Evangelio del Dia

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Jueves 29 de Octubre de 2026

Lc. 13, 31-35

En ese momento se acercaron algunos fariseos que le dijeron: «Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte».

Él les respondió: «Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado. Pero debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste! Por eso, a ustedes la casa les quedará vacía. Les aseguro que ya no me verán más, hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

La Palabra me dice


Jesús sabe que hay un peligro que lo amenaza, pero no deja que el miedo decida por dónde debe ir. “Debo seguir mi camino”, responde. Con estas palabras de Jesús, podemos afirmar que su actitud no es de quien no ve el riesgo, sino de quien tiene claro para qué está caminando. Su camino no se define por la comodidad ni por la seguridad, sino por la misión que el Padre le confía.

Quizás nosotros, si pensamos en nuestra misión, pasamos por momentos en los que sería más fácil detenernos, cambiar de rumbo o esperar a que las cosas sean más favorables. Jesús, en cambio, sigue adelante. Y en medio de esa decisión aparece también su dolor por Jerusalén: “¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos!”. El que permanece fiel a su misión no se vuelve indiferente; sigue teniendo un corazón que siente, que espera y que desea reunir.


Con corazón salesiano


En Miguel Rúa podemos reconocer ese mismo espíritu de fidelidad. Su vida estuvo profundamente unida a la de Don Bosco, pero no se trató simplemente de continuar una obra ya comenzada. Rúa aprendió a asumir la misión salesiana con sus desafíos concretos, sosteniéndola con paciencia, sencillez y confianza. “Haremos todo a medias”, decía Don Bosco al entregarle la mano, y aquella imagen terminó expresando una vida compartida en la misión.

También hoy la misión puede pedirnos seguir caminando aun cuando no tengamos todo claro, cuando aparezcan dificultades o cuando los frutos no sean inmediatos. Con corazón salesiano, se trata de permanecer cerca de los jóvenes y de las personas que Dios nos confía, sin perder el rumbo y sin dejar que las dificultades nos hagan olvidar para qué estamos aquí.


A la Palabra, le digo


Señor, cuando el miedo, el cansancio o las dificultades quieran hacerme cambiar de camino, ayúdame a recordar aquello para lo que me llamaste. Dame la fidelidad de Miguel Rúa para seguir caminando con sencillez y confianza, poniendo mi vida al servicio de la misión. Y que, aun en medio de las dificultades, no pierda un corazón capaz de acercar, acompañar y reunir.