La Palabra me dice
Lucas nos muestra claramente, que la fe en la resurrección no es un acto de un momento único en la vida, sino un proceso progresivo de vida, que crece como una relación personal: los discípulos intercambian sus experiencias… el Resucitado se acerca a ellos… ellos se atemorizan, hay miedos y dudas… también alegría…. hay un recordarse de lo que Jesús había dicho… En última instancia la resurrección de Jesús es algo que puede ser captado y comprendido desde la fe que el mismo Jesús despierta en nosotros. Si no experimentamos “por dentro” la paz y la alegría que infunde Jesús, es difícil que encontremos “por fuera” pruebas de su resurrección… “Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto cuando Jesús se apareció”… De retorno a Jerusalén, los dos discípulos encontraron a la comunidad reunida y comunican la experiencia que tuvieron. Narran lo que aconteció por el camino y cómo reconocieron a Jesús en el partir el pan. La comunidad reunida les comparte a su vez sus propias experiencias: María Magdalena y las otras discípulas, Pedro… ¿En nuestras comunidades, en nuestras familias, con nuestros jóvenes compartimos nuestros procesos de búsqueda y la alegría de haber encontrado al Maestro?… ¿Nos ayudamos mutuamente a crecer en el encuentro con el Resucitado? ¿O vivimos como desconocidas/os, no compartiendo nuestro caminar? “Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean”. Lucas es muy realista. Los discípulos no pueden creer lo que ven y les surgen todo tipo de ideas en el esfuerzo por procesar lo que tienen delante. La palabra que les viene en mente desde su paradigma cultural es “espíritu” o “fantasma”… Sufren un shock… están perplejos, agitados, desconcertados… en este vaivén de sentimientos también surgen la alegría, la admiración… También nuestra fe en Jesús Resucitado se va despertando de forma frágil y humilde… de ordinario crece rodeada de dudas e interrogantes… es proceso… es muerte-vida… Y Lucas continúa insistiendo en la corporeidad de la resurrección, mostrando la identidad entre el Cristo resucitado y el Jesús terreno: vean, toquen, traigan algo de comer… Estos discípulos son expresión de la realidad humana, tuya y mía, a la que le y nos cuesta creer o cree sólo de un modo “espiritualista”, de pura experiencia interior… La fe pascual, la verdadera mística es necesidad de seguir tocando, en las personas, las llagas de Aquel que ha muerto por los demás…Tocamos a Jesús en la realidad de la carne, de la vida concreta, donde él sufre en los que sufren… tocando las llagas de los crucificados, de los hambrientos, de los chicos de la calle, abandonados, sin educación y sin sentido de la vida… Allí está Jesús, no como un fantasma, sino como un hombre – mujer concreto/a que nos sale al encuentro como promesa de vida… las “llagas” comienzan a mostrarse como signo y promesa de resurrección… ¿Cómo va mi fe pascual, cómo la visualizo? ¿Estoy convencida/o que para crecer en esta fe pascual es necesario que transite el camino del “Servidor Sufriente”?
Con corazón salesiano
La fe pascual, la certeza de la resurrección como triunfo de la vida sobre la muerte, hicieron de Don Bosco un ser profundamente optimista. Un optimismo que no es credulidad ni espiritualidad evanescente, sino que sabe de dolor atravesado, de sufrimiento purificante, de llaga transfigurada. Él tocó, como Jesús, el límite humano, las llagas de una sociedad que deja abandonados a sus hijos… esto lo hizo humano, realista, corpóreo… Pero su dinamismo interior, lo que lo movía como carburante propelente era el amor transformador, el amor de su Amado-resucitado, capaz de generar vida nueva. Toda la vida de Don Bosco se explica por la Pascua de Jesús.
A la Palabra, le digo
Dejarnos encontrar por el Viviente…dejarnos abrazar por el Amado-Resucitado…y poder así anunciar lo que “hemos visto y oído”…anunciar que este Amor nos ha transformado… Reconocerlo y volverLo a abrazar en los límites humanos… en las llagas de nuestros jóvenes…en tantos hijos e hijas olvidados/as por nuestra sociedad…
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