La Palabra me dice
El Evangelio es el mejor lugar para encontrarnos con Jesús. Allí sabemos lo que él hizo y dijo. Pero también nos encontramos con otros protagonistas. E incluso con nosotros mismos. Son los interlocutores. Hoy podemos deducir que los interlocutores de Jesús no estaban distraídos: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”. Es así. El lenguaje figurado que utiliza Jesús los desconcierta, pero no los desalienta. Seguirán preguntando, indagando, hasta llegar a rechazarlo. Estas personas no entendieron la novedad. Incluso Jesús les recuerda lo que sucedió con sus antepasados ¿Cuál es la novedad? Jesús permanece entre nosotros, es el pan vivo, o sea, es la invitación a una comida que nutre y fortalece totalmente a las personas. La fe para reconocer esta presencia de Jesús vivo entre nosotros es fundamental.
Con corazón salesiano
Un ejemplo práctico de la devoción de Don Bosco a la Eucaristía: El "Sueño de las Dos Columnas". En uno de sus sueños más famosos, Don Bosco vio una nave (la Iglesia) azotada por una tormenta. La salvación llegó cuando el Papa amarró la nave a dos grandes columnas en medio del mar: La columna más alta tenía una Hostia gigante con la inscripción "Salus Credentium" (Salvación de los creyentes). La otra columna tenía una estatua de María Auxiliadora.
Esto resume su visión: sin el alimento de Jesús, Pan Vivo, la vida del cristiano naufraga.
A la Palabra, le digo
Jesús, que me acerque a vos, en la comunión eucarística, sabiendo que eres el Pan de Vida. Que ese encuentro personal alimente mi fe y me lleve a dar testimonio donde vivo.
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