La Palabra me dice
Somos seguidores de una persona ingeniosa. Jesús ya había caminado bastante las tierras de Palestina y conocía muy bien a las personas que la habitaban. Él también era judío y aprendió de su padre José cada detalle de las prescripciones religiosas de la religión judía, cada norma, cada sacrificio, cada filacteria. Por supuesto que sabía muy bien el rol que cumplían los que animaban este conglomerado religioso. La religión monoteísta del judaísmo estaba organizada y además de descansar en la Ley, poseía un mecanismo de control bien aceitado en sus dirigentes. De ese modo, las prácticas religiosas y la adhesión a un solo Dios verdadero también se encontraban presentes en la política, en los negocios, en la diversión, en el arte, en la guerra. En eso andaba Jesús cuando los fariseos pensaron en sorprender al Maestro envolviéndolo en cuestiones meramente económicas, en el pago de un impuesto a la autoridad imperial. Convengamos que era una trampa, una prueba para hacer caer en ella a Jesús y tener motivos para eliminarlo. Por la boca muere el pez, así lo indica el dicho. Pero no fue Jesús quién habló de más. El discurso edulcorado de los fariseos no fue eficaz. Jesús utilizó su ingenio práctico para enseñarles cómo se debe responder en las dimensiones políticas y religiosas. Es una respuesta que procede del sentido común: lo que le debemos a Dios y lo que le debemos a los seres humanos. Cada cual en su lugar. Llama la atención que en la escena se produce algo sorprendente: los fariseos tuvieron que meter su mano en el bolsillo para sacar una moneda. Justamente allí, en ese pequeño trozo de metal, la palabra de Jesús tomó fuerza y acuñó una frase que nunca más olvidaremos: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».
Con corazón salesiano
El P. Fabio Attard, Rector Mayor de los Salesianos de Don Bosco nos recuerda: “Nuestra presencia educativa no busca garantizar un funcionamiento profesional. Los salesianos estamos llamados a dar testimonio primario a través de la vida. Las comunidades deben ser por sí mismas un mensaje vivo del Evangelio actual, encarnando el espíritu de Don Bosco con autenticidad, radicalidad y entrega, haciendo visible el amor de Dios en medio de las periferias del mundo actual”.
A la Palabra, le digo
Jesús, Buen Pastor, enseña a mi alma a reconocer siempre tu voz. Dame la humildad para seguirte con valentía allá donde me llames hoy.
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