La Palabra me dice
Solo un amigo (es decir, un vínculo de mucha confianza) puede atreverse a pedir inoportunamente. Pero pareciera que aún más que la amistad, debe ser por la insistencia que conmueva el corazón de Dios ante mis pedidos.
Con corazón salesiano
La oración era para Don Bosco “la obra de las obras”, porque la oración “obtiene todo y triunfa de todo”. Es lo que “el agua para el pez, el aire para el pájaro, la fuente para el ciervo, el calor para el cuerpo”. Y así también se reería a ella: “¡Ay del que descuida la oración!”; “La oración es la única fuerza con que podemos contar”.
A la Palabra, le digo
Te pido, Padre, que suscites en mí el deseo profundo del coloquio personal contigo. Dame capacidad para poder expresar con mis palabras la alegría de ser hijo tuyo, y ayúdame a encontrar en la oración el sostén de mi vida de apóstol para mantener siempre vivo el amor a ti y al prójimo, y alimentar mi entrega a los jóvenes. Sugiero la bella canción de Cristóbal Fonés, “Como un amigo a un amigo”: https://youtu.be/zllwraeAzRM
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