La Palabra me dice
“...conseguir la Vida eterna”: Muchas veces nuestras enseñanzas evangélicas, y no pocas también nuestros testimonios personales o comunitarios, quedan reducidos al marco de la escena que hoy contemplamos: cumplir prescripciones y recibir el premio (merecido, obvio...) de parte de Dios. Y la fuerza del evangelio, vino nuevo que rompe los odres, levadura y tesoro, queda reducida a un código moral. Quizá hoy el Señor nos puede estar invitando a revisar qué evangelio estamos siguiendo. O aún más, ¿de qué Maestro somos discípulos? ¿Es la antigua enseñanza o la nueva la que nos inflama el corazón de discípulos? "Si quieres ser perfecto...". y la invitación va al abandono de las riquezas. El muchacho no se anima a hacerlo, tiene mucho. No puedo dejar de pensar en los inicios de Don Bosco: necesidad hasta el extremo, pobreza y abandono en la Providencia. Y, como contrapartida, ambientes llenos de alegría, entusiasmo por seguir ese estilo, corazones rebosantes de amor, abandono en Dios y menos "calcular" lo que vendrá.
Con corazón salesiano
Don Bosco que no encuentra su camino mientras busca seguridades, aún materiales, en su discernimiento vocacional. Mamá Margarita advierte a Juan, "Si algún día te hicieras rico, no pisaría más tu casa".
A la Palabra, le digo
Señor, aquí te traemos nuestros corazones, muchas veces entristecidos, llenos de cosas, de logros, de paredes, de tecnología... y quizá lejos de Vos y de los jóvenes pobres. En el silencio queremos volver a oír tu invitación y juntos (¡juntos!) te pedimos que nos animes a dar algún pasito.
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