La Palabra me dice
En el evangelio de hoy el asunto central es el perdón y la reconciliación. ¡Perdonar setenta veces siete! Bíblicamente, siete es sinónimo de totalidad. Pero Jesús va más lejos. Elimina todo y cualquier posible límite para el perdón, pues no hay proporción entre el amor de Dios para con nosotros y nuestro amor para con el hermano. El perdón de Dios no tiene límites. El único límite para la gratuidad de misericordia de Dios viene de nosotros mismos, de nuestra incapacidad de perdonar al hermano.
Con corazón salesiano
Juntando las palabras de Jesús, Don Bosco desea iluminar el camino de la familia Salesiana, para que las comunidades sean un espacio alternativo de solidaridad y de fraternidad. Deben ser una Buena Noticia para los pobres. Haciendo foco en la reconciliación sacramental, de la experiencia de Don Bosco confesor y penitente, la reconciliación sacramental es un momento fuerte de restauración y de sanación, y la reconciliación sacramental no es algo aislado, sino un momento privilegiado dentro del dinamismo evangelizador del Oratorio.
A la Palabra, le digo
Nuestra Señora de la Reconciliación; Virgen de la fidelidad y del servicio, de la pobreza y del silencio, de la nueva creación en el espíritu. Madre de los que sufren en la soledad y buscan la esperanza.
Señora de los que vuelven a casa y descubren al Padre y al hermano. Virgen de la amistad y el amor, Señora de la Paz y de la alianza, Tú nos diste a Jesús el salvador el que quita los pecados del mundo y lo reconcilia con el Padre por su sangre. El nos dio la Eucaristía y nos pidió que nos amáramos. Gracias por ser así: tan sencilla y tan buena, tan honda en la contemplación y tan abierta a los problemas de los otros, tan fiel servidora del Señor y tan cercana a los hombres que pecamos.
Gracias por habernos recibido por habernos golpeado el corazón y enseñado la senda del regreso. Por habernos serenado el camino, por hacernos sentir que somos hijos. Olvidamos al Padre que nos ama y nos hemos encerrado ante el dolor, la pobreza y la injusticia. Hoy gozamos en la paz y la alegría del reencuentro, hemos vuelto al Señor que nos libera y hace nuevos.
Saboreamos adentro su palabra comimos en familia el Pan de la unidad que da la vida. De allí nace para todos el espíritu de amor que nos faltaba, esa red de justicia verdadera que es la raíz de la paz entre los pueblos. Gracias por todo, Madre del Camino y la Esperanza. Gracias por habernos alcanzado la Reconciliación con Dios y con los hermanos en tu Hijo. Virgen de la Reconciliación, muéstranos al Padre de cada día y a Cristo que vive en los hermanos.
Amén.
Cardenal Eduardo Pironio |