La Palabra me dice
En el evangelio de este día Jesús señala la mala conducta de los fariseos, que viven sin autenticidad, sin coherencia. Muestran algo por fuera, pero por dentro están vacíos de sentido. Reconozcámonos pequeños. El Señor dice: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas!”. Los fariseos siempre creían ser mejores que los demás por cumplir con las leyes, les gustaba el reconocimiento y ocupar las miradas de todos. Muchas veces nosotros también caemos en eso. Sin querer a veces, pero nos gusta que reconozcan lo que hacemos bien, que nos quieran, que nos nombren. En este mundo de la virtualidad tenemos más tentaciones en este sentido, porque subimos fotos de lo que hacemos y muchas veces esperamos y contamos los “me gusta” de nuestros “seguidores”. Pero Jesús nos dice “¡Ay de ustedes!”, y nos invita a caminar de otra manera, a que no aparentemos lo que no somos, que abracemos todo esas inseguridades que se esconden de fondo a querer ser reconocidos y que podamos caminar con eso, sabiendo que Dios nos ama y que nos quiere como somos, invitándonos a sonreír incluso en los momentos difíciles, y siendo genuinos con lo que nos va pasando. En segundo lugar, reconócete vos mismo: ”¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!”. No seamos orgullosos, pidamos ayuda, dejémonos conocer por los demás, abramos nuestro corazón, seamos transparentes, mostrémonos como somos, animémonos a ser nosotros mismos. Por último, reconocé a los demás: ”¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!” No vivamos en esa actitud “farisaica” y empecemos a ser ejemplo con nuestra vida. Que nuestro centro sea el servicio a los demás y no la exigencia. Reconozcamos lo bueno que hay en las personas que Dios nos regala. Amemos a los demás como Dios nos ama. ¡Ánimo! |