Evangelio del Dia

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Jueves 30 de Julio de 2026

Mt. 13, 47-53

«El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?».

«Sí», le respondieron.

Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

La Palabra me dice


Siguen las parábolas de Jesús, y qué hermosas imágenes utiliza para hablarnos del Reino de Dios. 

Un detalle que llama la atención, en cada uno de estos párrafos Jesús manifiesta una imagen diferente en cada uno, pero coinciden en la acción que se desarrolla: seleccionar y elegir. En la red, los pescadores “recogen lo bueno y tiran lo que no sirve”; los ángeles “separan a los malos de entre los justos”; y los escribas “sacan de sus reservas lo nuevo y lo viejo”. 

Creo que Jesús quiere enseñarnos algo importante, nos invita a discernir entre “lo bueno y lo que no sirve”, identificar “a los malos de entre los justos” y a poner a la luz “lo nuevo y lo viejo”. Estos podrían ser algunos criterios para discernir en lo cotidiano, en el trabajo diario, en la escucha permanente a tantas situaciones que se nos presentan. E intentar siempre quedarnos con lo “bueno”, con “los justos”, y lo mejor de “lo nuevo y lo viejo”. 

Discernir es una actitud, un movimiento continuo del corazón para tensar la vida en Dios. 


Con corazón salesiano


Don Bosco y María Mazzarello son maestros en el discernimiento, en lo cotidiano aprendieron a desentrañar el querer de Dios para el bien de los y las jóvenes. Recupero una expresión de Don Bosco que nos invita a este discernimiento continuo y permanente sobre nuestra propia vida, sobre nuestra misión entre las y los pibes: “Voy adelante como Dios y las circunstancias me lo piden”.


A la Palabra, le digo


Señor, te entrego la red de mi vida. Ayúdame a discernir con sabiduría para construir tu Reino cada día, cultivando lo que nutre mi vida y soltando lo que me aleja de Vos.

Señor, te pido que me regales un corazón humilde para reconocer mis luces y mis sombras, y que junto a otros podamos valorar  tanto las enseñanzas de siempre como las inspiraciones nuevas de tu Espíritu. Amén.