La Palabra me dice
La anunciación del Nacimiento de Jesús hunde sus raíces en el profundo proyecto de salvación de los hombres, comenzado ya en la primera Alianza. Lucas, subrayando este aspecto, presenta la maravillosa intervención de Dios en la vida de María. “En el sexto mes” “No temas” “Tu parienta Isabel, a pesar de ser ya considerada estéril, concibió un hijo” “Nada es imposible para Dios” Palabras fuertes, que nos presentan una señal fuerte: Dios sigue interviniendo en la historia, sigue presente… muchas veces de maneras que no nos imaginamos, y que simplemente nos piden reconocerlas y hacerle lugar.
Con corazón salesiano
No estaría mal identificar la misma dinámica del relato de la Anunciación (propuesta, dudas, incertidumbre, respuestas y confianza), con la dinámica que se da en el sueño de los 9 años de Don Bosco, sueño que se repetirá, con variantes, al menos unas 10 veces a lo largo de su vida…
A la Palabra, le digo
Señor, que la brisa suave del silencio, como viento de gracia, se lleve fuera todas las voces y los rumores que poco a poco me alejan del corazón de mi existir. Que la huella luminosa de tu paso llene de perfume el aire en que vivo habitualmente para que no busque a otro que a ti. Entonces llegaré a pensar tus palabras, a hablar tus palabras, porque no huyendo de mi mismo, te habré encontrado donde estás: en la profundidad de mi límite humano, en mi interioridad y soledad existencial, allí donde el amor donado genera amor y crea puentes de comunión. Que así sea.
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