Evangelio del Dia

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Viernes 28 de Agosto de 2026

Mt. 25, 1-13

«Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: "Ya viene el esposo, salgan a su encuentro".

Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: "¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?". Pero estas les respondieron: "No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado".

Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: "Señor, señor, ábrenos", pero él respondió: "Les aseguro que no las conozco".

Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.»

La Palabra me dice


Las bodas son uno de los grandes acontecimientos en la vida de una persona. Aunque hoy haya decaído un tanto esta práctica, en todas las culturas aun las familias humildes celebran el casamiento de una pareja.

Esto acontecía también en Israel, en que la ceremonia duraba varios días y culminaba con el encuentro del novio y de la novia.

Además, como ya sabemos, Israel había sido presentada en la Escritura muchas veces como la esposa que iba al encuentro del esposo.

Esta parábola, que se encuentra solamente en el evangelio de Mateo, se refiere a la segunda venida de Jesús. El Reino de Dios se compara precisamente a una fiesta de bodas. Para ello, es necesario estar preparados.

Aunque la parábola es muy rica de símbolos, nos atendremos a lo esencial. El novio representa a Cristo, que se ha retrasado. En efecto, la Iglesia primitiva creía en gran parte que su venida era inminente. Las diez muchachas que, según el ceremonial, debían recibirlo, se han dormido. Tal vez no contaban con el retraso del novio y por eso, sus lámparas quedaron sin aceite y se apagaron. Además ellas se durmieron. No supieron velar.

Pero a medianoche, llega el novio y hay que salir a recibirlo. Las cinco muchachas que tenían aceite suficiente se prepararon para recibirlo. Las otras pidieron al menos un poco de aceite para sus lámparas. Pero las cinco muchachas prudentes se lo negaron. Esto significa que nadie puede sustituirnos en nuestra espera y en nuestra preparación para la venida del Señor.

Las muchachas poco previsoras fueron a comprar el aceite, pero llegó el novio. Las que estaban con las lámparas encendidas entraron con él para celebrar la fiesta de bodas. Y la puerta se cerró.

Esta parábola es un fuerte llamado de atención para estar atentos, alerta y preparados para la llegada de novio. Israel no estaba preparado para recibirlo, por eso lo desconoció, lo rechazó y no tuvo la lámpara encendida.

La Iglesia, nuevo pueblo de Dios, está llamada a esperarlo despierta y con la lámpara encendida. Tiene el aceite del Espíritu que nunca le faltará.

El testimonio de Santa Mónica que, después de la conversión de su hijo Agustín, se había engalanado para recibir al esposo, es un estímulo para cada cristiano que también debe esperar vigilante y con alegría la llegada de su Señor.  

¿Cómo estamos esperando la venida de Jesús que un día vendrá a buscarnos? ¿Con deseo,  con esperanza, con alegría, con la lámpara encendida?


Con corazón salesiano


Ya hemos dicho en otras oportunidades que Don Bosco dio gran importancia a la vida eterna y a la necesidad de estar preparados con una vida de gracia. Hemos dicho también que el ejercicio de la buena muerte mantenía viva la conciencia de nuestra partida de este mundo. En aquellos tiempos, no se escondía la presencia de la muerte, que podía llegar y llegaba en cualquier momento. La fragilidad y vulnerabilidad que nos muestra la pandemia de hoy tendría que recordarnos la necesidad de mantener siempre nuestra lámpara encendida.


A la Palabra, le digo


Te damos gracias Señor Jesús, por habernos llamado a la vida en este mundo. La vida es hermosa porque es un don de tu amor infinito. Pero, como si fuera poco, nos tiene preparada otra vida mejor, la vida eterna. Allí tú, el esposo fiel, nos estás esperando para el abrazo definitivo. Para la unión indisoluble contigo, con el Padre y el Espíritu por los siglos de los siglos.