La Palabra me dice
Mateo tiene un interés especial en decir que Jesús ha de ser llamado también “Emmanuel” y lo subraya recordando la profecía de Isaías. Un nombre que encierra toda nuestra fe: Dios está con nosotros. Ese misterio último que no alcanzamos a descifrar, no está lejos. Está aquí, con todos y cada uno de nosotros. Tiene sus caminos para hacerse presente en cada vida, pero es en la experiencia interior donde acampa, en lo íntimo del propio ser. Percibir el misterio dentro de nosotros, es el camino. Difícilmente lo hallaremos fuera, si no alcanzamos a percibir su presencia en nuestra existencia. Desde allí nos será más fácil rastrear sus huellas en nuestros mundos.
El secreto consiste en acoger con un corazón confiado esa presencia misteriosa que nos alienta y sostiene. Como ocurrió en la experiencia de José, el justo, que aún perplejo y desconcertado, se inclina ante el misterio de Dios que intuye, pero lo desborda, lo abraza y se entrega a él.
El camino es adentrarnos en nuestro propio misterio y con la confianza interior de su presencia, encontrarnos con nuestros miedos e inquietudes, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. En nuestro fondo más íntimo, Dios nos irá liberando. Corazón adentro, podremos acoger el mensaje de fe que anuncia la Navidad: Dios se ha hecho hombre. El misterio último de la vida está con nosotros y es salvación para todos. |