La Palabra me dice
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Quien no se deja amar por Cristo cierra sus ojos a lo evidente exigiendo cosas extraordinarias. El amor de Dios se vivencia y se muestra siempre en lo ordinario de cada día, y raramente de modos sensacionalistas o extraordinarios. Quienes han visto milagros cotidianos y se han habituado a eso, difícilmente tienen el corazón sensible para escuchar el mensaje de salvación. Creer que ya sabemos cómo es y cómo actúa Dios nos hace vivir encerrados en nosotros mismos. El corazón humano sólo se abre desde adentro. Jesús se muestra cansado de las exigencias desmedidas de sus interlocutores, y marca un claro límite. Si queremos un falso “dios” hecho a nuestra medida, Jesús no estará dispuesto a complacernos, incluso si le pedimos con una presunta “fe”. El Hijo del Dios vivo nos muestra al Dios verdadero, no al que debería mostrarnos en base a nuestros preconceptos y cánones filosófico-religiosos. ¿He pedido con desmesura algo en modo neurótico sin permanecer abierto a la voluntad de Dios? ¿Me he enojado con Dios después de que algo no salió como yo se lo pedí en oración?
Con corazón salesiano
Don Bosco buscaba signos para reconocer si era de Dios la inspiración de trabajar por los jóvenes de la calle, quienes había ya visto en la cárcel y sabía que si encontraban un amigo que los acompañara a la salida, no íban a volver. El oratorio inició con serias dificultades ya que no se podía establecer en un lugar fijo, y pasó del Convitto eclesiástico al Refugio de la Marquesa de Barolo, luego al hospitalito de Santa Filomena, de ahí al cementerio de San “Pedro in Vinculis”, para ir a los Molinos Dora, en la Capilla de San Martín, luego Casa Moretta, al prado de los hermanos Filippi, hasta que finalmente... pidiendo un signo que lo ayude a la estabilidad , y habiendo sido echado de tantos lugares, Don Bosco recibe la confirmación del proyecto de Dios con la estabilización en Casa Pinardi.
A la Palabra, le digo
Pido al Señor que me regale el don de la aceptación de la realidad así como es… y que en ésta realidad sepa confiar en el amor del Señor que sostiene, custodia e impulsa mi vida hacia una entrega total de mi ser a Él, en el servicio de las infancias y juventudes más pobres, abandonadas y en peligro. Dame, Señor, un corazón desprendido de expectativas como el tuyo. Dame Señor, un corazón de carne:
Corazón de Jesús, manso y humilde, tierno y amante: Venimos ante ti para alabarte, bendecirte, adorarte y glorificarte porque tú amor por nosotros no conoce límites; porque, es verdad, los corazones amigos no conocen las fronteras ni del tiempo, ni del espacio.
Corazón de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que has asumido por amor a nosotros un corazón de carne y por eso conoces bien la nobleza del corazón humano: Escruta con delicadeza nuestra más íntima intimidad.
Escucha con atención todos nuestro latidos con su suave intensidad. Clarifica con el fuego de tu amor todas nuestras confusiones y decisiones. Ordena en ti y para bien de los demás nuestros afectos desordenados, desorientados y pegajosos.
Se tú nuestro principio y fundamento. nuestro origen, destino y firmamento. Corazón de Jesús, Nuestro corazón es misterioso, y muchas veces ambicioso: Lo quiere todo sin renunciar a nada, aquí, ahora y a nuestro tiempo y modo.
Nuestro corazón es caprichoso: quiere mucho y puede poco, puede mucho y quiere poco, y, en variadas ocasiones, no quiere nada, ni puede nada. Nuestro corazón es pernicioso: entre simpatías y antipatías se lanza sigiloso, entre filias y fobias se mueve cadencioso.
Corazón de Jesús, unifica nuestro fragmentado corazón. Crea en nosotros un corazón puro, abierto, inocente y expectante. Líbranos de la cerrazón, del olvido, del resentimiento y de la ingenuidad. Que nuestro corazón sea de carne y nunca de piedra.
Y que, con ardiente caridad y brillante claridad, comprendamos que nos creaste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto, hasta que descanse en ti. Corazón de Jesús, confiamos hoy y siempre en ti. Amén.
Fuente de la oración: https://pastoralsj.org/oracion/corazon-de-carne/
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