La Palabra me dice
Medito sobre la relación entre mi interioridad y mi exterioridad, su mutua interacción, el riesgo de exteriorizarme vaciándome, y sobre todo de generar cambios cosméticos o sostener posturas y poses puramente externas... ¿Exteriorizo lo que mana de mi fuente mejor? ¿O sobreactúo? ¿Hay comportamientos exteriores asumidos por ósmosis ambiental, o heredados inconscientemente, que están desconectados de esa fuente? ¿Me vacío en un puro rol, mi día es ir asumiendo diversos roles… hago pesar allí mi virtud o mi defecto? ¿Mis Reconciliaciones, adónde ponen su énfasis, en mi fuente interior que es causa o en mis comportamientos exteriores que son efectos? ¿Y mi opinión sobre los demás? ¿Qué es lo que mira? ¿Y mis predicaciones, observaciones y consejos? ¿Soy un ingenioso, pero quizá fastidioso, experto en detalles? ¿Me quedo con la “cáscara” de las personas y de los males presentes? ¿Qué ley me importa cumplir y ayudar a cumplir… ¿Qué dirían los jóvenes acerca de mí, y de nuestra comunidad, si tuvieran que opinar sobre este párrafo? Medito acerca de los moralismos en el pasado y presente de la Iglesia, y su daño. “…Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre”. Repaso las trece situaciones de impureza que Jesús elenca, una por una… El otro es el protagonista invisible, como víctima, de ese elenco. Tomo conciencia de situaciones, sufridas o protagonizadas. Tomo decisiones.
Con corazón salesiano
Don Bosco que en su acción educativa se incluye en la línea de quienes quieren superar el moralismo jansenista de su tiempo. Don Bosco y el permiso, desde el humanismo, a que los jóvenes disfruten y sean felices...
A la Palabra, le digo
Gracias por revelarme de dónde vienen lo puro y lo impuro; ¡necesitamos que nos purifiques desde la misericordia! Te escribo cosas a charlar en mi próxima Reconciliación. El Salmo 50 me permite pedirte “que crees en mí un corazón nuevo”. El agua bendita como signo de purificación bautismal, interior, puede ser hoy parte de mis rituales.
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