La Palabra me dice
La siembra y los terrenos, podríamos señalar. El sembrador a todos ofrece buena semilla. El sembrador conoce y confía en la potencialidad de la semilla. Sabe también de tener esperanza en el silencioso proceso de la semilla. Sabe y conoce que lo sembrado no está libre de riesgos, de las plagas. Los terrenos y el lugar donde cae la semilla, nos describe las diferentes actitudes de cada oyente de la palabra. Con mucha claridad nos ilustra lo que pasa en los que recibimos la buena semilla. Ciertamente todos podemos trabajar para mejorar el terreno, de modo que la siembra alcance a dar sus frutos. Linda oportunidad, para preguntarnos, cuál de estos terrenos, es el más frecuente en mi relación con la semilla de la Palabra.
Con corazón salesiano
Don Bosco como buen campesino, sabe de siembras y terrenos. Sabe del esfuerzo y el trabajo que implica, sembrar y llegar a obtener buenos frutos. Desde su experiencia se convierte en sembrador en el corazón de los oratorianos. A todos les presenta el ideal de la Santidad. En el corazón de cada uno, va colocando el deseo de superarse y trabajar para alcanzar sus sueños. Con claridad los advierte sobre los peligros a que se encuentran expuestos. Con generosidad, ofrece los mejores medios para ayudar a esa siembra. La oración, la vida de gracias, la devoción a María, la comunión y comunión frecuente. Junto a esto ofrecerá su presencia dispuesto siempre a escuchar y animar.
A la Palabra, le digo
Señor, hoy vienes a la tierra de mi alma dispuesto a sembrar tu mensaje en ella. Ayúdame a escucharte, a aceptar tu Palabra, a configurar mi vida con ella. Concédeme ser una tierra buena que produzca fruto abundante por saber acoger y trasmitir tu gracia.
|