La Palabra me dice
Cuando oren digan: Padre nuestro… Me quedo sólo con estas palabras. Creo que no necesitamos más. En estos tiempos donde las “grietas” se abren por todos lados, donde la violencia hace escala y donde los líderes mundiales pretenden resolver los conflictos de intereses a fuerza de guerras sin sentido, provocando tanta muerte de inocentes… Poder rezar diciendo: PADRE NUESTRO, nos cambia la perspectiva y el corazón… Somos todos hijos e hijas de Dios… ¡Somos hermanos! ¿Por qué será que nos cuesta tanto poder darnos cuenta de esto que es tan sencillo, tan humano? Jesús, al enseñarnos a rezar de este modo, con estas palabras nos ayuda a recordar esta verdad tan honda. Cuando algunos líderes mundiales pretenden usar el nombre de Dios para justificar la violencia entre los pueblos, Jesús nos dice “No”, “Tú Papá y el mío son el mismo. Somos hermanos. Ámense los unos a los otros”. Que no nos cansemos de rezar, y de rezar creyendo: “Padre nuestro…”
Con corazón salesiano
A don Bosco le gustaba que los muchachos lo llamaran “Padre”. Quizá porque en su experiencia personal se dio cuenta de lo importante, de lo necesaria que es esa figura en la vida de los chicos. Y él, como padre, pudo formar una familia en la que todos sus hijos somos hermanos. Hermanos al servicio de otros adolescentes y jóvenes que están o se sienten sin padre, sin hermanos, sin amigos, sin nadie que los quiera bien. La familia salesiana está invitada, por carisma, a poder ser signo y portadora del amor de un Dios que, ante todo, es Padre, Papá. Y poderles brindar aquello que necesitan para que puedan ser buenas personas, auténticos discípulos de Jesús, su Hijo y hermano nuestro, hermano de todos…
A la Palabra, le digo
Los invito a rezar despacio, y lo más conscientemente posible, la oración que Jesús nos enseñó. Hay algunas versiones cantadas que también son muy bonitas y nos pueden ayudar. Amén.
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