Evangelio del Dia

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Martes 17 de Febrero de 2026

Mc. 8, 13-21

Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes».

Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan. Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?». Ellos le respondieron: «Doce».

«Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?». Ellos le respondieron: «Siete». Entonces Jesús les dijo: «¿Todavía no comprenden?».

La Palabra me dice


A los discípulos les costaba entender al maestro. Tienen mala memoria y “mente enceguecida” y no recuerdan lo que había ocurrido en la multiplicación de panes y pescados. Nos puede pasar también a nosotros, que nos acecha la tentación de comportarnos como fariseos y herodianos. Y también de preocuparnos más por el pan “con levadura” que por el pan vivo bajado del cielo. La Providencia nunca nos hará faltar el pan cotidiano, que preocupaba a los discípulos, siempre que nuestro corazón trate de estar centrado en la mesa de los pobres. 


Con corazón salesiano


Don Bosco estuvo “carente de recursos” y sin embargo su obra fue extendiéndose por todo el mundo. El tuvo siempre una confianza ciega en la Providencia que no lo dejó en la estacada, pero tuvo también muy claro que “no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. El testimonio que nos ha dejado el P. Juan Bertolone, salesiano, brilla en el cielo de los creyentes, para que podamos ser más auténticos en nuestra manera de actuar y de vivir.


A la Palabra, le digo


Señor Jesús ayúdanos a comprender el verdadero sentido de los valores del Reino, para que nunca falte el pan de cada día, pero que sepamos también compartir todo lo que tenemos y somos. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.