La Palabra me dice
Jesús pone en evidencia la forma particular que tenían los escribas y fariseos para ejercer la autoridad, con hechos y con palabras. Lo tenemos en cuenta, pues, en nuestras comunidades para evitar estos anti testimonios de aquellos que nos animan. Aun así, sabiendo que esta expresión de nuestro humanismo muchas veces nos divide y nos desgasta, el verdadero Maestro nos propone el servicio como la única forma de gobernar. Servir a los demás será la exclusiva preocupación del guía de la comunidad. En las primitivas comunidades cristianas este renglón se cumplía (y aquí suena muy bien la palabra “cumplir”, porque se actualizaban las palabras de Jesús) con la mirada libre y sin intereses personales para crear la fraternidad. Esta palabra, aunque parece estar dirigida a un grupo específico de la comunidad, nos compromete a todos por igual. Creo no equivocarme en decir que los más humildes son los que más sirven en nuestros ambientes comunitarios. Por eso no podemos quedar atrapados por la retórica de “¡Ah, eso a mí no me corresponde!”. Jesús nos invita a practicar el servicio.
Con corazón salesiano
El servicio de Don Bosco siempre estuvo organizado. Su trabajo comenzó en Turín y luego se trasladó por el mundo. En 1854, dirigiéndose al grupo de jóvenes con los que fundó una congregación religiosa, Don Bosco dijo: “Nuestra Señora quiere que fundamos una Sociedad. He decidido que nos llamaremos Salesianos. Pongámonos bajo la protección de San Francisco de Sales”. Varios años después, en 1859, Don Bosco fundó la Congregación Salesiana. También en 1872 cofundó, junto con María Mazzarello, la Comunidad de las Hijas de María Auxiliadora. Una congregación que haría un trabajo similar al de San Juan Bosco, pero con mujeres. Para 1875, enviaría misioneros a varias partes del mundo, con el trabajo de trabajar por los pobres, los jóvenes y crear una sociedad más equitativa y cristiana.
A la Palabra, le digo
Querido amigo Jesús, luego de escuchar tus palabras estoy disponible para servir. Caminaré contigo, conociéndote, conociendo a mis hermanas y hermanos y conociéndome para ser un instrumento útil en la construcción de la comunidad de fe.
|