La Palabra me dice
Jesús nos enseña sobre la oración. Al principio nos habla sobre el silencio. A veces nos imaginamos que la oración consiste en hablar mucho o en pedir insistentemente. Esto también tiene su sentido porque somos mendigos que necesitamos imperiosamente sanar heridas nuestras o de nuestros hermanos. Y el mismo Jesús dijo: “Pidan y se les dará”. Porque Dios sabe más que nosotros necesitamos también pedir porque eso desarma nuestro ego de toda autosuficiencia y autoridad. Y muchas veces somos incapaces de perdonar que es una forma difícil del amor, pero nos asegura el perdón para nosotros. Por es bueno, justo y necesario que siempre nos pongamos en las manos de Dios: “que no se haga mi voluntad sino la tuya”.
Con corazón salesiano
También nosotros necesitamos orar. Porque sabemos que no podemos cambiar el mundo, donde aparece siempre el mal en situaciones casi absurdas de crueldad y maldad. Sabemos que Don Bosco, un hombre que vivió intensamente en la acción, supo también ser un hombre de oración, un hombre que hizo vida de la liturgia. Pero él pudo hacer grandes obras mientras vivía a fondo la “gracia de la unidad”. A esto todos estamos llamados. No podemos lograr un “mundo nuevo”, pero podemos con nuestra contemplación poner nuestro granito de arena para que el mundo “cambie".
A la Palabra, le digo
Señor, tu suscitante en tantos jóvenes la sed de misionar. Y fueron a la Patagonia y a otros lugares donde encontraron muchas veces ambientes hostiles en el clima, en los gobiernos, en la sociedad, ámbitos que requerían enormes sacrificios. Te pedimos que hoy sigas llamando a muchos jóvenes salesianos para mantener de pie las comunidades misioneras que sean capaces de dar la vida para hacer crecer el Reino. Y te damos gracias por los que ya lo hicieron. Tú que fuiste el gran misionero del Padre y ahora reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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