La Palabra me dice
¿Cómo será la vida de las ovejas sin un pastor? Jesús piensa seriamente en las personas que deben guiar a la comunidad. Porque, convengamos, todos necesitamos que alguien nos indique el camino y nos acompañe a recorrerlo. Por esta razón Jesús elige a este grupo de “trabajadores” que conducirán el rebaño del Reino de Dios. Al comienzo los envía para que vayan haciendo la experiencia del encuentro y del acompañamiento. Luego estarán solos, cada uno en diferentes lugares, en la proclamación del Reino. Van a difundir. Aunque pensándolo bien, tendrán que ser pastores que conduzcan el rebaño. No nos olvidemos de ese detalle campestre que nos propone Jesús. ¡Ay, por favor! ¡Cómo se nos viene a la mente las palabras del Papa Francisco: “Pastores con olor a ovejas”! Ojalá que nadie pierda el perfume de la fe.
Con corazón salesiano
Don Bosco guiaba el rebaño del oratorio, organizando el movimiento de personas que estaban a su alrededor para construir el Reino de Dios. Don Bosco no esperaba a los jóvenes: iba a buscarlos en la calle, en los lugares de riesgo, en su vida concreta. El Oratorio nace así, como un movimiento que sale al encuentro.
A la Palabra, le digo
Señor Jesús, Buen Pastor de los jóvenes, te damos gracias por el corazón de Don Bosco, que supo amar, acompañar y guiar con alegría. Enséñanos a estar presentes, a mirar con ternura, y a construir con los jóvenes un mundo más fraterno. Que, como él, sepamos vivir con razón, fe y amor, haciendo de cada encuentro una oportunidad para acercar tu Reino. María Auxiliadora, camina con nosotros y cuida a nuestros jóvenes. |