Evangelio del Dia

Buscar por fechas

Jueves 05 de Febrero de 2026

Mc. 6, 7-13

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.

Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».

Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

La Palabra me dice


“Llamó… y los envió”. Sé que este texto habla de mí, discípulo y apóstol; me lo dejo decir varias veces.

“Y les ordenó que”. Me confronto punto por punto con las instrucciones; me da la sensación de estar muy provisto para el viaje, ¿viajo con cosas de más?

“Entonces fueron”. Reinterpreto mi vida como un viaje, como un envío misionero. Reinterpreto el día de hoy desde ese marco de comprensión del por qué hoy me levanté, por qué hoy trabajo, para qué hoy me encontraré con personas…

“De dos en dos”. Sintonizo con los grupos de jóvenes que vibran tanto con esta invitación a ser una comunidad misionera.

“Muchos… numerosos enfermos”. Visualizo mi territorios cotidianos de misión joven… retomo el ánimo para viajar por allí, hay muchos esperando.


Con corazón salesiano


Hago memoria de las instrucciones de Don Bosco a los primeros misioneros, tratando de descubrir las sensaciones que tenían los primeros que vinieron a Argentina, mirando en profundidad la fotografía que Don Bosco quiso realizar de ese grupo.

Don Bosco, pobre y austero. Con lo esencialísimo para ir adelante, a nivel de bienes personales.


A la Palabra, le digo


Agradezco nuestra vida pastoral, los caminos recorridos, los hermanos con quienes fui de dos en dos, los demonios expulsados, los enfermos curados…

Experimento que la entrega total misionera hace ser más esencial al discípulo, más austero, más desnudo en la Providencia, menos calculador… Y por esto, que admiro en otros y quizá hasta constato en mí… ¡de corazón te digo gracias Señor! Pero te pido que me conviertas a esa esencialidad evangélica.

Me acuerdo de los hermanos míos que están misionando en tierras lejanas y rezo.

El óleo… regusto el valor de este signo eficaz de consagración y alivio sanador… Rezo con él, me hago ungir, unjo.