La Palabra me dice
Si miramos el texto, lo primero que vemos es la clave de la Pascua. “seis días antes de la Pascua”. Vemos el lugar: “Betania”, con lo que significa en el caminar de Jesús, ese lugar. Lugar que habla de encuentro, amistad, intimidad, descanso, mesa compartida, alegría, fiesta. Vemos que una mujer, tiene un gesto de total generosidad, de ternura, gesto profético. Frente a ese gesto vemos la mirada del interesado, de quien justifica su mezquindad. La palabra de Jesús que da sentido al gesto, y anuncia su partida. Esa Betania convoca a muchos, atraídos por el aroma de la vida nueva de Lázaro y otros por la curiosidad; otros con total rechazo a la vida, programando la muerte. Escuchando nos podemos preguntar: ¿Es la Pascua, la referencia de mi tiempo? ¿Es la Eucaristía semanal, mi Betania donde celebro la vida y la comparto? O mi tiempo lo marca el interés por más dinero, por guardar lo mejor para mí, en lugar de compartirlo? Estoy dispuesto a romper el frasco de mi amor por brindarme desinteresadamente por el hermano, en quién me espera Jesús? ¿Cómo Lázaro soy signo de vida nueva? ¿Mis actitudes irradian la fragancia del Amor recibido y entregado? Mirar, escuchar nos debe llevar a elegir: ¿De qué lado me ubico, de Betania que sabe de amistad, mesa compartida, respuesta generosa; o de la mirada mezquina y de rechazo a la novedad de la Pascua? Mis elecciones van en sintonía con las de Jesús; con las de la mujer que rompe el frasco? Mi actuar, está del lado de la entrega generosa de Jesús, que se entrega totalmente para ungir a la humanidad con la novedad de la Resurrección? ¿O actuó desde la mirada interesada, y mezquina? La Semana Santa que estamos transitando es un fuerte llamado a confrontarnos con la novedad del Evangelio. Dejemos que la Palabra nos saque de las parálisis, de la muerte, que no saben de Betania, ni de la unción del Amor entregado de Jesús, que perfuma nuestros vínculos.
Con corazón salesiano
A la luz de este texto, que meditamos podemos pensar la experiencia del Oratorio animado por Don Bosco, como verdadera Betania. El oratorio como lugar de encuentro, de amistad, de mesa compartida, de alegría contagiosa por la entrega generosa de unos por los otros. El oratorio como lugar de vida nueva para tantos, excluidos y expuestos a permanecer atados, por la mezquindad de los que acaparan y miran la vida desde el dinero. La experiencia del oratorio donde el aroma y perfume de familia, es fruto de la entrega total de Don Bosco. Es ese frasco valioso que se rompe para ungir a Jesús en los jóvenes del oratorio. ¿Será que si hoy falta el clima de Betania, de familia, de mesa compartida en nuestras casas, será porque nos ha ganado la mirada especuladora y mezquina de Judas? Otro rostro salesiano de esta página del Evangelio, es la experiencia del Hospital San José, en Viedma. El hospital esa Betania con lugar para todos, y donde la alegría de Zatti, inunda y contagia la certeza del resucitado en cada vecino, en cada paciente. Donde no tiene lugar la especulación ni el primado del dinero.
A la Palabra, le digo
Danos docilidad a tu Espíritu de Resucitado, para generar en nuestros vínculos, ese clima de Betania, de alegría y unción fruto del amor generoso y entregado en el servicio de unos a otros. Gracias por tu entrega total, en la cruz, desde donde has ungido a la humanidad con la novedad de tu Reino.
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