Evangelio del Dia

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Viernes 27 de Febrero de 2026

Mt. 5, 20-26

«Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, será condenado por el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, será condenado por el tribunal. Y todo aquel que lo insulta, será castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, será condenado a la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar enseguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.»

La Palabra me dice


El no-amor o el anti-amor es sancionado intensamente, pero siempre se nos da la posibilidad de reconciliarnos y así presentar nuestra ofrenda. Un hombre de nuestro tiempo nos muestra la “nobleza” con que se puede actuar con el sentimiento de perdón. Durante la década del 90, siendo secretario de cultura, José Castiñeira de Dios, fue duramente criticado por el director de cine, Leonardo Favio. Pues bien, el mismo Castiñeira, mostró años más tarde un cuarto de página de un diario en el que, con grandes letras, Favio le pedía humildemente perdón, por haberlo criticado injustamente. La nobleza y la belleza del perdón fluyen constantemente en el Evangelio de Jesús. Y podríamos dar otros testimonios de esta actitud. El mismo Jesús murió perdonando a sus verdugos.


Con corazón salesiano


En la obra de Don Bosco sobre todo entre los internos había muchas ocasiones de roces entre los chicos, pero siempre se trataba de comenzar de nuevo. Siendo clérigo, el P. Vacchina expuso públicamente a un muchacho por una falta. Habiéndolo perdonado, éste se sintió de tal modo reconocido que después reinició una relación más intensa con el salesiano. Conocemos también la anécdota de Domingo Savio, que supo interponerse entre dos compañeros que querían agredirse físicamente.


A la Palabra, le digo


Señor Jesús, Tú que nunca rechazaste a nadie y, por el contrario, con tu Cruz nos redimiste a todos, ten piedad de nosotros y haz que podamos siempre perdonar, sabiendo que esos gestos van construyendo el Reino día tras día. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.