La Palabra me dice
"¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente". Primero lo rodean… como para “apretarlo”… La pregunta, entre irritada y hostil, suena a amenaza. Seguramente les molesta que él vaya a dar su vida por las ovejas, por las otras, porque ellos no se consideran del rebaño. Y Jesús no se pierde la oportunidad de hacérselo ver: “ustedes no creen, porque no son de mis ovejas”. Primero tiene que darse el vínculo, el afecto de ida y vuelta que se da entre el pastor y sus ovejas, luego, de allí, surge la fe: “mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”. “Las obras que hago dan testimonio de mí”. Todo está a la vista: los sordos oyen, los paralíticos recuperan la movilidad, los pobres son evangelizados, el pan es multiplicado y repartido… No se trata de una cuestión académica, sino vital. Esas son mis credenciales: mis obras, ¿qué más quieren que les diga? Jesús tira por tierra toda legitimidad que no se apoye en el modo de actuar. Nuestras actitudes manifiestan cuanto creemos… “Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos”. Lo más importante para Jesús es el rebaño, la nueva comunidad que el Padre le entregó y por la que está dispuesto a dar la vida. “Yo y el Padre somos uno”. Con esta afirmación Jesús no manifiesta explícitamente que es el Mesías, pero está diciendo que en él se hace presente el Padre. Él es el nuevo templo donde habita Dios. Él que lo acepta, acepta al Padre, el que lo rechaza, rechaza al Padre. No hay término medio.
Con corazón salesiano
La adhesión de Don Bosco a Jesús es la clave de interpretación de todo su obrar: el Oratorio, expresa el espesor de su fe en Dios. El salesiano se reconoce por el obrar, por el trabajo, pero no por el activismo. Cuando todo lo que hace surge del sentirse enviado y es expresión de su unión con el Padre, el trabajo se transforma en “testimonio”, es revelador de la presencia de Dios en la historia. Lo dirá Madre Mazzarello, con una fórmula sencilla que condensa esta experiencia de unión con Dios, al referirla a las chicas que aprendían costura en Mornese: “cada puntada de aguja, un acto de amor a Dios”
A la Palabra, le digo
Concedenos Señor vivir apoyados no en teorías sino en el testimonio de nuestras obras en favor de los jóvenes más pobres y abandonados, de quienes están más necesitados. Que nuestra caridad sea concreta, manifiesta, “muscular”; y que nuestro cansancio del trabajo de cada día, nos traiga al corazón la alegría de sentir que, como Jesús, estamos entregando la vida por el rebaño.
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