La Palabra me dice
¿Por qué los endemoniados salen al encuentro de Jesús? Sencillamente podrían haberse hecho a un costado del camino y pasar desapercibidos para seguir atormentando a los transeúntes de aquella región. Seguramente esto lo hacen debido a su ignorancia. Sin embargo, y he aquí una idea fuerte del relato, lo reconocen y a vivo revelan su identidad: “Hijo de Dios”. Resulta irónico que, en primer lugar, sea el mal el que reconozca a Jesús y cuando esto acontece, sabe que no tiene las de ganar pues reconoce la plena autoridad de Dios: Ellos no se alejan, no se van por iniciativa propia, al contrario, piden al Señor que los destine a la piara. Esta escena conmociona a toda la comunidad al punto que se niegan a acoger a Jesús. Lo que evidencia este gesto, es que muchas veces, se prefieren las seguridades de este mundo, incluso si no son las mejores (representadas con la impureza de los cerdos), a recibir al Señor en nuestro interior. Jesús vino a este mundo para mostrarnos que la oscuridad no prevalece sobre la Luz, que las tinieblas de la muerte no tienen la última palabra pues con su gloriosa resurrección se ha mostrado como el Sol que no conoce el ocaso.
Con corazón salesiano
En varias ocasiones Don Bosco soñó cómo muchos jóvenes se dejaron llevar por las distracciones del mal, y cómo los que no, les hicieron frente a estas seducciones gracias a la vida sacramental, especialmente en la reconciliación. Él insistía sin cansancio que los muchachos se acercaran a la confesión y hoy nos invita a que nosotros hagamos lo mismo. Ahora, recordemos que la mejor manera de invitarlos es dando el ejemplo. Acudamos con frecuencia al encuentro de la misericordia del Padre, para que celebremos con dignidad el encuentro con el Hijo llenos del gozo del Espíritu.
A la Palabra, le digo
Te pedimos Señor que nos liberes de todos nuestros apegos para que, siendo ejemplo para nuestros jóvenes, salgamos constantemente a tu encuentro en los sacramentos y los vivamos con profundidad. Amén.
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