La Palabra me dice
Con este pasaje concluye una sección en la que Jesús se ha dedicado a "instruir a sus discípulos" (Mc 9,31) sobre lo que implica seguirle por el camino hacia la cruz. A lo largo de toda esta instrucción ha aparecido una y otra vez la incomprensión de los discípulos, que ni entienden ni quieren aceptar lo que Jesús les pide. El primero en no aceptar este camino fue Pedro, que se atrevió incluso a enfrentarse a Jesús, pidiéndole que abandonara este camino. Jesús lo reprendió duramente en presencia de los demás discípulos y le mandó que se pusiera "detrás de él", es decir, que asumiera el lugar que corresponde al discípulo. A pesar de todo, los demás discípulos seguían sin comprender y se pusieron a discutir sobre quién de ellos sería el más importante (Mc 9,33-34), o a pedirle a Jesús los puestos de honor (Mc 10,35-37). Las reacciones de los discípulos a lo largo de toda esta sección muestran que son incapaces de comprender, que no ven el sentido de lo que Jesús les pide, y por eso son incapaces de seguirle. A través del ciego Bartimeo, el evangelista aproxima dos símbolos del seguimiento: el camino y la ceguera. También el evangelista Marcos dice a los cristianos de su comunidad una cosa muy importante: que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Mc 10,27). A ellos les parecía que renunciar a sí mismos, perder la vida, ponerse en el último lugar, hacerse servidores y esclavos de todos... era sencillamente imposible. Por eso hacían como si no hubieran oído lo que Jesús les decía y seguían buscando el poder y la gloria (ocupar los primeros puestos). No sabían que para comprender (ver) aquellas exigencias de Jesús y seguirle como discípulos era necesaria la oración. No sabían que ser discípulos no es el fruto de una conquista, sino un don, algo que sólo se puede obtener de Dios con una súplica confiada. Esto es lo encontramos en el relato al final de esta sección. |