Evangelio del Dia

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Martes 13 de Octubre de 2026

Lc. 11, 37-41 

Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer.

Pero el Señor le dijo: «¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia. ¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.»

La Palabra me dice


Jesús va a cenar a la casa de un fariseo. No conocemos el menú de la cena, pero sí el enojo de Jesús ante la dureza del corazón legalista de su anfitrión. Probablemente conocemos a personas de ese tenor (podríamos decir de esa calaña), que viven marcando el rigor de la ley, quitándonos la libertad de elección, de correr descalzos por el patio de tierra y zambullirnos en el césped. Hasta eso nos prohíben y reglamentan. Las personas legalistas no pasaron inadvertidas para Jesús. Lo notamos en la abrumadora forma de tratarlos en su detestable insensatez que desemboca en la voracidad y en la perfidia, esta última mala actitud que debemos cuidarnos en no caer cuyo significado es elocuente:  significa deslealtad, traición o el quebrantamiento de la confianza y la buena fe debida hacia otra persona. Justo ahora es cuando debemos atender con más dedicación a las otras personas para no traicionar esa fe necesaria en la convivencia familiar, grupal, barrial y parroquial. Jesús nos invita a erradicarla de nuestra vida con la generosidad de nuestra entrega, con la ¡pureza! de nuestros actos. Sí, así de completa es la propuesta. Seamos puros.


Con corazón salesiano


El P. Fabio Attard, Rector Mayor de los Salesianos de Don Bosco nos recuerda:

“Quienes conocieron bien a Don Bosco supieron ir más allá de las apariencias. No se quedaron en su hiperactividad, sino que llegaron a la raíz de su vida: descubrieron a un hombre profundamente inmerso en la presencia viva de Dios. De esa unión con el Señor nacía toda su capacidad de entrega a la juventud, mostrando que sin una profunda vida espiritual el servicio pierde su fuerza”. 


A la Palabra, le digo


Gracias, Padre, por hablarme a través del texto evangélico.

Concede que la luz de tu verdad guíe cada una de mis decisiones y pensamientos.