La Palabra me dice
En tiempo de tanta demanda, de tantas exigencias, y de agobio en particular para tantos en diferentes partes del mundo, que lindo escuchar y dar voz, a esta invitación de Jesús. Es Jesús, que levantando la mirada, se compadece de vernos cansados, tantas veces de correr, sin rumbo. Es él, quien abraza en su corazón, nuestras cargas, como si fueran suyas. Es él el que se puso en nuestro lugar, para desde su corazón, alivianar lo que nos pesa. Pero es necesario estar atento y saber discernir y reconocer su voz, porque hoy son muchos, los que venden alivio con yugos, que esclavizan y no liberan. Solamente el yugo de Jesús, es decir su entrega en la cruz, para salvarnos, es verdadera fuente de alivio liberador. Aceptar su llamado, es abrazar su yugo, con corazón humilde y paciente. Frente a la ansiedad de respuestas, rápidas y mágicas, el amor verdadero nos educa a saber esperar los tiempos de Dios.
Con corazón salesiano
Aquí lo primero que surge es pensar en el corazón paternal de Don Bosco. Desde el inicio, sabe educar en la exigencia del trabajo, el estudio, el cumplimiento del propio deber; pero también sabe ofrecer los paseos, las salidas recreativas, los momentos de fiesta y gratuidad. Otra expresión clara de esta paternidad son los consejos a los misioneros: “cuiden la salud. Trabajen más solo lo que permitan sus fuerzas”. También en los recuerdos confidenciales a los salesianos directores: Evitar las austeridades alimentarias. Sus mortificaciones son diligentes para sus deberes y para soportar el acoso de otros. En cada noche tendrás siete horas de descanso. Una hora de latitud se establece más o menos para usted y para otros, cuando habrá una causa razonable. Esto es útil para su salud y la de sus empleados. Procurar que a los Maestros no les falte nada más de lo que necesitan para la comida y la ropa. Tome en cuenta sus labores, y estando enfermo o simplemente incómodo, envíe un suplente a su clase pronto. Habla a menudo con ellos por separado o simultáneamente; Observe si no tienen demasiados trabajos; Si les falta ropa, libros; si tienen algún dolor físico o moral; o si en su clase tienen alumnos que necesitan corrección o consideración especial en la disciplina, en la forma y en el grado de enseñanza. Conocida cualquier necesidad, haz todo lo que puedas para satisfacerla.
A la Palabra, le digo
"Aprender de Tu Corazón" Señor Jesús, Maestro de la mansedumbre y la alegría, hoy acudimos a Ti reconociendo que, a veces, el peso de nuestra misión nos abruma. En el ruido de los patios, en las dudas de nuestros jóvenes y en las fatigas del día, escuchamos tu invitación: «Vengan a mí... y yo los aliviaré».
Ayúdanos, Señor, a depositar en Tu Corazón nuestras preocupaciones. Que al educar al estilo de Don Bosco, no lo hagamos por nuestras propias fuerzas, sino cargando Tu yugo, que es el yugo del amor, la razón y la religión.
Enséñanos a ser pacientes y humildes de corazón, para que nuestros jóvenes no vean en nosotros jueces, sino padres y hermanos. Que nuestra autoridad nazca de la bondad, para que Tu carga nos resulte liviana y nuestra entrega sea siempre un reflejo de Tu paz.
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