La Palabra me dice
"Porque Dios amó tanto al mundo…": El amor de Dios es el origen de todo. Es el motivo por el cual Dios actúa de un modo poco comprensible para la sabiduría humana –“Locura para los griegos” (1 Cor. 1,23)- y llega a la total entrega de sí para la salvación del “mundo” (todos los seres humanos sin excepción). "…que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera…": El Padre se dona totalmente al entregar al Hijo puesto que su identidad de “Padre” consiste en estar referido al “Hijo”. Al “perder” al Hijo, se pierde de alguna manera a sí mismo. El Hijo asume esta ofrenda –por amor al Padre y por amor a nosotros- al donarse totalmente hasta el punto de “perder” al Padre al “hacerse pecado” (2 Corintios 5, 21) por nosotros en la cruz sin haber pecado jamás: “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?” (Mc.15, 34) El Espíritu participa en esta donación de amor abrazando en la unidad al Padre y al Hijo y donándose totalmente a los hombres a quienes confiere la gracia –conquistada por el Hijo- de participar de la misma vida divina de la Trinidad: Ser hijos –en el Hijo- del Padre. Dios se hizo hombre para que los hombres lleguemos a ser hijos de Dios. En esto consiste la Vida Eterna. "Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo…": Frente a esta entrega total de amor es absurdo pensar que el Hijo haya venido a juzgarnos. Dios no quiere que se pierda ninguno de sus hijos y lo afirma claramente (basta leer el cap. 15 de Lucas). Por lo tanto, no estamos en el tiempo del juicio sino de la oportunidad: La misión del Hijo –y la nuestra como herederos de esta misión- es que el mundo de salve por Él, por su entrega incondicional. Esto me lleva a preguntarme si como Iglesia aparezco ante los demás como signo de salvación o más bien de condenación. ¿Reconozco en todo ser humano un hijo amado infinitamente por Dios y llamado a la salvación? Cada hombre y mujer –sea cual sea su condición- vale la sangre misma de Cristo y él está dispuesto a volver a morir sólo por él ¿Me doy cuenta de esta dignidad en el trato diario con cada persona que la Providencia pone a mi lado? Tengo que reconocer que muchas veces soy más propenso a encontrar motivos de condenación y descarte de algunos hermanos. El buen Pastor da la vida… Cada vez que rechazo a un hermano/hermana evidencio mi falta de entrega y de amor. Rompo el círculo de amor que va desde el Padre–el Hijo-el Espíritu–mi persona–mi hermano–nuevamente el Padre…Porque en la Trinidad el amor circula infinitamente y estamos invitados a sumarnos a esa corriente de amor.
Con corazón salesiano
“Tengo prometido a Dios que hasta mi último aliento será para mis pobres jóvenes” (MB XVIII, 258). Son las palabras de quién ha hecho un voto, una promesa solemne delante de los jóvenes de entregar totalmente la vida por ellos para que sean felices en el tiempo y por toda la eternidad: “Yo por ustedes estudio, por ustedes trabajo, por ustedes vivo, por ustedes estoy dispuesto incluso a dar mi vida” (Domingo Ruffino, Cronaca dell’Oratorio, ASC 110, ms 5,10).
A la Palabra, le digo
Señor Jesús que diste tu vida para que tengamos Vida y Vida Abundante, ayudanos a poder entregarnos también nosotros a ejemplo tuyo y de nuestro Padre Don Bosco por los jóvenes que nos has confiado. “Señor, perdoname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no. Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre. Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos. Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz”. (Padre Carlos Mugica).
|