Evangelio del Dia

Buscar por fechas

Miércoles 11 de Marzo de 2026

Mt. 5, 17-19

«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

La Palabra me dice


Somos libres en la medida que conocemos la amplitud de la ley y la cumplimos. Pero el secreto está en el espíritu de la ley. Porque si nos quedamos en el cumplimiento de la “i” o de la “coma”, o sea, en la letra de la ley, no llegaremos a ser verdaderamente libres. Es lo que ocurre cuando adoptamos posturas legalistas que defienden más la norma que a la persona, por ejemplo. Experimentamos así una deshumanización en las relaciones personales quedándonos en el rigorismo de la ley. Por eso Jesús nos pide conocer y enseñar la propuesta que nos hace libres, o sea, la verdad.


Con corazón salesiano


Don Bosco reaccionó ante la ley y la autoridad civil con un enfoque pragmático y equilibrado, basado en su lema de formar "buenos cristianos y honrados ciudadanos". Su actitud se caracterizó por la sumisión a las leyes del Estado, siempre que estas no contradijeran la moral cristiana o la libertad de la Iglesia. En noviembre de 1851, Don Bosco firmó un acuerdo con el maestro vidriero Carlos Aimino para proteger a un joven aprendiz. El documento incluía por primera vez cuatro firmas: la del patrono, el aprendiz, el educador (Don Bosco) y la familia del joven. Para asegurar la dignidad del menor, estipuló condiciones que hoy son universales, pero que en aquel entonces eran inauditas: El aprendiz tenía derecho a 15 días de vacaciones anuales remuneradas; Se prohibía trabajar los domingos y días festivos; El sueldo no era fijo, sino que debía aumentar conforme el joven adquiría habilidades durante los 3 años de aprendizaje; El patrón se comprometía a corregir al joven "con palabras y no con golpes"; El joven debía ser empleado exclusivamente en aprender su oficio y no en otras tareas domésticas del patrón.


A la Palabra, le digo


Jesús: dame fuerza para vivir en libertad cumpliendo mis obligaciones y respetando a los demás.