Evangelio del Dia

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Jueves 21 de Noviembre de 2019

La Palabra dice


Lc. 19, 41-44 - “Se puso a llorar por ella”.
Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: ‘¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios’.
 

La Palabra me dice


Jesús predicaba que el Reino de Dios estaba llegando. "Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella". Jesús entró a Jerusalén, la vio y se lamentó por ella. Como lloró alguna vez por la muerte de su amigo Lázaro y se mostró angustiado compartiendo el dolor con las hermanas del difunto, también sintió una profunda tristeza en el huerto cuando oraba solo para no caer en la tentación; aquí se afligió por Jerusalén, su lugar, el mismo pueblo que un tiempo antes lo recibió alegremente en su entrada triunfal, luego lo condenaría a muerte y lo vería padecer en la cruz. Ésta es la ciudad a la que Dios se le ha revelado pero que no lo supo ver, pues estaba oculto a sus ojos aquél mensaje de paz mesiánica anunciado por los profetas: "el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar" (Is. 11,9). Así, Jerusalén no logró ver los signos a través de los cuales se manifestaba el Reino de Dios.

"Vendrán días desastrosos para ti". Con un lenguaje apocalíptico, Jesús anunció el porvenir de Jerusalén, consecuencia de que el pueblo tenía ojos para ver y no veía, oídos para oír y no oía, pues su corazón estaba endurecido. Sin embargo, no podemos ver en este aviso de destrucción la imagen de un Dios castigador o vengativo sino a un Padre angustiado por la ceguera de su pueblo, aquí Dios se manifestó en la figura de su propio Hijo llorando.

Con corazón salesiano


En su camino de hacerse "madre y hermano de Jesús", noviembre es un mes muy significativo para Don Bosco. Será en noviembre de 1824, con 9 años, cuando comenzará a ir a con Don Lacqua, a sus escuela primaria de Capriglio. El 3 de noviembre de 1831, con 16 años, ingresará a las Escuelas Públicas de Chieri, para sus estudios de nivel secundario. El seminario de Chieri lo verá ingresar en noviembre de 1835, ya con 20 años y más encaminado en la realización de su sueño vocacional. Ya en Turín, en noviembre de 1841, ingresará al Convitto Eclesiástico, para "aprender a ser sacerdote".

A la Palabra, le digo


"Dame, Señor, agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y abundancia para hablar. Dame, Señor, acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al concluir". (Santo Tomás de Aquino).
Ayudanos a ver tus signos, cómo te revelás ante nosotros y te manifestás en el que camina a nuestro lado.