a Obra de Don Bosco | Rescatate

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22 de junio, 2019

Rescatate

A mil

Hoy te vi tan mal,
los ojos tan lejos
y te quise hablar,
pero no te encuentro.

Hoy reina el silencio
y la parca asoma.
Nos queda un momento,
sé que hoy te toca.

Quiero rescatarte pero estás a mil,
alguien te robó la calma
y me queda claro que te vas de mí,
eso me duele en el alma.


Hoy te tengo así,
los ojos enfrente.
No soy tu país,
ni vos mi presidente.

Quiero hacerte bien,
todo lo que pasa
y puedas entender,
que se enfrió tu casa.

Intérprete: Cruzando el charco
Álbum: A mil (2017)

Te ví, te sentí, te llamé, te escuché, pero vos estabas a mil. Tu vida no para de dar vueltas y parece que no podés detenerte. Estás inmerso en un mundo sin recreo. Hacer la tuya, la de cada uno, es la primera solución que aparece y envuelve; y cuando te quiero decir que frenés me resulta complicado: ya no te siento acá.

Cada uno en la suya, buscando lo que conviene. A veces esa es la directiva que nos da nuestro mundo, nuestros adultos, e incluso entre nosotros mismos, los jóvenes. Construir algo en común que nos invite a tener en cuenta al otro, caminar junto a él, llorar y reír; ya es una propuesta difícil de llevar adelante. Es más sencillo y parecería incluso “más libre” que cada uno siga, que cada uno patee; porque la intervención de otro nos incomoda, nos hace ver lo que no queremos ver —o no podemos— por estar “a mil”.

“Alguien te robó la calma… y eso me duele en el alma”. Cuantas veces necesitamos de ese otro, pero “está en otra”, la sintonía que teníamos se perdió. O nosotros mismos que escapamos cuando alguien nos necesita. Y eso duele, duele en el corazón porque se siente la indiferencia.

Hay que romper esa rueda del olvidarme del otro, y que él se olvide de mí. Hay algo adentro nuestro que nos dice: esto no puede terminar así, ¡te necesito!

Aferrémonos a este pedido sintiendo que la vida está hecha para ser compartida, que la indiferencia enfría nuestra casa. Reconozcámonos como hermanos y hermanas buscando transformar en bello lo que nos rodea. Que nos hablemos y nos encontremos, que nos miremos y nos completemos, que cuando compartamos nadie nos robe la calma y dejemos de estar a mil.

Pistas para aprovechar la canción

  • ¿Qué me hace estar a mil y no reconocer a los demás?

  • ¿Qué podemos hacer cuando no nos encontramos con el otro?

  • ¿Vale la pena seguir apostando por ser indiferente? ¿Cuál es la dificultad de no hacerlo?


Por Gastón Ibañez

BOLETÍN SALESIANO - JUNIO 2019