La Palabra me dice
Las palabras de Jesús siempre resuenan como nuevas. Es la novedad del Evangelio. Hoy volvemos a encontrar esta invitación que nos hace el Maestro para considerar los ámbitos de nuestra vida cotidiana y la inserción efectiva de nuestra responsabilidad en la sociedad. Somos fieles a Dios y a nuestros hermanos. Aun así, podemos distinguir claramente el origen de la respuesta de Jesús a sus adversarios, algo que nos puede ayudar a nosotros para ser precavidos: Jesús conoce la hipocresía de los fariseos y herodianos. Esta prudencia activa nos permite distinguir el ámbito de nuestras acciones, pero principalmente las intenciones de nuestros semejantes. Lo mismo ocurre con nuestras intenciones. Porque la hipocresía es esa máscara que nos impide actuar de verdad. Siempre que seamos falsos y buscamos la ventaja, el choque, el interés a nuestro favor. Jesús se enfrenta a esos corazones enmascarados en un legalismo estéril y desgastante. La persona libre, en cambio, vive la verdad y de verdad, sin máscaras ¡Tanto teatro nos aburre! Tenemos que ser leales y verdaderos, sin máscaras. Eso sorprenderá a más de uno…
Con corazón salesiano
Don Bosco respondió ante la hipocresía fomentando la sinceridad, la confianza y la autenticidad en las relaciones humanas, especialmente en el ámbito educativo. Para él, la hipocresía era el "más detestable de los pecados" y la consideraba lo contrario a la pedagogía de la confianza, ya que sin sinceridad no hay diálogo posible. Don Bosco no combatía la hipocresía con la fuerza, sino "inundando" la vida de los jóvenes con amor, confianza y verdad, haciendo innecesaria la máscara de la hipocresía.
A la Palabra, le digo
Jesús, ayúdame a ser una persona sin máscaras. Tu verdad me acompañe siempre y tu modo de responder a los hipócritas me aleje de esa tentación tan desagradable de aparentar alguien quien no soy utilizando las máscaras.
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