Evangelio del Dia

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Viernes 20 de Marzo de 2026

Jn. 7, 1-2.10.14.25-30

Después de esto, Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Chozas.

Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Promediaba ya la celebración de la fiesta, cuando Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar.

Algunos de Jerusalén decían: «¿No es este aquel a quien querían matar? ¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es».

Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: «¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió».

Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

La Palabra me dice


“… también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Promediaba ya la celebración de la fiesta, cuando Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar”. Quiso pasar desapercibido… pero no pudo con su genio, comenzó a enseñar. Es algo que lo puede. Hay fuego en su interior. Un fuego que lo hace recorrer toda las ciudades y regiones de su tierra, un fuego que lo hace hacer signos y milagros entre los pobres y enfermos, un fuego que le hace enseñar a tiempo y destiempo, oportuna e inoportunamente… 


“Algunos de Jerusalén decían…”. Siempre habrá gente que hable… Siempre. De esos que no aportan nada pero que intervienen, muchas veces para sembrar cizaña o para generar dudas, división… 

Ciertamente que necesitan ser evangelizadas estas actitudes, por eso Jesús le sale al cruce. Creer saber quién es el Maestro, y por eso hablar… Cuántas imágenes equivocadas podemos tener de Jesús, y creemos que, por tener algún tipo de experiencia, tenemos derechos sobre otros. Tener muchos conocimientos sobre Jesús, no nos hace mejores que los demás… nos debería hacer tomar conciencia de que hay muchas zonas, dentro de nosotros mismos, a las que todavía no ha llegado el Evangelio.


“«¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy?”. Es lo que ha dicho Jesús. Me trae a la mente un versículo de la Carta de Santiago: “Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes”. (Sgo. 4,6)

Jesús les hace que la actitud que tienen es lo que no les permite poder entrar en el corazón de Dios y acceder a los misterios del Reino. 

Es una gracia que Dios da a los humildes. “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los pequeños”. (Mt. 11,25)

Jesús hace ver que Su Padre es Dios y esto es inconcebible por los entendidos de Israel. Sin embargo, Él les está compartiendo su más profunda identidad y su misión. 


Con corazón salesiano


Don Bosco, María Mazzarello, Domingo Savio, Laurita Vicuña, Ceferino, don Zatti, cada uno estos hermanos nuestros han tenido dentro suyo el fuego de Jesús. 

Cada uno con su estilo, cada cual con su historia… el fuego de Jesús que está presente, en la vivencia del espíritu salesiano, en la práctica del sistema preventivo, en la pasión por el mundo juvenil y sus desafíos, les permitió vivir con intensidad el don de la vida y ponerse al servicio de los adolescentes, jóvenes, enfermos… 

No hicieron las cosas que hicieron porque había que hacerlas, tampoco porque no quedaba otra, o para sacar algún tipo de ganancia… El Reino de Dios y su justicia, la salvación de los jóvenes, el cuidado de la vida y de todas las vidas movieron siempre su existencia. Recibieron gratis y se dieron gratuitamente. 

Poder compartir la Buena Nueva, la fe, enseñar a Jesús, enseñar a vivir el Evangelio con sencillez, desde lo cotidiano, desde lo pequeño de la vida, es una clave de pastoral salesiana que da sentido a todo lo que hacemos. Como estos hermanos nuestros, nos acercamos a Jesús como discípulos humildes para poder recibir de Él los misterios del Reino. 


A la Palabra, le digo


Señor Jesús, aquí estamos a tus pies, como discípulos y discípulas. Estamos dispuestos a escucharte para poder conocerte. Aquí estamos deseosos de poder conocer los misterios del Reino y poder compartirlos con los adolescentes y jóvenes con los cuales compartimos la vida. 

Que el fuego de tu Reino llegue a nuestros corazones y nos impulse siempre a la misión. Amén.