La Palabra me dice
Fijense, el valor, o sea, lo que vale en la vida espiritual es una adhesión del corazón (los sentimientos, el sentir), de la inteligencia (es lo que nos caracteriza como seres humanos) y con todas las fuerzas (o sea, la voluntad que actuamos en cada acción). Es la síntesis de nuestra vida. Y si lo miramos desde la comunicación y las relaciones humanas, es lo más genuinamente humano que encontramos, es decir, nos relacionamos con Dios y con nuestros semejantes de esa manera humana. Por eso Jesús felicita al escriba, a esta persona culta, diríamos entre nosotros, pero que por lo menos tenía sentido común y no se subió a su cargo de escriba. Allí está la forma de “actuar la respuesta de Jesús” que no consiste en recitar una serie de prescripciones ni cumplir tantos rituales. Simplemente tenemos que ser inteligentes, que sentimos la vida y la actuamos con voluntad, con fuerza, con energía, para lograr la felicidad. Es así como practicamos la propuesta de Jesús.
Con corazón salesiano
Don Bosco vivió la propuesta del Evangelio a través de una entrega total a los jóvenes más necesitados, traduciendo el mensaje de Jesús en una espiritualidad de lo cotidiano y un compromiso social concreto. El realismo de Don Bosco lo llevaba a solucionar a cada momento situaciones quizás conflictivas, pero que valían la pena detener la marcha y dedicarle un tiempo. Así Don Bosco podía conversar con cada joven o al hacerlo en forma grupal (pensemos en las Buenas Noches), transformarlo en un mensaje individual y así llegar al corazón de cada uno de ellos.
A la Palabra, le digo
Tu palabra, querido Jesús, me ayuda a crecer en humanidad, Quiero dar testimonio de tu propuesta siendo un buen cristiano y un honesto ciudadano, así como lo proponía nuestro padre Don Bosco.
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