Evangelio del Dia

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Sábado 03 de Enero de 2026

Jn. 1, 29-34

Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel».

Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo". Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios».

La Palabra me dice


"Juan vio acercarse a Jesús y dijo: 'Este es el Cordero de Dios'". Repaso las situaciones en donde he visto al Reino de Dios en acción: cuidado de personas, mejora de la vida de los hijos de Dios, acciones de generosidad y no de cálculo.

"Yo no lo conocía". Muchas veces mi "conocer" de Jesús se queda simplemente en algo nocional, conceptual. En cambio, el "conocer" bíblico abarca toda la existencia de la persona. Reviso si "conozco" de Jesús o sólo "sé algo" (o mucho...) sobre él.

"Yo lo he visto y doy testimonio". Trato de reconocer los momentos en que he dado testimonio de mi ser creyente. En mi casa, con mis amigas y amigos, en la escuela, en el grupo, en el trabajo, en la familia, con mis afectos.


Con corazón salesiano


A Don Bosco le tocó vivir y actuar en tiempos donde la mirada hacia todo lo que fuese "Iglesia" era generalmente mal visto y causa de agresión. Sin embargo, no dudó, por el bien de los jóvenes, en actuar y en lanzarse a hacer en medio de la sociedad, saltando la tentación de refugiarse en "muros" acogedores y seguros, pero que lo alejaban de donde se encontraban los jóvenes más pobres y abandonados.

Este "salir a la calle" se pone en evidencia al comienzo de su tarea sacerdotal en Turín. Allí, Don Cafasso le recomienda que "vaya y vea" a los jóvenes de las calles de la ciudad, a encontrarse con ellos, a tratar de ganarlos... No a que busque a los buenos o a las 99 ovejas que ya están en el redil, sino que "vaya y busque" a la que tiene mayor necesidad de ser acompañada y querida.


A la Palabra, le digo


Dame, Señor, la fuerza para dar mi testimonio en el ambiente donde me toca estar.

Dame, también, la autenticidad para que no sea una cosa "fabricada" o "armada", sino que simplemente aparezca y brote por la misma fuerza de su existencia.

Que superando mis muros y mis temores, me anime a reconocer aquellos lugares y situaciones que necesitan con mayor urgencia que alguien anuncie que "aquí está el Cordero de Dios".