La Palabra me dice
“Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Nuestro corazón es centro y síntesis vital de los deseos, sentimientos, pensamientos y opciones. Y la boca su correlato y comunicación. Es la intimidad más sagrada donde se encienden los anhelos y proyectos; es el registro interior de nuestro ser y actuar que necesita siempre purificarse. El corazón es el órgano que podemos percibir en su latir… (la vida) “me dio el corazón que agita su marco, cuando veo fruto del cerebro humano; cuando veo al bueno, tan lejos del malo; cuando miro el fondo de tus ojos claros” (Violeta Parra) “Cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca”: profundamente, como el corazón en nosotros, como las raíces del árbol bueno.
Con corazón salesiano
Llamados a transmitir una sabiduría profunda y concreta a la vez. Con una visión realista, optimista y unitaria sobre el ser humano, que invita a buscar y a encontrar una armonía entre nuestro corazón, nuestra boca y nuestras manos (los “frutos”). Porque si el corazón y la boca no van de acuerdo, caemos en la falsedad y la mentira; y si la mano y la boca no van de acuerdo, nos movemos en plena hipocresía y actuamos con doblez. Finalmente, si nuestra acción no realiza lo que proyecta nuestro corazón, vivimos en la debilidad y la impotencia.
A la Palabra, le digo
Señor, que esté dispuesto a purificar permanentemente mi corazón para predisponerlo en una intencionalidad noble que produzca buenos frutos. Que sea capaz de encontrar los momentos y modos necesarios para perseverar en la escucha fecunda de tu Palabra.
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