Evangelio del Dia

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Martes 03 de Noviembre de 2026

Lc. 14, 1a.15-24

Los principales fariseos lo observaban atentamente. Al oír estas palabras, uno de los invitados le dijo: «¡Feliz el que se siente a la mesa en el Reino de Dios!».

Jesús le respondió: «Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente. A la hora de cenar, mandó a su sirviente que dijera a los invitados: "Vengan, todo está preparado". Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse. El primero le dijo: "Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego me disculpes". El segundo dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego me disculpes". Y un tercero respondió: "Acabo de casarme y por esa razón no puedo ir". 

A su regreso, el sirviente contó todo esto al dueño de casa, y este, irritado, le dijo: "Recorre en seguida las plazas y las calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los paralíticos". Volvió el sirviente y dijo: "Señor, tus órdenes se han cumplido y aún sobra lugar". 

El señor le respondió: "Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa. Porque les aseguro que ninguno de los que antes fueron invitados ha de probar mi cena"».

La Palabra me dice


El Señor me está invitando a un banquete. Cuántas veces puedo encontrar excusas como los invitados de la parábola. Es curioso, si se nos mandara hacer un trabajo forzoso y difícil, tal vez pudiera haber motivos paras excusarse, pero se nos invita a un gran banquete. Además, este banquete es comparado al Reino de Dios. Sin duda, algo nos tapa los ojos o nos impide escuchar. El dueño de casa quiere que ésta se llene de invitados, para que todos puedan disfrutar. Todos y cada uno tenemos un lugar. Siento que, como he hecho tantas veces, no puedo poner más excusas.


Con corazón salesiano


Don Bosco quería que el Oratorio estuviera abierto a todos, cuantos más chicos mejor. Pero eso ocurría también en sus obras. Por ejemplo, en los hospitales de la Patagonia (Viedma, Rawson, Bariloche) nunca se hicieron diferencias por clase social o religión. Y en Rawson, la inmensa mayoría de la población, era galesa. Y también el Evangelio se anunciaba a todos, sin distinción. A veces, “ya no había lugar” y Mamá Margarita se lo hacía notar a Don Bosco. Y, sin embargo, siempre se encontraba una solución para que todos, especialmente los pobres, tuvieran un lugar adecuado.


A la Palabra, le digo


Señor Jesús, Tú nunca dejaste de acercarte a los pecadores y de ofrecerles el pan de la mesa y el pan eucarístico. Te pedimos que también nosotros, siguiendo tus huellas no pongamos nunca fáciles excusas para participar en el banquete del Reino. Y que invitemos también a otros para sentarse a la mesa: “los pobres, los lisiados, los ciegos y los paralíticos”. Gracias, Señor Jesús, benditos seas.