La Palabra me dice
"¿Quién eres tú? ¿Qué dices de ti mismo?". Pocas preguntas son tan directas como éstas y nos exigen responder desde lo profundo de nuestras vidas, no tanto por agradar, quedar bien o zafar. Me hago esta pregunta a mí mismo, y reviso si estoy a gusto con esta respuesta... Analizo también si la respuesta habla de quién soy hoy, o más bien de quién quisiera ser... "Yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". Estamos en tiempos donde una cierta idea del éxito predomina en todos, y ser segundos o reconocer alguna cosa que no se puede implica ser vistos como débiles o que nosotros mismos nos consideremos "fracasados". Reviso cuál es mi criterio de éxito.
Con corazón salesiano
"Sacerdote, siempre sacerdote". Llama la atención en Don Bosco la fuerza que tuvo en él la convicción sobre la vocación a la que Dios lo llamaba. Convicción que se fue clarificando a lo largo de sus años de adolescente y joven (pensemos en los diferentes caminos que pensó en tomar antes de entrar al Seminario en Chieri -misionero, religioso franciscano, etc-, en las alternativas una vez ordenado sacerdote -atención pastoral en su pueblo, docente particular, etc-) No pensemos que Don Bosco lo tuvo claro desde el principio: al relatar el sueño de los 9 años, el propio Don Bosco nos cuenta -ya con 58 años- que el mensaje final de la Virgen en ese sueño fue "a su tiempo todo lo comprenderás". Comprender quién soy y para qué estoy en la vida es de las cosas que Don Bosco buscaba con insistencia que sus jóvenes del Oratorio pudieran clarificar.
A la Palabra, le digo
Que no tenga miedo de preguntarme a mí mismo, Señor, quién soy, y a dónde voy. Lo que los demás dicen de mí suele serme de mucha preocupación. Y a veces no me detengo a poner en claro qué digo yo de mí. Que sea misericordioso conmigo mismo, Señor. Ya que así eres vos conmigo, porque querés el mayor bien y comprendés mis idas y vueltas, mis aciertos y errores. Amén.
|