La Palabra me dice
"Yo los envío…”. Primera gran cuestión, muy sabida y por eso muchas veces dejada de lado. Lo obvio no necesita ser explicitado y esto lo pone en riesgo de olvido. Tengo que recordar siempre que soy enviado, que soy medio y no fin de lo que anuncio. “A causa de mí…”. En la misión no podemos atribuirnos nada. Ni siquiera los que nos toque padecer será por nosotros, sino a causa de proclamar a Jesús. “…el Espíritu de su Padre hablará en ustedes”. A veces me sorprendo cuando alguien me recuerda alguna palabra que dije e hizo bien, y pienso ¿cuándo dije eso? o ¿yo dije eso?, ese es el momento en el que tomo conciencia que soy instrumento y que Dios se vale de mi para llevar su mensaje.
Con corazón salesiano
Don Bosco desde el sueño de los 9 años se sintió siempre llamado para cumplir una misión en medio de los jóvenes. Para poder llevar adelante esta misión encomendada por Dios, Don Bosco debió actuar con mucha astucia (Furbizzia), como en el momento de fundar la congregación, llamándola “sociedad” para poder trabajar según su llamado dentro del marco que le brindaban las leyes anticlericales de la época.
A la Palabra, le digo
Señor ayudame a reconocerme enviado por Vos y a reconocer que es tu Palabra la que debo anunciar, y no la mía. Despertá en mí la astucia en todo lo que sirva para el bien de los jóvenes; ayudame a ser creativo en mis métodos de evangelización.
|