La Palabra me dice
La lectura casi continua del Evangelio de Mateo se interrumpe hoy nuevamente por la fiesta del apóstol san Bartolomé, llamado Natanael en los evangelios. En los primeros versículos del Evangelio de Juan, después del Prólogo, que es como el pórtico de entrada al cuarto evangelio, Juan narra la vocación de los primeros discípulos. Andrés y Felipe encontraron a Jesús y estuvieron una tarde con Él. Esa experiencia debió ser tan profunda que el evangelista anota la hora del encuentro y Felipe le dice a Natanael: «Hemos hallado a Aquel de quien se habla en la ley de Moisés y en los profetas», pero éste desconfía de los nazaretanos hasta que se encuentra con Jesús. La mirada llena de profundidad del Maestro no sólo le descubre dónde estaba, sino que llega a descubrir lo que hay en su corazón. La mirada profunda de Jesús y su llamado son una y la misma cosa.
Con corazón salesiano
En los años de Chieri Juan vive una experiencia que marcara profundamente su vida: la amistad con Luis Comollo. Después de la muerte de su amigo Pablo Braia, conoce a Luis, que había nacido en el caserío de Pra, municipio de Cinzano, el 7 de abril de 1817. Como Juan, en la niñez, Luis también leía mientras cuidaba las ovejas. Comollo llegó a Turín en 1835 para iniciar el año de Humanidades y allí conoció a Juan. Don Bosco escribe de él: «puedo decir que de él aprendí a vivir como buen cristiano» Juan Bosco cultivó esta amistad y como educador las favoreció para la maduración humana y el crecimiento en la fe de sus muchachos. Don Caviglia, un estudioso de Don Bosco, reconoce que el padre y maestro de los jóvenes apreciará en sus muchachos lo que vivió en Comollo.
A la Palabra, le digo
Padre, fortalece en nosotros la fe por la cual el apóstol Bartolomé, se unió a tu Hijo y concédenos su generosidad para seguirte.
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