Evangelio del Dia

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Domingo 28 de Junio de 2026

Mt. 10, 37-42

«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».

La Palabra me dice


El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí…

Es un lenguaje que podemos considerar un poco duro. El Papa francisco comentando este pasaje decía hace unos años atrás:

“Jesús no quiere cancelar el cuarto mandamiento…, al contrario, cuando Jesús afirma el primado de la fe en Dios, no encuentra una comparación más significativa que los afectos familiares. La invitación a poner los vínculos familiares en el ámbito de la obediencia de la fe y de la alianza con el Señor no los daña; al contrario, los protege, los desvincula de egoísmo, los custodia de la degradación, los pone a salvo para la vida que no muere”.
La cruz, también, es parte de la vida humana y cristiana. Por más que lo intentemos, no la podemos evitar. El tema pasa por aceptarla con fe y llevarla con cariño. Cierto que no es nada fácil… muchas veces nos resistimos… Sin embargo, Jesús nos anima a tomarla y a seguirlo. Es el camino que nos propone para poder encontrar sentido y plenitud de vida.

Aunque sólo sea un vaso de agua fresca…
Siempre me llamo la atención este detalle. Un vaso de agua dado a alguien por ser discípulo de Jesús, no quedará sin recompensa. Dios, nuestro Padre, es el Dios de los detalles de amor, el Dios de los detalles de humanidad.

Con corazón salesiano


Juan Bosco, en su camino de seguimiento de Jesús, fue aprendiendo de a poco y no sin dificultades a poner el amor a Dios en primer lugar. 

Recordamos su experiencia con el mirlo, el pajarito del cual estaba tan apegado. Cuando murió, Juanito quedó desbastado. Lo mismo pasó cuando murió don Calosso, su padre, amigo y benefactor. Tanto le afectó que estuvo a punto de enfermarse. Mamá Margarita lo envió unos días con su abuelo en Capriglio para que se recupere. Y dicen las “Memorias del Oratorio” que luego de este evento: 

“Por entonces tuve otro sueño, en el que se me reprendía ásperamente por haber puesto toda mi esperanza en los hombres y no en la bondad del Padre celestial”.

Es aprendizaje, es camino, es empeño en poner a Dios en el lugar que le corresponde: el primero… Luego todo lo demás. 


A la Palabra, le digo


Señor Jesús, enséñanos a seguirte con todo nuestro ser. Enséñanos a tomar nuestra cruz y caminar detrás de Ti, poniéndote en el primer lugar, aunque muchas veces nos cueste, aunque a veces no nos salga. Queremos seguirte, enséñanos a hacerlo con todo el corazón, sin dejar nada fuera. Amén.