Evangelio del Dia

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Domingo 04 de Octubre de 2026

Mt. 21, 33-43

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: "Respetarán a mi hijo". Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia". Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo».

Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos».

La Palabra me dice


Esta parábola, en cierto modo, representa la muerte del Hijo. Mateo, en este pasaje de su evangelio, nos presenta a la viña como el pueblo de Dios, a los criados que él envía como los profetas que fueron elegidos por Él, a los viñadores como aquellos sacerdotes y jefes del pueblo corruptos, y el Hijo al que envía sería Jesús.

Podemos percibir que Jesús veía cada vez más cerca su muerte y sabía que hacia ella lo llevaba la violencia de los dirigentes del pueblo. Ellos eran los primeros responsables de su muerte.

Los líderes de Israel no han cultivado bien la viña, preparándola para el Mesías. Se han apropiado del pueblo y deciden la muerte de Jesús porque les arrebata su control sobre la gente sencilla, sobre los últimos. El heredero es asesinado afuera de la viña, como Jesús a las afueras de Jerusalén.

En la época de Jesús, estos líderes judíos no van a tener ningún poder sobre el nuevo pueblo de Dios, porque ha pasado a manos de los discípulos de Jesús que han seguido llevando la palabra de Dios por todo el mundo.

Tanto en esa Iglesia como en nuestra Iglesia de hoy, su existencia y su razón de ser están ligadas a la fidelidad a la misión de Jesús: hacer presente la novedad absoluta del reino de Dios.


Con corazón salesiano


En este mes de las misiones, se nos aparece Don Bosco en toda su amplitud. Él es el sencillo cura piamontés que logra reunir en torno a si a los adolescentes y jóvenes descartados para seguir escribiendo páginas del Evangelio en la Historia. Pero también es el santo y el hombre de mirada amplia, que tras las huellas del Señor, extiende las fronteras de la viña a tierras lejanas, enviando a sus misioneros hasta los confines del mundo con la única certeza de estar construyendo el Reino sobre la base sólida del Cristo presente en los últimos.


A la Palabra, le digo


Señor, te pedimos que nos ilumines con tu palabra para ser cada día más fieles a tu misión, enséñanos a ser tus discípulos para poder vivir y transmitir tu palabra a los jóvenes que hoy más te necesitan y podamos seguir siendo una Iglesia en la cual seas nuestro centro y nuestro guía para seguir descubriendo tu Reino.