La Palabra me dice
El no-amor o el anti-amor es sancionado intensamente, pero siempre se nos da la posibilidad de reconciliarnos y así presentar nuestra ofrenda. Un hombre de nuestro tiempo nos muestra la “nobleza” con que se puede actuar con el sentimiento de perdón. Durante la década del 90, siendo secretario de cultura, José Castiñeira de Dios, fue duramente criticado por el director de cine, Leonardo Favio. Pues bien, el mismo Castiñeira, mostró años más tarde un cuarto de página de un diario en el que, con grandes letras, Favio le pedía humildemente perdón, por haberlo criticado injustamente. La nobleza y la belleza del perdón fluyen constantemente en el Evangelio de Jesús. Y podríamos dar otros testimonios de esta actitud. El mismo Jesús murió perdonando a sus verdugos.
Con corazón salesiano
En la obra de Don Bosco sobre todo entre los internos había muchas ocasiones de roces entre los chicos, pero siempre se trataba de comenzar de nuevo. Siendo clérigo, el P. Vacchina expuso públicamente a un muchacho por una falta. Habiéndolo perdonado, éste se sintió de tal modo reconocido que después reinició una relación más intensa con el salesiano. Conocemos también la anécdota de Domingo Savio, que supo interponerse entre dos compañeros que querían agredirse físicamente.
A la Palabra, le digo
Señor Jesús, Tú que nunca rechazaste a nadie y, por el contrario, con tu Cruz nos redimiste a todos, ten piedad de nosotros y haz que podamos siempre perdonar, sabiendo que esos gestos van construyendo el Reino día tras día. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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