La Palabra me dice
“A contracorriente” nos decía el Santo Padre Francisco al referirse a las bienaventuranzas de Nuestro Señor Jesús. Escuchamos de ellas: “son muy duras…”, “no hay quien las ponga hoy en práctica”. Sí. Van a contracorriente de lo que es costumbre, de lo que hace la sociedad. Las encontramos en el “Sermón del monte”. Forman un todo que no puede ser separado de este sermón. Aunque alguna en particular resuene de acuerdo a nuestras circunstancias, dejemos que todas ellas nos interpelen hoy, en comunión con nuestros hermanos santos y santas. Las bienaventuranzas ante todo, nos muestran quién es Dios, cómo es, qué opciones toma. Se refieren a Jesús: Él es el primer bienaventurado. Vivió cada una de las actitudes que las definen y nos las explicó con su vida, desde su nacimiento pobre hasta su muerte en la Cruz. Reconocemos a ese gentío al cual el Señor dirige estas palabras de vida: proclama “felices” a personas que se encuentran en una situación que parece desmentirla. Además de declarar que ya son felices, Jesús les hace una promesa. Hoy pedimos por ese pueblo y tomar parte por ese pueblo, que en nosotros son los jóvenes. Siendo gracia antes que exigencia, hoy pedimos la fuerza para entrar una vez más en su espíritu, en su camino que conduce a la felicidad. “Las bienaventuranzas te llevan a la alegría, siempre; son el camino para alcanzar la alegría”. (Papa Francisco).
Con corazón salesiano
“Vivir el espíritu de las bienaventuranzas con el estilo de Valdocco es hacer surgir una amistad íntima entre Jesucristo y el joven. Ya no se contenta con el primer encuentro ni con la simpatía hacia el Señor; se quiere ahondar su conocimiento y la adhesión a su persona y a su causa” (CGXXIII, n. 167).
A la Palabra, le digo
“En espíritu de bienaventuranza: alegrémonos y regocijémonos de su salvación” En tiempos del “uso y tiro” aprender de la infinita misericordia de Dios que siempre nos rescata, un Dios que nunca desecha nuestra vida. En tiempos de “PedidosYa”, que nos demos tiempo para “digerir” lo que vivimos, de aceptar el ritmo sabio de las cosas que maduran para un día florecer y dar fruto como nos enseña el ritmo de la creación. En tiempos de apuestas virtuales, que juguemos “el partido que a cada uno nos toca” aceptando los resultados más allá de nuestros deseos. En tiempos de scrolleo elegir hacia dónde y hasta dónde dirigir mi (valiosa) mirada. En tiempos de “reaccionar”, antes respirar, dar paso a otro paso, “corazonar”, desarmar nuestro lenguaje. En tiempos de eficiencia vivir el límite, el error, la crisis y el fracaso como un camino hacia la paz. En tiempos de “generación de cristal” que no nos engañen: la trasparencia muchas veces cuenta y el vidrio roto es de los materiales 100% reciclables. En tiempos de filtros, imagen y estética, transformar la herida en vida. En tiempos de pantallas, likes, seguidores no ser “fotocopias” y seguirlo sólo a Él. “¿Quién dijo que todo está perdido? “Yo vengo a ofrecer mi pobre corazón”, volver al corazón: ¡te pedimos ayúdanos manso y humilde Corazón de Jesús! “En espíritu de bienaventuranza: alegrémonos y regocijémonos de su salvación”
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