Evangelio del Dia

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Viernes 06 de Noviembre de 2026

Lc. 16, 1-8

Decía también a los discípulos: 

«Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le dijo: "¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto".

El administrador pensó entonces: "¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!".

Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: "¿Cuánto debes a mi señor?".

"Veinte barriles de aceite", le respondió. El administrador le dijo: "Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez".

Después preguntó a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?". "Cuatrocientos quintales de trigo", le respondió. El administrador le dijo: "Toma tu recibo y anota trescientos".

Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz.»

La Palabra me dice


Esta es una parábola “endiablada” que a todos nos cuesta entender. Los protagonistas centrales son el propietario (designado como el Señor), el administrador astuto y el acusador. A decir verdad, solamente los dos intervienen en forma activa en la parábola. El hombre es el administrador injusto porque se apropia de lo que no es suyo, acaparando solo para el propio disfrute. Pretende enriquecerse con los bienes de su Señor. Estos bienes son los dones que hemos recibido, sin ningún mérito nuestro. Estos dones son para bien administrados y compartidos, no para enriquecernos a nosotros mismos. Y en la parábola el Señor alabó al administrador astuto que comienza a hacer donaciones. Esta astucia de los hijos de este mundo nos revela la sabiduría que no tienen los hijos de la luz y vuelve a aparecer el tema de la misericordia, tan caro a Lucas: a quien perdona le será perdonado. A quien da le será dado. Finalmente el acusador es Satanás o diablo que así como acusó a Adán y Eva, nos acusa ante nuestro Dios "día y noche”. También la ley porque no sabemos administrar y a veces derrochamos y manchamos los dones que nos son confiados. Por eso como se ha dicho tantas veces en la tradición viva de la Iglesia: “Todo debe ser para mayor gloria de Dios y salvación de los hombres”.


Con corazón salesiano


Don Bosco fue un administrador astuto porque supo administrar para “dar”. Supo pedir, pero ni un peso se le pegó en las manos. Todo fue para el Oratorio, la Basílica de María Auxiliadora y las Misiones. Y como si fuera poco, el Papa le confió la edificación del Sagrado Corazón en Roma.

Solo con la fuerza y la Gracia de Dios un hombre pudo hacer todo esto y mucho más, que no nos cabe en estas líneas. Porque quiso dar mucho, se le dio mucho.


A la Palabra, le digo


Padre amado, Tu eres el único propietario de los bienes de la creación y la fuente de los dones que otorgas a los hombres. Haz que, como Tu mismo sepamos administrar para los demás, los dones que Tú nos entregaste gratuitamente. Amén.