Evangelio del Dia

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Miércoles 14 de Octubre de 2026

Lc. 11, 42-46 

«Pero ¡ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.

¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!».

Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros».

Él le respondió: «¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!»

La Palabra me dice


Jesús no tiene pelos en la lengua y les reprocha a los fariseos lo que ellos hacen y actúan en contra de otras personas. El fariseo por lo que dice y por lo que hace daña enormemente la dignidad de la persona humana. Su táctica es evidente: enarbola la bandera de la ley, hace desfilar a los otros delante de ella y él se esconde detrás de un árbol a fumar un cigarrillo sin filtro. Nosotros podemos caer fácilmente en la actitud legalista de los fariseos. Cuando eso sucede, entorpece el crecimiento de nuestros semejantes exigiéndoles una conducta fundada en la ley sin espíritu, que obviamente favorece al egoísmo personal. Al momento que en nuestros ambientes aparecen carteles prohibiendo nuestra libertad, inmediatamente tenemos que denunciar a los fariseos que nos gobiernan. La propuesta de Jesús es la verdad que nos hace libres.


Con corazón salesiano


El P. Fabio Attard, Rector Mayor de los Salesianos de Don Bosco nos recuerda:

“A la gran Familia Salesiana se nos ha entregado un tesoro de inestimable valor. Sin embargo, debemos recordar que todo don conlleva una enorme responsabilidad. No basta con amar a Don Bosco de manera emotiva; es necesario conocerlo bien. Y solo podemos comprender su figura si nos acercamos a él con los ojos de la fe, dejándonos transformar por el mismo espíritu que animó toda su existencia”.


A la Palabra, le digo


Espíritu Santo, transforma mi entendimiento y renueva mi fe.

Haz que este mensaje no se quede en palabras, sino que se convierta en vida.