La Palabra me dice
Jesús está en el Templo. Los templos eran de piedra en la parte más cercana al altar y en el fondo, destinado a las personas de menor rango social, eran de tierra. Allí se ubica Jesús, en la tierra, entre los últimos, literalmente hablando. Luego que todos se van, Jesús comienza a dialogar. A esta mujer condenada por los fariseos, después que todos se fueron, Jesús le pregunta “¿Dónde están tus acusadores?”. Con esta pregunta le ayuda a ir tomando conciencia de su situación… Jesús sigue: “¿Alguien te ha condenado?”. Un paso más…. Reconocer la propia situación, es un punto esencial para reformar y retomar caminos de felicidad plena… Con sus preguntas, Jesús hace protagonista a la mujer, le ayuda a que reconozca su dignidad. Ella dice: “Nadie Señor” y ella se da cuenta que nadie puede quitarle su condición, su dignidad de persona, más allá de lo que haya hecho. Nadie es inferior ni superior. Nadie. Jesús aclara que no está entre nosotros para condenar… lo que no significa que le da todo lo mismo. Su preocupación es por la vida plena de todos, y es ésa la recomendación que le da a la mujer… No se queda en señalar lo que no está bien, sino que, confiando en la capacidad del corazón de todos, la anima a que ella misma se anime a vivir mejor.
Con corazón salesiano
Don Bosco ve la dignidad de cada joven y le devuelve esa mirada digna sobre su condición. Les ayuda a reanimar su esperanza. Casa, Parroquia, Escuela, Patio, son espacios para crecer reconociendo lo propio y crecer en autonomía. Lo hace a través del diálogo, como Jesús. Como ejemplo, el diálogo con Bartolomé Garelli nos muestra el recorrido de Don Bosco: confianza, reconocer la propia situación, revitalizar las propias capacidades y ofrecer caminos para que estas capacidades se hagan realidad.
A la Palabra, le digo
Dame Dios una mirada dignificante para mis amigos y para quienes no lo son tanto, para los que han pecado, para los que me han dañado. Hacé que no los perpetúe en su lugar de pecado y que los ayude a salir de su condición.
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