Evangelio del Dia

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Martes 21 de Abril de 2026

Jn. 6, 30-35

Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo».

Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo».

Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».

Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed».

La Palabra me dice


“Yo soy el pan de vida”. Quiero detenerme hoy en esta palabra. Jesús se presenta no sólo como dador de pan, sino como “el mismo pan”. Él es el pan que desciende del cielo, enviado por el Padre. El proyecto de su Padre es que sea pan de vida para la humanidad.

El pan-alimento, se identifica de hecho con la vida: si falta pan, la vida se muere. Él es pan de vida. El maná, si bien fue prodigioso, no es sino un anticipo simbólico del pan que será Jesús y que saciará el “hambre” del pueblo.

Pero ¿qué clase de pan es este? Es el “verdadero pan del cielo”. Es un alimento distinto de todos los demás que se producen en la tierra o que provienen del espacio (del cielo terreno). Él viene de Dios, pertenece a Dios, desciende del Padre, y por tanto encierra en sí la vida divina. Si el pan común es energía de vida, ¡qué súper energético es este pan!

Y de hecho, el que lo come “jamás tendrá hambre”: No padecer hambre es el objetivo de vida mínimo (y a veces máximo) de miles de millones de personas en el mundo. Se busca trabajo para conseguir el pan de cada día. Y sin embargo cuántas criaturas que mueren hoy mismo de hambre ¡Si toda la humanidad conociera y se alimentara de este pan…!

Si Jesús es pan que se ofrece hay que comerlo, masticarlo, digerirlo, consustanciarse con él. El pan que dura es el amor, concretado ahora en Jesús mismo como don de amor. La unión a él comunica la vida divina, el amor sobrenatural. Si comemos al amor, nos hacemos amor. Comer a Jesús es también abrazar su causa: hacernos pan para los demás. Entregarnos, repartirnos, dejarnos comer a su vez por los que nos necesitan.


Con corazón salesiano


La preocupación de Don Bosco fue en gran medida buscar el pan para la multitud de sus chicos. En el Oratorio se había formado el grupo de los que recogían cada pedacito de pan para que no se pierdan. Y Don Bosco era uno de los que comía esas sobras secas…

Pero más que el pan-alimento natural él buscó alimentar el corazón de sus chicos, enamorándolos de Jesús. Ellos sabían que el mejor regalo que le podían hacer era una santa comunión.

Y particularmente vivió esta dimensión eucarística de Jesús Domingo Savio, quien en su primera comunión se propuso firmemente que “mis amigos serán Jesús y María”, y que, como consecuencia de esta amistad, se puede proponer “morir antes que pecar”, o sea, dejar de vivir antes de romper esta amistad con Dios.


A la Palabra, le digo


Hoy quiero rezarte durante todo el día esta invocación de la gente: “Señor dame siempre de ese pan”. La repetiré como jaculatoria que ilumine cada momento del día con el deseo de vivirlo como lo haría Jesús mismo.

Dame Señor ser también yo pan para el hambre de mis jóvenes. Que todo lo que organice, trabaje y realice hoy, tenga como sentido y orientación: el ser amor que se dona para que todos tengan vida.