Evangelio del Dia

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Viernes 10 de Julio de 2026

Mt. 10, 16-23

«Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.

Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.

Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.

El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.

Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.»

La Palabra me dice


"Yo los envío…”. Primera gran cuestión, muy sabida y por eso muchas veces dejada de lado. Lo obvio no necesita ser explicitado y esto lo pone en riesgo de olvido. Tengo que recordar siempre que soy enviado, que soy medio y no fin de lo que anuncio.

“A causa de mí…”. En la misión no podemos atribuirnos nada. Ni siquiera los que nos toque padecer será por nosotros, sino a causa de proclamar a Jesús.

“…el Espíritu de su Padre hablará en ustedes”. A veces me sorprendo cuando alguien me recuerda alguna palabra que dije e hizo bien, y pienso ¿cuándo dije eso? o ¿yo dije eso?, ese es el momento en el que tomo conciencia que soy instrumento y que Dios se vale de mi para llevar su mensaje.


Con corazón salesiano


Don Bosco desde el sueño de los 9 años se sintió siempre llamado para cumplir una misión en medio de los jóvenes.

Para poder llevar adelante esta misión encomendada por Dios, Don Bosco debió actuar con mucha astucia (Furbizzia), como en el momento de fundar la congregación, llamándola “sociedad” para poder trabajar según su llamado dentro del marco que le brindaban las leyes anticlericales de la época.


A la Palabra, le digo


Señor ayudame a reconocerme enviado por Vos y a reconocer que es tu Palabra la que debo anunciar, y no la mía. Despertá en mí la astucia en todo lo que sirva para el bien de los jóvenes; ayudame a ser creativo en mis métodos de evangelización.