Evangelio del Dia

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Martes 26 de Noviembre de 2024

La Palabra dice


Lc. 21, 5-11

Y como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».

Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?». 

Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: "Soy yo", y también: "El tiempo está cerca". No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin».

Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.»

La Palabra me dice


Para nosotros el lenguaje apocalíptico es extraño y confuso. Pero para la gente pobre y perseguida de las comunidades cristianas de aquel tiempo era la manera que todos entendían y cuyo objetivo principal era animar la fe y la esperanza de los pobres y oprimidos. El lenguaje apocalíptico es fruto del testimonio de fe de estos pobres que, a pesar de las persecuciones y a pesar de lo que veían, seguían creyendo en que Dios estaba con ellos y que seguían siendo el Señor de la historia. Aquí, el evangelista menciona que todo aquello que se considera como más valioso, el Templo, ya no estará más.

Ellos quieren más información. Es lo que todos necesitamos ¿Cómo será? Más que nada, para que no lo perdamos, que no se nos pase de largo. ¿Mi preocupación es estar seguro de cuándo va a ser, o más bien cultivo una atención/tensión continua que trata de ver a Dios en lo de todos los días?

Jesús empieza su respuesta con una advertencia. En época de cambios y de confusión siempre aparecen personas que quieren sacar provecho de la situación engañando a los demás. Esto acontece hoy y estaba ocurriendo en los años 80, época en que Lucas escribe su evangelio. Ante los desastres y guerras de aquellos años, ante la destrucción de Jerusalén del año 70 y ante la destrucción de la persecución de los cristianos por el imperio romano, muchos pensaban que el fin de los tiempos estuviera llegando. Y hasta había gente que decía: "Dios ya no controla los hechos. ¡Estamos perdidos! " Por esto, la preocupación principal de los discursos apocalípticos es siempre la misma: ayudar a las comunidades a discernir mejor los signos de los tiempos para no dejarse engañar por las conversaciones de la gente sobre el fin del mundo.

Para entender bien estas palabras, es bueno recordar lo siguiente. Jesús vivía y hablaba en el año 33. Los lectores de Lucas vivían y escuchaban en el año 85. Ahora, en los años cincuenta, entre el año 33 y el año 85, la mayoría de las cosas mencionadas por Jesús habían acontecido ya y todos las conocían. Por ejemplo, en varias partes del mundo había guerras, aparecían falsos mesías, surgían enfermedades y pestes y, en Asia Menor, los terremotos eran frecuentes. En un estilo bien apocalíptico, el discurso enumera todos estos acontecimientos, uno después de otro, como señales para ayudar a descubrir que la historia no se había escapado de la mano de Dios.


Con corazón salesiano


Don Bosco solía utilizar un lenguaje muy cercano al apocalíptico, enmarcados en sueños o visiones, para presentar a sus jóvenes y a quienes se encontraban con él cómo Dios continuaba presente en la historia, y cuáles eran las propuestas de vida que Dios hace. No tanto para atemorizar, sino para corroborar los caminos vitales recorridos e invitar a quienes todavía les costaba andar por los senderos de Dios o que emprendieran con fuerza el camino, confiados en que, desde la Resurrección, el bien triunfa siempre sobre el mal.


A la Palabra, le digo


Si tengo a Dios en el cielo

el mundo ya no me llena,

pues mi carne y mi corazón

buscan a quien es mi herencia.

Se pierden y se destruyen

aquellos que te desprecien.

Oh Dios para mí es lo bueno

estar junto a tu presencia.

Hacer de vos mi refugio

y golpear en cada puerta

contándole a nuestra gente

de tu activa Providencia


("Meditación acerca del éxito de los malvados", P. Eduardo Meana)