La Palabra me dice
Las palabras de Jesús hacen enojar a sus paisanos. ¿Por qué será? La reacción de estas personas es una figura de lo que ocurre también entre nosotros cuando escuchamos una verdad que no nos gusta. Jesús no habla de preferencias, sino de aceptación, de acogida de su palabra y es ello lo que tiene que producir el cambio, la conversión. Sin embargo, como no se acepta (a la palabra), se rechaza también a la persona, en este caso a Jesús, hasta querer eliminarlo, empujándolo hacia el abismo. Esa respuesta, más o menos aminorada, la solemos utilizar en nuestra vida cotidiana. Pero eliminar a Jesús es imposible: él pasa en medio nuestro y continúa su camino. Somos nosotros los que debemos cambiar, entender la propuesta de Jesús y decidirnos a seguir sus pasos.
Con corazón salesiano
Don Bosco también tuvo algunas controversias con la curia arzobispal de Turín durante las décadas de 1860 y 1870, en un conflicto marcado por diferencias ideológicas, metodología pastoral y maneras de afrontar la inestabilidad política del Piamonte en el siglo XIX. Sin embargo, a pesar de que Don Bosco fue un sacerdote profundamente fiel a la Iglesia, su estilo innovador y su independencia generaron recelos entre la jerarquía conservadora. El "Sistema Preventivo" de Don Bosco (basado en la razón, la religión y el amor) y su oratorio en Valdocco no encajaban en las estructuras parroquiales tradicionales. El mismo Arzobispo Gastaldi llegó a limitar las facultades de confesar de Don Bosco, se oponía a la ordenación de seminaristas salesianos y envió quejas al Vaticano contra él. No obstante estas tensiones, Don Bosco nunca se rebeló contra la autoridad eclesiástica, manteniendo el respeto y la obediencia al Papa, logrando finalmente la consolidación de su obra salesiana.
A la Palabra, le digo
Jesús, ilumina mi mente para poder adherirme a tu verdad y ser capaz de poder comunicarla y compartirla con mis hermanos.
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