La Palabra me dice
“El que come mi carne”: Cuando Juan habla de “carne” se está refiriendo sencillamente al “hombre”, al ser humano real y concreto que se encuentra inmerso en la historia, al ser humano en toda su fragilidad. Ser “carne” es vivir como hombre, sentir como hombre; es tener un cuerpo mediante el cual es posible expresarse. Al hablar de “comer su carne”, está diciendo que es fundamental identificarnos, unirnos profundamente a Jesús, ya que Él nos comunica la vida y, al unirnos a él, aprendemos a actuar como él. Agradezco los pasos que voy dando que me identifican, en la situación vital donde me encuentro, con el obrar de Jesús. “El que coma de este pan vivirá eternamente”: El “hacernos carne” con Jesús lleva a reflexionar sobre nuestra participación en el sacramento de la Eucaristía, pues dicho sacramento significa entregar nuestras vidas por una sola causa: ser “carne” para la vida del mundo. Cuando comulgamos, ¿somos conscientes del compromiso que se desprende de la participación en la mesa eucarística?
Con corazón salesiano
Poco antes de morir, el médico de Don Bosco declaraba: “El cuerpo de Don Bosco es como un traje gastado al cual se lo ha utilizado sin descanso día y noche por años y años. Ya no hay nada que pueda curarlo. No muere de ninguna enfermedad. Muere de desgaste total por tanto trabajar". Así, hizo de toda su vida, de todas las dimensiones de ella, una entrega total para la vida de los jóvenes más pobres.
A la Palabra, le digo
Señor Jesús, que no tenga miedo “ser carne” para todos. Que pueda superar el temor de entregarme, de darme, que pueda reconocer que todos los momentos de mi vida son “mis tiempos”, pues he entregado cada instante de ella al bien de los demás.
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