Evangelio del Dia

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Sábado 07 de Noviembre de 2026

Lc. 16, 9-15

«Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? .Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?

Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero».

Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús. Él les dijo: «Ustedes aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios.»

La Palabra me dice


Hacemos camino hacia las moradas eternas, qué sentido tiene entonces perder tiempo con los celulares, los nuevos ídolos hasta que venga el siguiente. Pero también el ídolo del dinero de las tarjetas. Cuántas de estas cosas son mera apariencia. Pero Dios conoce nuestros corazones, nuestra intimidad más íntima. Él nos ha confiado “el verdadero bien” con todos sus dones. Por eso, cuando me descubro a mí mismo alejarme del Reino, me pregunto: ¿Por qué me conformo con cosas chiquitas que sólo duran un rato, yo que también estoy caminando hacia las moradas eternas?


Con corazón salesiano


Don Bosco fue un gran recaudador. Encantaba a todo el mundo, con su corazón desprendido pero lleno de proyectos. A lo largo de nuestra historia hemos recibido mucho apoyo. No solo de las clases pudientes, también de los pobres. Pero también de los muchachos que egresaban de nuestros colegios, sintiéndose felices exalumnos. A Don Bosco no se le pegaba un billete para sí mismo. También a los salesianos de ayer y de hoy. Si algo de esto hubiera pasado, pido humildemente perdón.


A la Palabra, le digo


Gracias Señor porque Tú eres el Creador y estamos llamados a compartir contigo el cuidado por la casa común. La tierra es el maravilloso camino por donde transitamos hacia “las moradas eternas”. Y nos has dado la administración de estos dones. Ayúdanos a administrar sabiamente esos dones y a despegarnos de las cosas que no duran o que duran muy poquito tiempo. Eso forma parte de la “astucia evangélica”. Hoy como ayer necesitamos un corazón libre y generoso que pueda decir repetidamente: “Todo es para tu gloria Señor.”