La Palabra me dice
Aquí nos encontramos con el modelo opuesto al que consideramos ayer. Los discípulos de Jesús no solo no ayunamos, sino que vemos a Jesús en muchas comidas. El misterio de la Eucaristía se nos revela sobre todo en la última cena. Esto no lo entienden los discípulos de Juan y los fariseos. La respuesta de Jesús, a primera vista parece desconcertante. Cuando está el esposo no se ayuna se celebra, quiere decir que se aproxima el Reino, que es comparado precisamente a un banquete. A nosotros nos ha tocado el tiempo del ayuno, pero siempre en la perspectiva del Reino. El ayuno que hacemos en la cuaresma es como un gran símbolo del misterio cristiano. Ayunamos sobre todo del pecado y de todo lo que nos aleja de Dios y los hermanos ¿Cuándo está y cuándo no está el esposo? El esposo está, ante todo, cuando vivimos los valores del Reino, cuando llevamos nuestra cruz de cada día, cuando tratamos de seguirlo evangélicamente. En realidad, somos nosotros los que “nos vamos”, los que nos achicamos ante su propuesta, los que, tal vez sin darnos cuenta, preferimos la “tristeza” de quedarnos solos para hacer “la nuestra”.
Con corazón salesiano
Don Bosco tenía una espiritualidad muy simple que iba siempre al corazón del Evangelio. Por eso, cautivaba tanto a los jóvenes. Su propuesta de santidad era simple y profunda, como lo vemos en tantos chicos que han frecuentado nuestras obras y encontrado en ellas el anuncio del Evangelio que transformaba su vida.
A la Palabra, le digo
Señor Jesús, danos tu Espíritu para que podamos entender y vivir el misterio de la fe, en el carisma de Don Bosco que también hoy sigue teniendo vigencia, que nunca nos alejemos de tí y que podamos volver con el corazón pleno del reencuentro. Tú que vives por los siglos de los siglos. Amén.
|