La Palabra me dice
El Evangelio de Marcos nos acompaña en la subida a Jerusalén y en los anuncios de la Pasión que ya se acerca. Jesús les está diciendo a sus apóstoles lo que le espera y ellos se ponen a discutir y medrar para ocupar lugares… El poder, el acomodo, sobresalir. La gran respuesta de Jesús: “los que mandan se creen los dueños”. ¡Qué difícil ser patriotas, buscar el bien de todos, ponerse a servir a los demás! ¿Busco mis lugarcitos de poder, de acomodo, de superioridad o asumo la entrega y el servicio? Cuántas veces por ser, sacerdote, religioso, directivo de un colegio, con cargos en los grupos de la Familia Salesiana, me olvido que, como Don Bosco, lo esencial son ellos, los jóvenes, la gente a la que el Señor me envía. ¡Cuántas veces me comporto como “dueño”!
Con corazón salesiano
Para Don Bosco, los jóvenes eran sus dueños. “Hasta mi último aliento” De nuevo: padre, amigo, hermano de los jóvenes. Desgastó su vida, para que se viviera “vida de familia”, que sus obras fueran “casa, patio, parroquia, aula” donde se viviera su sistema-espiritualidad de presencia y cercanía educativa.
A la Palabra, le digo
Jesús, siempre te nos adelantás… Cuántas veces me cuesta seguirte, pero tu ejemplo también me da fuerzas para seguir adelante en mi camino. Muchas veces, te sigo con miedo y mis límites o mi egoísmo y comodidad me hacen olvidar de mis promesas y me encierro sin hacer nada. Aquí estoy: que sienta hoy una vez más, tu voz que me vuelve a decir “Vamos a…”. Y el destino es el Reino y en él, el planeta jóvenes. Te renuevo mi entrega. Y sé que me esperan momentos de dolor, de burla, de ironías… Cuántas veces desde los míos, de mi familia, de mis hermanos que no me comprenden, de mis despistes que hacen que los demás me compadezcan. Y mis acomodos y ansias de imponerme… Me resulta más fácil mandar que consultar. Mandame, Jesús, tu Espíritu que me traiga paz, mansedumbre, amor, sencillez… “Los que dominan las naciones”… Qué fácil es criticar para afuera y qué difícil examinarme a mí mismo en mis actitudes prepotentes, despreciativas del que no piensa como yo.
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