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05 de agosto, 2019

Más lo conocés, más lo querés

¿Para qué saber más de la vida de Don Bosco? Entrevista al salesiano Francesco Motto, historiador


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Si llegó a tus manos esta edición del Boletín Salesiano es porque conocés a Don Bosco, o al menos escuchaste hablar de él. Por ello, muchos pueden reconocer momentos de la vida de este santo que vivió en el siglo XIX pero que gracias a todos los que lo siguieron, siguió creciendo en obras y popularidad.

Los que conocen sobre Don Bosco saben que fue un sacerdote italiano dedicado a la educación de la juventud y algunos hasta pueden nombrar casi de memoria ciertos hechos y momentos de su vida, como el sueño de los nueve años, la importancia de la figura de su mamá, la formación de la “Sociedad de la Alegría” o las visitas a las cárceles.

Pero, ¿podemos saber algo más sobre su vida? ¿Para qué saber más de la vida de Don Bosco? Otro sacerdote italiano, Francesco Motto, sigue estudiando la vida del popular santo, y actualmente es uno de los más reconocidos conocedores de la historia de Don Bosco, y sus seguidores misioneros y fundadores. Dirige el Instituto Histórico Salesiano de Roma, coordina las distintas asociaciones de historia salesiana que hay en el mundo y además es el encargado de la publicación del Epistolario de Don Bosco: el compendio completo de sus cartas, que ya va por el octavo volumen.

 

¿Por qué la Congregación sigue dedicando recursos y tiempo a estudiar su historia?

Muchos salesianos y laicos conocen más o menos bien la historia de Don Bosco, pero no conocen la historia salesiana. Incluso muy pocos conocen la historia de su inspectoría.

Debemos conocer lo que pasó antes para saber cómo los salesianos consagraron su vida trabajando y brindando respuestas en situaciones distintas. Aprender cómo actuaban esos salesianos para saber cómo enfrentar hoy nuestros desafíos puede ser de gran ayuda. La historia es magistra vitae, “maestra de vida”.

Pero hay un siglo y medio de historia. Entonces es importante conocer por lo menos la historia de los salesianos del propio país o de América latina. Es la historia de nuestra familia. Tenés que conocer tu historia.

Una vez leí que el papa Francisco dijo: “Cuando tengo un cura que tiene una crisis de fe o una crisis de vida, que vaya a leer lo que han hecho los salesianos en la Patagonia”. Hay que conocer lo que pasó para tomar también coraje nosotros, que estamos mejor que ellos en muchas cosas. Es importante para uno y también para la Congregación.
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El salesiano Francesco Motto es uno de los más importantes investigadores de la vida de Don Bosco. Estuvo en Argentina a principios de este año, durante el Seminario Continental de la Asociación de Cultores de Historia Salesiana que se realizó en Ramos Mejía, Buenos Aires.



Después de más de un siglo, ¿podemos seguir conociendo nuevas cosas de Don Bosco?

Una biografía es algo para escribir siempre. Es mi cabeza la que escribe mi versión y tu cabeza la que escribe tu versión del mismo personaje. Por eso la historia siempre hay que revisarla: nunca está escrita para siempre. Entonces, de Don Bosco seguimos escribiendo, pero con la mentalidad de hoy.

A Don Bosco lo conocemos bastante bien porque se han escrito un montón de libros, pero hay muchos libros de divulgación, y no tantos de historia crítica. O peor: los tenemos, pero las personas que hablan sobre Don Bosco no los utilizan, están en la biblioteca. Se habla siempre de las mismas cosas. No se dan a leer los nuevos libros de historia salesiana.

"Don Bosco es grande por lo que ha hecho después de sus cuarenta años"



Ese es el problema: los que hablan de Don Bosco hoy, o que trabajan en la comunicación, ¿cuáles son sus fuentes de información? ¿Son los libritos para el gran público o es una bibliografía seria, documentada, que ofrece ideas y nuevas maneras de entender a Don Bosco? Muchas veces vivimos de la tradición, de las “anécdotas” de Don Bosco…

Nosotros hablamos del Don Bosco de los primeros cuarenta años: de su infancia, de su mamá, de su hermano. Pero esa es la “preparación” para su vida. Don Bosco es grande por lo que ha hecho después de sus cuarenta años.

 

¿Cuáles fueron esas cosas que lo hicieron “grande”?

¡Todo! La fundación de la Congregación Salesiana fue un desafío inmenso, en un tiempo donde se suprimía y perseguía a las congregaciones. ¿Cómo ha podido hacerlo en un contexto de tanta hostilidad?

Segundo, la manera de poder empatizar con la política. Se suele decir que el gobierno era muy duro contra Don Bosco, que enviaba guardias. Son anécdotas. Estamos en 1848, Europa está en revolución. Pero esta polémica de “todo el gobierno contra Don Bosco” no es verdad. Sí hubo momentos difíciles, porque cuando fue la lucha entre el Estado y la Iglesia en Italia, Don Bosco estaba con el Papa.

Pero Don Bosco no hacía política, hacía caridad. Los políticos veían que ayudaba a los chicos, les daba un techo, un trabajo… entonces los políticos lo protegían. “Teóricamente” eran hostiles. Pero Don Bosco trabajaba con la gente pobre… ¡entonces lo ayudaban! Aunque tuviera una idea política distinta.

¿Quién ha estudiado la manera de recaudar fondos de Don Bosco? La mitad de sus cartas son para pedir dinero. ¿Cuál era la relación de Don Bosco con los que tenían dinero? Le ha pedido a todos, y todos lo han ayudado. ¿Por qué? Eran personas muy religiosas, católicas, conservadoras… pero lo han ayudado. El problema que tenía esta gente con el dinero es que no sabían en qué gastarlo: Don Bosco les proponía usarlo para el bien.

Otro hecho grandioso fueron las misiones. Don Bosco no tenía salesianos en Italia, y envía salesianos a la Patagonia. ¿Cómo se explica esto? ¿Por qué Don Bosco, en las Constituciones Salesianas, nunca habla de las misiones? Fueron necesarios 17 años para la aprobación de esos textos… y ni una palabra de las misiones.

 

¿Y sabemos por qué ese cambio?

Cuando de Argentina piden misioneros, lo hacen con dos ideas: atender a los italianos inmigrantes del barrio de Congreso, en Buenos Aires, y el colegio de San Nicolás de los Arroyos. Eso fue en septiembre y octubre de 1874. Pero en enero de 1875, Don Bosco hace una reunión de todos los salesianos y les habla de la Patagonia, de los pueblos originarios. No había ninguna mención a ese tema en la carta que le había mandado el arzobispo de Buenos Aires.
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Don Bosco junto a los salesianos de la XII expedición misionera, en 1887, dirigida hacia Ecuador. La última que pudo despedir en vida.



Quizás Don Bosco había soñado que quería ir lejos, donde sólo estuvieran los salesianos, sin un obispo que se enfade, como le había pasado en Turín (N. de R.: Don Bosco en su tiempo tuvo serios enfrentamientos con el obispo de Turín, Lorenzo Gastaldi). Y cuando se despide de los salesianos no habla nada de los italianos, de los inmigrantes ni de San Nicolás. Sólo habla de los “salvajes” (N. de R.: Si bien hubo una relación de caridad y cercanía entre Don Bosco y los misioneros con los primeros pobladores de América, este término responde al utilizado por la gran mayoría de los europeos de su época).

“Don Bosco no hacía política, hacía caridad”.



¿Qué es lo que más le llama la atención de la historia de los salesianos en Argentina?

Cuando Don Bosco habló de la Argentina emocionó a todos. Muchísima gente quería venir. Fue una explosión de entusiasmo en aquel tiempo, durante unos treinta años. El coraje que Don Bosco y los salesianos tuvieron para ir en aquel tiempo a la Argentina, y a la Patagonia especialmente, lo hace una empresa grandiosa que “lanzó” a la Congregación Salesiana. La propaganda del Boletín Salesiano hablaba siempre de las misiones —exagerándolas un poco, quizás— pero entusiasmaba a todo el mundo: todos hablaban de la Patagonia.

Hoy en día no se habla de la Patagonia y se habla del África. Cuando salió el Proyecto África en los años ochenta, nadie hubiera creído todo lo que pasó. Fue como una especie de milagro. Ahora los salesianos se han difundido en toda África y tenemos más de mil salesianos africanos en treinta años.

Es algo increíble, ¿quién podía saber lo que iba a pasar en tan pocas décadas? Nadie. Pero es el plan de Dios. Y lo mismo pasó aquí. ¿Quién podía pensar que en la Patagonia habría tanto entusiasmo por los salesianos de toda Europa? Nadie, pero así pasó.
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Las palabras de Don Bosco abrían las páginas de los primeros números del Boletín Salesiano, en una carta dirigida “a los cooperadores y cooperadoras”, dando gracias a Dios por todo el bien recibido. Se puede leer en la edición de marzo de 1885: “(…) Pláceme poderos decir que, gracias a la protección divina y a vuestra generosa cooperación, la Sociedad Salesiana en el año que feneció no solo pudo proseguir las obras anteriormente comenzadas, sino crear otras nuevas con gran provecho de la juventud y de la sociedad civil”. La carta termina con su firma: “Vuestro humilde servidor, sac. (sacerdote) Juan Bosco”.



 

Para mí no se puede escribir la historia salesiana sin hablar de la Argentina. No de Buenos Aires, que ya era una ciudad. En cambio, la Patagonia era una tierra con población originaria. Es importante saber lo que pasó de bueno y lo que pasó de crítico. ¿Estaban los salesianos preparados para encontrarse con los indígenas? La experiencia del pasado tiene que ser útil hoy. Es ese el dolor de la historia.

 

¿Cómo explicar el coraje de esos primeros misioneros en la Patagonia?

Eran unos locos, unos locos de Dios. “Allá hay millones que no conocen el Evangelio”: era muy sencillo, hay que ir y salvarlos. “Ahí no tienen para comer”: vamos a llevar de comer. “No tienen con qué vestirse”: vamos a llevarles ropa.

Esos misioneros no tenían dinero, no tenían ningún interés personal: una vida de “locos”, digo yo, pero de locos por Dios, por la caridad. Era una cultura de entusiasmo por la fe y por llevar al Evangelio a los nativos y que conozcan a Cristo. “Total, ¿cuál es el problema? Dios está con Don Bosco y él está con nosotros, entonces vamos”. Aquí estamos de la mano de Dios, por lo tanto nadie tiene miedo.

 

Hay muchas de cosas que suceden después de los primeros cuarenta años de Don Bosco. Su relación con la autoridad, con los obispos. Sus problemas con el Papa, la formación de los salesianos, sus viajes a Francia y España. Hay que estudiar también la madurez de Don Bosco, cuando tenía 60 o 70 años. Un Don Bosco viejo, ¡tenía mi edad cuando murió, 72 años! En aquel tiempo era ser muy viejo.

Dicen que Don Bosco “murió de trabajo”. Pero no es verdad, murió porque era viejo. Sus hermanos, en cambio, murieron mucho más jóvenes: Antonio a los 46 años, José a los 56.

Claro que Don Bosco trabajó muchísimo hasta el final. De hecho, guardó durante un año la carta que el Papa le había enviado donde nombraba a Don Rúa como vicario de la Congregación. Don Bosco estaba cansado, sí, pero murió por su edad.

 

Por Ezequiel Herrero y Santiago Valdemoros

BOLETIN SALESIANO - AGOSTO 2019