Evangelio del Dia

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Martes 09 de Junio de 2026

Mt. 5, 13-16

«Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.»

La Palabra me dice


Jesús se pregunta sobre la utilidad y la finalidad de la sal y de la luz. En el lenguaje filosófico diríamos que él quiere saber sobre el ser de las cosas. La sal y la luz tienen personalidad propia y cuando falta alguna de ellas, ahí se extraña. Nuestra vida de fe es sal y luz. Es una realidad que se gusta y se ve. Es el testimonio “para afuera” y “desde dentro”. Le vamos dando sabor a la vida, la nuestra y la de los demás y la iluminamos para que se vea la verdad de la vida. Esta tarea es el “pan nuestro de cada día” que compartimos con otras personas, con otros seres, con el universo. 


Con corazón salesiano


El joven Domingo Savio, quien fue alumno de Don Bosco en Valdocco, encontró un día la manera de expresar el significado de ser “sal” en una emotiva frase: “Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres”. La alegría es el ingrediente necesario e indispensable para ser santos…


A la Palabra, le digo


Jesús, amigo mío,

Tú nos dijiste que somos la sal de la tierra,

y yo quiero ser esa sal que da sabor a la vida.

Ayúdame a ser sal buena,

de esa que se mezcla, que se entrega,

que hace más fraterna la vida de los demás.