La Palabra me dice
Jesús se refiere a un tema específico: las personas que desprecian a otras personas ¿Qué significa despreciar? Significa quitarle todo el gran valor que posee cada persona. Es una actitud que en sí misma, es ¡despreciable! Encontré esta lista de palabras de una persona que desprecia a otra persona. Nos servirá para detectarlas o detectarnos… Aquí está: Despreciativo/a: Que muestra desprecio o desdén. Desdeñoso/a: Que actúa con desdén o menosprecio hacia los demás. Altanero/a: Alguien orgulloso que mira a los demás por encima del hombro. Arrogante: Persona que se cree superior y desprecia a otros. Menospreciador/a: Que infravalora o negrea a las personas. Es un lenguaje directo que nos advierte la presencia de esta actitud negativa que nos señala Jesús. La parábola nos ayuda a optar por la humildad, una virtud que tenemos que practicar silenciosamente, con gestos y palabras oportunas, respetando a los demás. Esta humildad llega hasta lo profundo de nuestra vida espiritual cuando reconocemos nuestra condición de pecadores. El tiempo de cuaresma es oportuno para seguir buscando la libertad en la humildad.
Con corazón salesiano
La humildad de Don Bosco no era vana o tímida, sino una fuente de fortaleza que le permitió realizar su labor educativa con un estilo lleno de bondad y "Corazón de Jesús". Jesús es la fuente. Don Bosco, fiel discípulo de Cristo, hizo de la humildad una de las columnas de su espiritualidad. En sus Memorias del Oratorio, escribe con sencillez: “Todo lo bueno que se ha hecho, lo ha hecho el Señor”. Esta conciencia de ser instrumento, y no protagonista, le permitió vivir con libertad interior, sin buscar reconocimientos ni recompensas, y le dio una autoridad moral que aún hoy nos interpela. Su mansedumbre, unida a una firmeza inquebrantable en los principios, fue clave para ganarse el corazón de los jóvenes y de sus colaboradores. En la Carta de Identidad de la Familia Salesiana se nos invita a vivir “con mansedumbre y cordialidad, como Don Bosco, que sabía unir firmeza y dulzura, autoridad y cercanía” (CIFS, 26). Esta mansedumbre, tan necesaria hoy, es una forma concreta de caridad pastoral. Nos permite acercarnos a los jóvenes y familias con respeto, sin imponer, sin juzgar, sin pretender tener siempre la última palabra. Nos ayuda a crear ambientes donde todos se sientan acogidos, valorados, escuchados.
A la Palabra, le digo
Jesús, amigo, te pido que me ayudes a ser humilde, de corazón y de obras. Dame un corazón manso y humilde como el tuyo y una buena memoria para no olvidar este acto de amor.
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