Evangelio del Dia

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Jueves 11 de Junio de 2026

Mt. 10, 7-13

«Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.

No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.»

La Palabra me dice


¿Cómo podemos vivir estas recomendaciones que Jesús les hace a los primeros misioneros? Podemos quedarnos estupefactos y hasta paralizados, aquellos que nos quedamos en casa y no tenemos una misión afuera… Pero no es así. Si tomamos una a una estas recomendaciones, vamos a descubrir el alcance personal y comunitario que poseen en toda su magnitud, especialmente, cuando somos capaces de vivir y encarnar a cada momento el Reino de Dios. Es allí donde aparece la “dinámica” necesaria de proclamar el Reino de los Cielos con acciones y actitudes que curan, que purifican, que acompañan la muerte, que luchan contra el mal. Es indispensable en todo este proceso la gratuidad: ese toque excepcional que nos hace libres para servir, livianos de equipaje, comprometidos a cada momento sin estar “atados” a nada ni a nadie, ni al dinero, ni a la comida, ni al vestido, ni a las “seguridades”. No nos olvidemos que gratis viene de “gracia”... Por último, en la propuesta de Jesús, completamos el cuadro con las relaciones sociales: las buenas amistades se conservan con ese sabor de la paz en casa. Hagamos la prueba.


Con corazón salesiano


Desde nuestro corazón misionero salesiano podemos trazar un paralelo claro y profundo, iluminado por el Evangelio y el espíritu de Don Bosco.

Jesús y Don Bosco coinciden en formar misioneros que:

Anuncian con alegría el Reino

Viven en gratuidad y confianza en Dios

Se insertan en la vida de la gente

Construyen relaciones de cercanía y familia

Aman especialmente a los más pobres

Los misioneros salesianos no solo predican… educan, acompañan y aman.


A la Palabra, le digo


Señor Jesús,

que enviaste a tus discípulos con sencillez y amor,

enséñanos a ser misioneros al estilo de Don Bosco:

alegres, cercanos y generosos con los jóvenes,

especialmente los más necesitados.

Danos un corazón grande para dar gratis lo que recibimos,

y la confianza para llevar tu paz a cada lugar.

Que, guiados por María Auxiliadora,

seamos signos de tu Reino hoy.