Evangelio del Dia

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Miércoles 07 de Enero de 2026

Mt. 4, 12-17.23-25

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca».

La Palabra me dice


"Juan había sido arrestado...". Hasta ese momento era Juan quien estaba anunciando la llegada del Reino, al ser arrestado por su proclama, es el mismo Jesús quien toma la posta sin ningún temor de correr la misma suerte. ¿Quién tiene hoy esa misión? ¿Soy consciente de que Jesús espera que, sin temor, anuncie la llegada del Reino?

"¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí...!". Tantos lugares, tantos datos geográficos que pueden no significar nada para nosotros y en realidad significan todo. Sin profundizar en la ubicación geográfica de los sitios nombrados, podríamos decir que representan todos los lugares, ninguno en especial, todos. ¿Acaso entiendo que la Buena Nueva de Jesús tengo que llevarla a todos los lugares donde voy? ¿Me conformo con hacerlo sólo donde me resulta cómodo y seguro?

"Vio una gran luz...". Un pueblo que estaba en tinieblas y que tiene la posibilidad de ver la luz, de salir de la oscuridad. Tiene la oportunidad de convertirse, Jesús los invita. ¿Soy capaz de ver esa gran luz? ¿Reconozco que necesito convertirme? ¿O la oscuridad no me permite ver? ¿Soy luz para los demás?

"Proclamando, recorriendo, enseñando, curando...". qué no hizo Jesús para que ese pueblo se convirtiera... no los esperaba, los iba a buscar. No sólo los escuchaba, les enseñaba, les anunciaba. No sólo estaba con ellos, los curaba de toda dolencia y sufrimiento. ¿Me quedo en una postura tranquila, de cristiano cómodo, o salgo como Jesús a buscar, a cumplir con mi misión?


Con corazón salesiano


Don Bosco entendió perfectamente que el mensaje de Jesús no tenía límites geográficos, sus sueños tampoco los tenían. Él no esperaba a los pibes, los iba a buscar, les enseñaba, los curaba.


A la Palabra, le digo


Jesús, ayúdame a salir como vos a buscar a los jóvenes y a todos los que pueda anunciar tu Buena Nueva. Que el temor no me impida proclamar la llegada del Reino y dar testimonio de tu Amor.