Evangelio del Dia

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Domingo 14 de Junio de 2026

Mt. 9, 35—10, 8

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha».

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: «No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.»

La Palabra me dice


¿Cómo será la vida de las ovejas sin un pastor? Jesús piensa seriamente en las personas que deben guiar a la comunidad. Porque, convengamos, todos necesitamos que alguien nos indique el camino y nos acompañe a recorrerlo. Por esta razón Jesús elige a este grupo de “trabajadores” que conducirán el rebaño del Reino de Dios. Al comienzo los envía para que vayan haciendo la experiencia del encuentro y del acompañamiento. Luego estarán solos, cada uno en diferentes lugares, en la proclamación del Reino. Van a difundir. Aunque pensándolo bien, tendrán que ser pastores que conduzcan el rebaño. No nos olvidemos de ese detalle campestre que nos propone Jesús. ¡Ay, por favor! ¡Cómo se nos viene a la mente las palabras del Papa Francisco: “Pastores con olor a ovejas”! Ojalá que nadie pierda el perfume de la fe.


Con corazón salesiano


Don Bosco guiaba el rebaño del oratorio, organizando el movimiento de personas que estaban a su alrededor para construir el Reino de Dios.

Don Bosco no esperaba a los jóvenes: iba a buscarlos en la calle, en los lugares de riesgo, en su vida concreta. El Oratorio nace así, como un movimiento que sale al encuentro.


A la Palabra, le digo


Señor Jesús,

Buen Pastor de los jóvenes,

te damos gracias por el corazón de Don Bosco,

que supo amar, acompañar y guiar con alegría.

Enséñanos a estar presentes,

a mirar con ternura,

y a construir con los jóvenes un mundo más fraterno.

Que, como él, sepamos vivir

con razón, fe y amor,

haciendo de cada encuentro

una oportunidad para acercar tu Reino.

María Auxiliadora,

camina con nosotros y cuida a nuestros jóvenes.