La Palabra me dice
¿Qué difícil es renunciar a las cosas, no? Pero primero hay una elección, después viene esa renuncia. Una cosa por vez, con tranquilidad... Jesus nos vino a proponer un camino de amor, y todo acto de amor implica alguna renuncia. Y esa renuncia no tiene que ser por la renuncia misma, sino por una elección de vida; porque amo lo que hago y soy feliz con todo eso a pesar de lo que renuncio. Muchas veces pensamos sólo en lo que renunciamos, como si fuese una carga, y no nos ponemos a pensar en todo lo que estamos eligiendo hacer. Si sólo vemos lo que renunciamos estamos fritos. Pensemos en lo que elijo, en lo que sí decido hacer, y lo que provoca en mí esa elección. Cada uno y cada una tendrá su motivación para renunciar a lo que renuncia según su vocación, y Dios va a ir acompañando estos procesos, va a dar las herramientas necesarias para ir eligiendo radicalmente lo que te vaya moviendo el corazón. ¡Paciencia! “¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?”. Antes de tomar decisiones apresuradas, tomate un tiempo para discernir. Dios es muy clarito cuando habla, pero para escucharlo tenemos que estar serenos, tomarnos ese tiempo que ayuda a aclarar ideas, y ahí sí decidir. “El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. Todo camino tiene algo de cruz, porque el ejemplo de Jesús es de cruz también. ¿Qué nos hace pensar que nuestro camino no tiene algo de todo esto? La elección cuenta con todo eso que no podemos, que no nos sale, eso que nos falta… Jesús nos llamó así, con lo que somos y tenemos. Tomá todo eso que no podés, y que te duele, y seguilo: Él te va a ir acompañando en el camino. |