La Palabra me dice
El evangelio de hoy describe la llamada y la misión de los doce apóstoles. Jesús comienza con dos discípulos a los que añade otros dos (Mc 1,16-20). Poco a poco el número fue creciendo. Lucas informa que llamó a los 72 discípulos para que fueran con él en misión (Lc 10,1). Jesús los llama para una doble finalidad: estar con él, esto es, formar la comunidad de la que él, Jesús, es el eje, y rezar y tener poder para expulsar los demonios, esto es, anunciar la Buena Nueva y luchar en contra del poder del mal que arruina la vida de la gente y aliena a las personas. Marcos dice que Jesús subió al monte y, estando allí, llamó a los discípulos. La llamada es una subida. En la Biblia subir al monte evoca el monte al que Moisés subió y tuvo un encuentro con Dios (Ex 24,12). Lucas, en cambio, dice que Jesús subió al monte, rezó toda la noche y, al día siguiente, llamó a los discípulos. Rezó a Dios para saber a quién elegir (Lc 6,12-13). Después de haber llamado, Jesús oficializa la elección hecha y crea un núcleo más estable de doce personas para dar mayor consistencia a la misión. Y también para significar la continuidad del proyecto de Dios. Los doce apóstoles del Nuevo Testamento son los sucesores de las doce tribus de Israel. Nace así la primera comunidad del Nuevo Testamento, comunidad modelo, que va creciendo alrededor de Jesús a lo largo de los tres años de su actividad pública. Al comienzo, no son nada más que cuatro (Mc 1,16-20). Poco después la comunidad crece en la medida en que va creciendo la misión en las aldeas y poblados de Galilea. Llega hasta el punto de que no tienen tiempo ni para comer ni para descansar (Mc 3,2). Por esto, Jesús se preocupaba de proporcionar un descanso a los discípulos (Mc 6,31) y de aumentar el número de los misioneros y misioneras (Lc 10,1). De este modo, Jesús trata de mantener el doble objetivo de la llamada: estar con él y enviarlos. La comunidad que así se forma alrededor de Jesús tiene tres características que pertenecen a su naturaleza: es formadora, es misionera y está inserta en medio de los pobres de Galilea.
Con corazón salesiano
Don Bosco va llamando a muchos jóvenes, hombres y mujeres para crear comunidad y para prestar un servicio, atender una misión. Quiere involucrar a todos los que hacen el bien de los jóvenes, anhelando "la unión de los buenos", inaugurando formas de trabajo en red. Esto, sin dejar de recordarle al Estado que es, en el fondo, su responsabilidad la de atender las personas de estos jóvenes, y casi exigiéndoles a los diferentes organismos estatales que cumplan esta responsabilidad ayudando y sosteniendo a sus iniciativas.
A la Palabra, le digo
Ayudanos, Señor, a que podamos reconocer tu llamada, esa que nos hacés desde lo que somos, vos que nos conocés a fondo. Que sepamos responder con generosidad. Que confiemos en que vos nos darás la fuerza para hacer y anunciar el bien.
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