La Palabra me dice
Jesús menciona justamente a Tiro y a Sidón, haciendo referencia a los milagros que se han hecho en ellas. Quizás podríamos reemplazar los nombres de estas ciudades, por nuestros propios nombres ¿No? Alicia, Jorge, María... En fin, cada uno puede colocar su nombre allí y sentirse identificado. Dios ha hecho muchos milagros en nuestras vidas. Si nosotros sabemos abrir los ojos, si podemos reconocer el paso de Dios por nuestras vidas, creo que de esto se trata lo que nos pide Jesús hoy: “convertirnos”. Dicho de otra manera, si reconocemos el amor que Dios nos tiene, cuánto nos ha amado, no podemos seguir iguales. No podemos seguir de la misma manera, esclavos de tal o cual cuestión, al contrario: por Amor somos sanados, por Amor somos salvados. En ese Amor que viene de Dios, somos queridos eternamente y transformados. Somos enviados también con una misión, a contagiar a otros la Fe recibida. Por eso, esto tiene que notarse en nuestras vidas. No es una obligación, pero en el fondo, cuando uno se sabe amado realmente por Dios, cambia de hábitos, cambia ciertas estructuras, cambia formas de pensar y de obrar. “El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí...”: Jesús nos enseña a participar en el anuncio del Reino de Dios, nos invita a escucharlo y formarnos al igual que sus discípulos, para poder ser enviados por Él a anunciar la buena noticia. Tal vez las circunstancias en las que tenemos que desempeñarnos como discípulos misioneros nos desalientan; nos tientan a cuestionarnos, nos interpelan, pero en definitiva nos invitan a seguir depositando nuestra esperanza en Él. → ¿Cómo nos disponemos para la misión que Jesús nos propone? ¿Qué nos pide Jesús hacer en cada uno de los lugares por donde transitamos? |