La Palabra me dice
Hoy recordamos a San Matías, apóstol. Su presencia dentro del grupo de los doce apóstoles es muy particular. De hecho, él no fue de los doce primigenios elegidos por Jesús. Pero, por la traición de Judas, quedó un lugar libre. Es así que luego de la Ascensión de Jesús al cielo, cuando regresan a Jerusalén, Pedro y los otros discípulos reflexionaron que era necesario sumar a un nuevo testigo de la resurrección de Jesús. Pedro, como relata el texto de los hechos que también se lee hoy en la Eucaristía, dirige unas palabras a la comunidad invitándolos a buscar entre los hermanos de la comunidad a alguno que haya estado acompañándolos desde el inicio y, por lo tanto, haya conocido a Jesús personalmente. Es así que seleccionan a dos personas con esas características: Barsabás y Matías. Y aquí, luego de una oración a Dios donde le piden que les diga cuál de ellos debe ser elegido, lo hacen por medio de un sorteo para asegurar la imparcialidad.
Puede parecernos curioso este modo de elección, pero, podríamos hacer memoria de las veces en que Dios obra de las maneras más impensadas en nuestra vida, y cosas que parecen fortuitas, con el tiempo las leemos desde la fe, y entendemos que se inscriben en un plan de amor de Dios por cada uno de nosotros, y por todas las personas.
Hoy podríamos mirar el día con esta actitud de agradecimiento a Dios de que nos llama “amigos”, y dentro de esta intimidad, también aprender a descubrir cómo nos sorprende en el andar del día casi de manera inesperada y se nos hace presente. |