La Palabra me dice
Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón… Acumular tesoros, parece, es algo propio de nuestra naturaleza… Jesús nos advierte que no los acumulemos aquí, sino en el cielo. ¿Cuál es o cuáles son nuestros tesoros? Tenemos que reconocerlos y darnos cuenta si estamos acumulando bienes aquí, o si estamos acumulando bienes en el cielo. Los bienes del “cielo” tienen que ver con aquellas actitudes que hacen feliz el corazón, que lo hacen vivir en plenitud. No tienen que ver con cosas materiales, ciertamente. Alguien dice por ahí: “Es tan pobre que lo único que tiene es dinero”. Y si nos ponemos a pensar hay bastante de verdad en esa expresión… Por otro lado, un obispo latinoamericano tiene unos versos muy significativos: ““Al final del camino, me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré mi corazón lleno de nombres”. Quizá sea este el secreto de la vida… Quizá nuestra mayor riqueza, nuestro mayor tesoro sea el tiempo que hemos dedicado a cultivar el corazón, acompañando y dejándonos acompañar, junto a otros. Quizá, para Jesús, sea eso acumular tesoros en el cielo.
Con corazón salesiano
Don Bosco entendió que el secreto de la educación pasa por el corazón. No hay nada más importante que saber llegar al corazón del otro, para descubrir la riqueza que esconde la vida. Es en el encuentro con los demás, desde el corazón, donde vamos haciendo experiencia de lo hermosa que es la vida y de la posibilidad de ser felices. Todo esto nuestro padre lo hizo pedagogía y espiritualidad. Nos transmitió un modo de vivir y de hacer experiencia de Dios que es el oratorio y ahí hacer experiencia del amor preventivo de Dios.
A la Palabra, le digo
Señor Jesús, gracias por darnos a don Bosco como Padre, Maestro y Amigo… Gracias por habernos enseñado que lo más importante es el corazón. Ayúdanos a cuidar siempre nuestros vínculos y relaciones… que sepamos acumular tesoros en el cielo… Un corazón lleno de nombres. Amén.
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