La Palabra me dice
Jesús hizo dos cosas en sus tres años de misión: predicar y curar. Y aunque entregó ese poder a los apóstoles y les fue formando en la misma misión, hoy encontramos que ellos son incapaces de curar a un endemoniado. La fe no es sólo del que pide la gracia, sino también del mediador. Cristo nos ha llamado a cada uno para continuar su misión, extender su gracia, sanar a tantas personas con nuestra vida, nuestro ejemplo y nuestro consejo. Ese poder sólo será fecundo si cuenta con una pequeña semilla: la fe. ¡Dios quiere actuar a través de nosotros! ¡Cristo quiere que seamos sus manos, sus pies, sus labios! Pero… ¿lo creemos realmente? ¿Somos la semilla de mostaza? El padre que implora la sanación de su hijo epiléptico y Jesús sana al muchacho y reprende la poca fe de los discípulos, explicando que con una fe pequeña como una semilla de mostaza nada les será imposible. Jesús no pide una fe gigante, sino auténtica y arraigada en Dios, capaz de transformar los obstáculos en posibilidades.
Con corazón salesiano
Vivir el pasaje de la fe que mueve montañas con el estilo de Don Bosco y de María Mazzarello significa transformar la confianza en Dios en cercanía, en alegría serena, en trabajo sencillo y constante, en presencia cariñosa entre los jóvenes que se hace entrega de amor pleno. Para Juan su fe como grano de mostaza se traducía en llevar a los muchachos de la mano hacia los sacramentos, confiando en que Dios obraba milagros a través de la alegría, la razón y la confianza en María Auxiliadora. Para él, mover montañas significaba no desalentarse ante los problemas del patio, las deudas y las innumerables responsabilidades, sino creer que Dios puede cambiar cualquier realidad por dura que parezca. Maín vivió su fe en el pequeño pueblo de Mornese, transformando un taller de costura en un espacio de oración, acogida y dignidad para las niñas. Ella conocía bien la vida del campo y de las vides. Para Maín, la fe pequeña pero firme era como el sarmiento unido a la vid: soportar la "poda" del sufrimiento (como su grave enfermedad de tifus) con el corazón lleno de esperanza y alegría silenciosa.
A la Palabra, le digo
Pide el don de una fe sencilla, que no se achique ante las dificultades cotidianas. Con esta bonita canción pidamos al Señor ese regalo, escuchando Sencilla del autor Santiago Benavides https://www.youtube.com/watch?v=NEfQL0yjJuY
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