Evangelio del Dia

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Viernes 22 de Diciembre de 2023

La Palabra dice


Lc. 1, 46-55

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».

La Palabra me dice


“Mi alma canta la grandeza del Señor”: El corazón de María tiene necesidad de cantar, enaltecer, glorificar a su Dios. Es un alma juvenil que se expresa no sólo en sus sentimientos interiores o en su rumia profunda, sino que de alguna manera siente también la necesidad de explotar en una declaración de amor. El canto es belleza, melodía, expresión estética que asume y expresa la totalidad de la persona. El canto y la música van muy bien con María y con el alma salesiana.

“Mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador”: El canto de María es un canto alegre. ¿Qué hay dentro de ella? Alegría. El canto de María nace de su alma en fiesta. Lucas utiliza el mismo verbo que usará en 10,21 al narrar que “Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra”… María experimenta, en sintonía con su Hijo (y movida por el mismo Espíritu) esa experiencia de alegría plena, intensa, desbordante. Desde un punto de vista psicológico, como la define un experto, es un estado de felicidad interior fresco y luminoso, generador de bienestar general, altos niveles de energía y una poderosa disposición a la acción constructiva, que puede ser percibida en la persona toda. Quien la experimenta, la revela en su apariencia, lenguaje, decisiones y actos. Desde una mirada de fe es el fruto de “estar llena de gracia”, llena de Espíritu Santo. Su gozo es: en-Dios-su-Salvador.

“Porque Él miró con bondad la pequeñez de tu servidora”: María se siente mirada por Dios. Percibe, antes que nada, los ojos de su Dios puestos en ella. No es ella quien intenta ver a Dios. Es contemplativa de la acción de Dios sobre ella. Sentirse mirada con bondad, con ternura, nada menos que por el mismo Dios, es lo que llena su alma de alegría y la hace cantar. Ante la magnificencia y el embeleso de esa mirada, ella se descubre y se define: servidora pequeña. Ésa es su identidad: ser prácticamente nada, una nada mirada por un Dios. Toda su energía, todo su sentido, toda su fuerza no está en ella, sino en esa mirada de amor que la hace ser y saltar de gozo. Y ella se siente esclava = total disponibilidad. La atravesada por la voluntad de Dios. La absoluta obediencia. La totalmente maleable y flexible para el proyecto de Dios.

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: La causa y el sujeto de su proyecto de felicidad no reside en ella misma. Es el Todopoderoso quien, en esta pequeñez, en ésta su esclava, depositó su mirada de Dios complacido, a quien hay que atribuir todas las cosas. María es total referencia a Dios. Es la conciencia viva de la acción de Dios en la historia, por eso no puede dejar de cantar y de atribuirle todo el bien que existe. Descubre en ella el modo de actuar de éste su Dios: así como con una pequeña esclava hizo algo grandioso, así invierte el orden humano de las cosas. A los soberbios, a los poderosos, a los ricos… los pone en último lugar. A los humildes, a los hambrientos, a los pequeños los levanta en sus brazos…

Con corazón salesiano


María misma construyó estos rasgos evangélicos en el corazón de Don Bosco. El canto, la música, la alegría y la fiesta son característicos de la sabiduría salesiana. En el sueño de los 9 años, los corderos (los jóvenes transformados en honrados ciudadanos y buenos cristianos) saltan y balan haciendo fiesta en torno a Jesús y a María…

En el primer patio del Oratorio, en la carta del 84, se vive una alegría “de paraíso”… La alegría es la propuesta de Don Bosco para la santidad salesiana: “nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres… haciendo bien las cosas que tenemos que hacer”.

Juanito Bosco sintió los ojos de María puestos en él. Sintió su ternura en el tomarlo bondadosamente de la mano y en ponerle su mano sobre la cabeza. Juan Bosco es una continuación de esa mirada en la historia. Mirada que se dirige a los hijos predilectos de María: los jóvenes pobres y abandonados.

A la Palabra, le digo


Dejame formarme, Señor, por María en ese estilo evangélico de respuesta y de vida de creyentes. Que descubra hoy Tu mirada sobre mí y que sólo ella sea la fuente de mi alegría. Que pueda ser signo y portador (nada más que eso y nada menos) de tu mirada de bondad y de tu fuerte brazo liberador para los pequeños y los humildes, para los pobres y los hambrientos.