Evangelio del Dia

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Lunes 16 de Febrero de 2026

Mc. 8, 11-13

Entonces llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: «¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo».

Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.

La Palabra me dice


Los fariseos le piden a Jesús un signo, porque no se dan cuenta que Jesús mismo es de por sí un signo, el gran signo del amor del Padre. La pretensión de “un signo del cielo” implica no ser capaces de ver los signos que se están continuamente produciendo en la tierra. Precisamente los seguidores de Jesús estamos llamados a ser estos “signos” que, en la tierra atravesada por la violencia y los conflictos, buscan la paz con todos los medios a su alcance. Este anhelo de paz debe complementarse por una búsqueda de comunión, para construir todos juntos la paz y la justicia que hacen del mundo un “hogar”, en el que todos no solamente puedan vivir sin miedo ni estrés, sino que también se trata de incluir a aquellos que son excluidos o se autoexcluyen de este ideal tras el cual tratamos de vivir cada día.


Con corazón salesiano


Hay muchos salesianos que están viviendo, actuando, sufriendo en zonas de conflictos y ellos quieren permanecer como signos de fraternidad y de paz. Pero también quienes vivimos en países o regiones de “relativa calma” estamos llamados a ser solidarios con ellos a través de nuestra oración y nuestra ayuda. También Don Bosco vivió en tiempos de conflictos y tensión entre Iglesia y Estado y él supo actuar por fuera de toda opción partidista. Creó también una Congregación, de acuerdo a los nuevos “signos de los tiempos” que se extendió como una gran familia, para que todos siguieran construyendo cada día un mundo en el que reinen la paz y la justicia. El exalumno que, en Pakistán, se inmoló para salvar a sus hermanos representa un testimonio concreto de hasta donde se puede llegar para luchar contra toda forma de violencia.


A la Palabra, le digo


Señor, haz de nosotros instrumentos de tu paz, para que podamos ser signos de paz y justicia en un mundo convulsionado por guerras y distintas formas de violencia. Que en nuestra manera de actuar y de vivir sepamos construir comunidades donde podamos hacer presente los valores del Reino que predicó Jesús.