La Palabra me dice
Jesús no insiste en la práctica del ayuno. El ayuno es una costumbre muy antigua, practicada en casi todas las religiones. Jesús mismo la practicó durante cuarenta días (Mt 4,2). Pero él no insiste con los discípulos para que hagan lo mismo. Los deja libres. Por eso, los discípulos de Juan Bautista y de los fariseos, que estaban obligados a ayunar, quieren saber porqué Jesús no insiste en el ayuno. El novio está con ellos, así que no precisan ayunar. Jesús responde con una comparación. Cuando el novio está con sus amigos, es decir, durante la fiesta de la boda, los amigos no precisan ayunar. Jesús se considera el novio. Los discípulos son amigos del novio. Durante el tiempo en que él, Jesús, estuvo con los discípulos, hay fiesta. Llegará el día en que el novio dejará de estar, y en ese momento, si ellos quieren, podrán ayunar. Jesús alude a su muerte. Sabe y siente que, si continúa por este camino de libertad, las autoridades religiosas van a querer matarlo. "Remiendo nuevo sobre una tela vieja, vino nuevo en odre nuevo". Estas dos afirmaciones de Jesús, que Marcos coloca aquí, aclaran la actitud crítica de Jesús ante las autoridades religiosas. No se pone un remiendo nuevo sobre una tela vieja, porque a la hora de lavar la tela, el remiendo nuevo encoge, tira de la tela vieja y la estropea más aún. "Nadie pone vino nuevo en un odre viejo", porque la fermentación del vino nuevo hace estallar el odre viejo. ¡Vino nuevo en odre nuevo! La religión defendida por las autoridades religiosas era como una ropa vieja, como un odre viejo. No se debe querer combinar lo nuevo que trae Jesús con costumbres antiguas. No se puede querer reducir la novedad de Jesús a la medida del judaísmo. ¡O el uno, o el otro! El vino nuevo que Jesús trae hace estallar el odre viejo. Hay que saber separar las cosas. Jesús no está contra lo que es "viejo". Lo que quiere evitar es que lo viejo, lo que ya ha perdido su razón se ser, se imponga a lo nuevo y, así, le impediría manifestarse.
Con corazón salesiano
Los primeros salesianos tuvieron también esta disyuntiva, al percibir las nuevas situaciones de los jóvenes, y veían que sus prácticas ya no les eran apropiadas. Allí pudieron distinguir lo esencial, lo que es siempre nuevo (la misión), de lo que es transitorio, y puede convertirse en viejo, hasta en un obstáculo. Y no dudaron en cambiar, pues, como a Don Bosco, los movía "la salvación de los jóvenes", más que el mantenimiento del "siempre se hizo así". Es superar el anhelo de querer lograr, en algún momento, una situación en la que "todo está en orden, funcionando, organizado"... "¿para qué cambiar?", tal vez sea una respuesta dada desde un lugar de quien se siente seguro, de quien tiene asegurada su vida... no desde el lugar del trotamundos Don Bosco.
A la Palabra, le digo
Remiendo nuevo sobre tela vieja, vino nuevo en odre viejo. ¿Hay esto en mi vida? Ayudame, Señor, a poder distinguir entre lo nuevo y lo viejo, entre lo que hay que cambiar y lo que debe ser mantenido, que no esconda en esto de que "lo nuevo" debe reemplazar a lo existente, tildándolo de viejo, mi poca capacidad para apreciar lo que tu Espíritu ha estado construyendo en las comunidades y grupos en los que me toca actuar.
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