesta que refuta lo que el otro me está diciendo “Al que, sin embargo, no conocen”: Estas palabras de Jesús deben haber sido como una espada que hiere la auto-estima de los judíos. Decir a las autoridades religiosas que no conocen al Dios que dicen conocer, es lo mismo que acusarlos de total ignorancia en aquel asunto sobre el cual enseñaban ser doctores especializados. Reviso cuando alguno contraría o contradice lo que digo o lo que hago. Si enseguida trato de defenderme justificando mi acción, o trato de entender lo que me dice, y descubrir qué verdad, desde Dios, está escondida en la aparente contradicción.
Con corazón salesiano
Don Bosco no parte de planes prefabricados, sino que trata de desarrollar su vocación, el llamado de Dios para su vida, con la ayuda de otras personas, recorriendo las calles de Turín, atento a los cambios de su tiempo, sin esperar que las cosas cambien o sean las ideales para actuar, sino “dialogando” con lo que ocurría cada día, sobre todo con las necesidades de los jóvenes.
A la Palabra, le digo
Te invitamos a cantarrezar el ¡Yo soy! de Jesús, con la canción “Yo soy la verdad”, del P. Eduardo Meana, que podés encontrar en el link https://www.youtube.com/watch?v=Fl6WixX9170
|