La Palabra me dice
Jesús se juntaba con publicanos y pecadores, se reunía y comía con ellos, incluso llamó a alguno de ellos a compartir vida y misión. El tal era Leví, reconocido y odiado recaudador de impuestos que pasa a estar entre “los doce”, de aquellos que parecen estar más cerca de Jesús. Y, a veces, podemos estar más lejos. Esto es motivo de “escándalo” entre los fariseos y escribas y probablemente entre los mismos discípulos de Jesús que no acaban de comprender a qué ha venido Jesús. Su palabra es clara. Él ha venido para que nosotros, pecadores como Leví, respondamos a su Palabra, a su llamado, como lo hace el propio Leví. Cuando nosotros nos ponemos en el bando de los “buenos”, podemos estar más lejos del espíritu de Jesús, que ha venido precisamente como médico de los pecadores y de los que se reconocen tales.
Con corazón salesiano
Don Bosco también llamaba. El diálogo con Juan Cagliero es particularmente revelador. Se trata de un preadolescente de 12 o 13 años a quien Don Bosco formará especialmente y será el líder de las misiones en la Patagonia. Fue especialmente llamativa su bondad en la edad madura y su discernimiento para fundar nuevas obras, que eran requeridas por los obispos. Tuvo una relación especial con don Bosco y Ceferino Namuncurá.
A la Palabra, le digo
Señor Jesús, dame un corazón lleno de bondad, audacia y entrega a la misión para que pueda acompañar a los jóvenes y plantearles una espiritualidad, como la de Don Bosco. Danos la marca y el sello de aquellos primeros salesianos, algunos muy jóvenes que se entregaron sin reservas, para que el Reino de Dios siga creciendo. Amén.
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