Evangelio del Dia

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Jueves 22 de Octubre de 2026

Lc. 12, 49-53

«Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

La Palabra me dice


¿Jesús no habrá querido decir “revolución”? En nuestros ambientes siempre aparece una persona que posee ese don de cambiar las cosas de lugar, de imprimirle un ritmo veloz a la vida, de colocar patas para arriba lo que encuentra, de que al paso de ella todo se transforma. Sí, hay que convivir con alguien así. Pero ayuda mucho. Revoluciona nuestras ideas y nuestras costumbres. Nos desinstala. Nos avisa, nos moviliza, nos lleva a ver la realidad en su conjunto. Esa visión pirómana de Jesús es una alegoría que nos invita a saber transformar el entorno abriendo puertas y ventanas para que circule el aire del Evangelio, comenzando por nuestro corazón y nuestro cerebro. Estas “zamarreadas” de Jesús nos hacen bien a todos en el preciso lugar donde vivimos junto a nuestros compañeros de viaje, en la familia, con los amigos, en el barrio, en la parroquia, en la escuela, en la vida deportiva, en el oratorio, en el grupo juvenil. Nos impulsa a salir. Es la preciosa misión que tenemos.


Con corazón salesiano


El P. Fabio Attard, Rector Mayor de los Salesianos de Don Bosco nos recuerda:

“Don Bosco comprendió que la devoción a María Ausiliatrice era indispensable. En ella encontró a la Maestra que le indicó el campo de trabajo entre la juventud, y la Madre que sostuvo cada una de sus obras en los momentos de gran prueba. Caminar hoy con Don Bosco implica dejarse guiar con confianza por María, sabiendo que Ella continúa haciendo milagros en la vida de los más jóvenes”. 


A la Palabra, le digo


Padre celestial, te entrego los anhelos que han surgido en esta lectura.

Que tu amor infinito transforme mis debilidades en instrumentos de tu gracia.