Evangelio del Dia

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Jueves 27 de Mayo de 2021

La Palabra dice


Mc. 10, 46-52
Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo —Bartimeo, un mendigo ciego— estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”. Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”. Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Entonces llamaron al ciego y le dijeron: “¡Ánimo, levántate! Él te llama”. Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Él le respondió: “Maestro, que yo pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. Enseguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

La Palabra me dice


Con este pasaje concluye una sección en la que Jesús se ha dedicado a "instruir a sus discípulos" (Mc 9,31) sobre lo que implica seguirle por el camino hacia la cruz. A lo largo de toda esta instrucción ha aparecido una y otra vez la incomprensión de los discípulos, que ni entienden ni quieren aceptar lo que Jesús les pide. El primero en no aceptar este camino fue Pedro, que se atrevió incluso a enfrentarse a Jesús, pidiéndole que abandonara este camino. Jesús lo reprendió duramente en presencia de los demás discípulos y le mandó que se pusiera "detrás de él", es decir, que asumiera el lugar que corresponde al discípulo. 
A pesar de todo, los demás discípulos seguían sin comprender y se pusieron a discutir sobre quién de ellos sería el más importante (Mc 9,33-34), o a pedirle a Jesús los puestos de honor (Mc 10,35-37). Las reacciones de los discípulos a lo largo de toda esta sección muestran que son incapaces de comprender, que no ven el sentido de lo que Jesús les pide, y por eso son incapaces de seguirle. 
A través del ciego Bartimeo, el evangelista aproxima dos símbolos del seguimiento: el camino y la ceguera. También el evangelista Marcos dice a los cristianos de su comunidad una cosa muy importante: que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Mc 10,27). A ellos les parecía que renunciar a sí mismos, perder la vida, ponerse en el último lugar, hacerse servidores y esclavos de todos... era sencillamente imposible. Por eso hacían como si no hubieran oído lo que Jesús les decía y seguían buscando el poder y la gloria (ocupar los primeros puestos). No sabían que para comprender (ver) aquellas exigencias de Jesús y seguirle como discípulos era necesaria la oración. No sabían que ser discípulos no es el fruto de una conquista, sino un don, algo que sólo se puede obtener de Dios con una súplica confiada. Esto es lo encontramos en el relato al final de esta sección.

Con corazón salesiano


Si cada uno de nosotros se remite a su propia historia, podemos ver que éramos un poco como Bartimeo, porque hubo un día en que no conocíamos a Jesús. Me recuerda un hecho muy significativo en la vida de Don Bosco: la visita a las cárceles. Así se menciona en las Memorias del Oratorio:

“Don Cafasso, (...) lo primero que hizo fue llevarme a las cárceles en donde pude conocer qué enorme es la malicia y la miseria de los hombres. Me sentí horrorizado al ver una cantidad de muchachos de doce a dieciocho años, sanos, robustos, inteligentes, que estaban allí ociosos, roídos por los insectos y faltos en absoluto del alimento espiritual y material. Pero qué sorpresa y asombro tuve al constatar que muchos de ellos salían de ese antro con el propósito firme de cambiar su vida y, sin embargo, reincidían fatalmente volviendo a los mismos lugares de reclusión que pocos días antes habían abandonado. 
Fue cuando me pregunté: si estos chicos tuvieran afuera de la cárcel un amigo que se interesara por su bien, estuviera con ellos y los instruyera en la religión durante los días festivos, ¿no se reduciría al número de los que vuelven a la cárcel?”.

A la Palabra, le digo


Dios siempre busca la forma de encontrarnos. Y así en el día de hoy llega a nosotros: ¿qué querés que haga por vos? Es así que encontramos el sentido de nuestras vidas cuando nos encontramos con Jesús y a partir de ese momento empezamos a ver, ver de una manera profunda, tierna... de intimidad.
En el día de hoy recordamos a San Agustin, gran buscador de Dios... por eso los invito a escuchar la siguiente canción: Tarde te amé, de Pablo Martínez. (https://youtu.be/x8L37WZ6fd0)