Evangelio del Dia

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Martes 21 de Julio de 2020

La Palabra dice


Mt. 12, 46-50 – “¿Quién es mi madre y mis hermanos?”.

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: “Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo”. Pero él contestó al que le avisaba: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a los discípulos, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”.
 

La Palabra me dice


La familia de Jesús

En la sociedad judía la familia era considerada fundamental. Jesús rompió con esta estructura y propuso nuevos lazos entre las personas. Da  un nuevo sentido y valor a la categoría “hermano”  por sobre la relación padre-hijo. Inaugura una nueva fraternidad basada en lazos de hermandad, donde no sólo hay que procurar el bienestar de los vínculos más estrechos, sino de lo que no tienen a nadie que se ocupe de ellos.

Con corazón salesiano


Volvamos a respirar el aire de las primeras hermanas: cuando el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora nacía, 11 hermanas conformaban la comunidad de Mornese. Desde los comienzos, Maín y sus compañeras desean vivir una vida en familia y sencilla para las jóvenes, para las niñas. Una vida pobre, entregada: nace una nueva familia donde las jóvenes se sienten acogidas y donde la vida es bella porque es vivida con amor cada día.

La gente del pueblo se burla de ellas y de la opción de pobreza extrema. Ellas no tenían recursos económicos, la dificultad y el límite son la experiencia del día a día. Sin embargo, lo que hace que tengan una vida significativa es esa fraternidad que se gesta y se construye aceptando el Don que es cada una y confiando en el llamado a pertenecer a una comunidad marcada por una alegría que Jesús mismo enciende y hace arder.

A la Palabra, le digo


Jesús me quiere regalar una nueva fraternidad: siento que la comunidad es un espacio de crecimiento, fe, entrega. Un espacio que se construye desde lo que cada una es, desde lo que cada una entrega, vive, comparte, sueña; a veces no es fácil, y percibo las diferencias, los desencuentros; quiero seguir creyendo que es posible gestar una comunidad donde nos encontremos y vinculemos desde lo que somos. Una comunidad en  donde podamos compartir, dejarnos ayudar, salir al encuentro, amar, soñar juntas.

Creo que Jesús día a día nos llama a tejer estos lazos, en donde nadie se queda fuera, donde los jóvenes y los pobres son parte de nuestras mesas, donde la vida circula porque se comparte. 

Señor, toma en tus manos nuestros deseos, nuestros intentos por ser comunidades fraternas, creyentes, vivas. Recuérdanos siempre que eres Tú quien nos ha llamado para recorrer juntas el desafiante y hermoso camino del amor.