Con corazón salesiano
Ceferino aprendió en su cultura quién es el dueño de todo lo creado: Nguenechen. Y por eso supo ubicarse y enfocarse en su llamado. “Quiero estudiar para ser útil a mi gente”, pidió a su papá. Él, viendo la realidad compleja y de injusticia en la que vivían, quería prepararse, formarse para servir a su pueblo de una mejor manera. No para ser “más”, sino para servir.
Nuestras profesiones, cursos, estudios, habilidades, preparaciones… son para estar “a la altura de las circunstancias”, es decir, para responder mejor a las realidades que vivimos y acompañamos como servidores que somos. ¿No les parece? |