La Palabra me dice
El texto de hoy se entiende en clave de “discipulado”: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido". Seguir al maestro implica un desprendimiento no solamente de bienes materiales, sino sobre todo de una reorientación del proyecto personal de vida, para ponerelo en sintonía con la propuesta de Jesús. Recordar las características del llamado de los primeros 4 discípulos: Mc 1,16-20, y del llamado de Leví: Mc 2,13-17. "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia”: Dejar los bienes materiales, las posesiones, reorientar los afectos por Él y por el Evangelio: se convierte en el verdadero tesoro. Si tenemos a Jesús, su Palabra, tenemos la plenitud, lo tenemos todo. Las riquezas, en cambio, apartan o impiden tener este bien absoluto. “No se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero” (Mt 6,24), porque las riquezas llenan el corazón y lo ciegan. Las riquezas son como un ídolo al que consagramos nuestro pensar y nuestra vida. Este falso dios nos domina, haciéndonos insensibles y crueles para con los pobres y débiles, como el rico-“epulón”. Las riquezas sirven, entonces así, sólo para el fin bajo y egoísta del disfrute personal y del poder.
Con corazón salesiano
Es cierto que Juanito Bosco era un chico pobre y que no tuvo mucho que dejar al seguir su llamado vocacional, pero también es cierto que su confianza estaba puesta en Jesús y por él pasaron infinidad de bienes que puso al servicio de los últimos, los jóvenes más pobres. Esta certeza y multiplicación prodigiosa se cumplió también con Don Rúa. Don Bosco en su vida había fundado 64 obras; con Don Rúa, serían 341. Los salesianos a la muerte de Don Bosco, eran 700; con Don Rúa, en 22 años de dirección general, llegarían a ser 4.000…
A la Palabra, le digo
Queremos hoy asumir, en nuestra comunidad, el compromiso de ponerte a vos en el primer lugar y abrazar tu causa, para transformarnos en instrumentos de tu amor para todos, especialmente de los últimos.
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